• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Asimilar la derrota y buscar el entendimiento

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La crisis general obligará a buscar el entendimiento.

No es muy original el gobierno en eso del duelo y lamerse las heridas. Pero años de concebir el poder como patrimonio eterno y omnímodo le han hecho la caída sorprendente y dolorosa. No terminan de comprender la cosa.

Es tan así que han convocado a todo lo convocable para buscar, más que soluciones, consuelo. Se refugian en ambientes sacramentales, eclesiásticos de reafirmación de fidelidad y petición de milagros al santo fenecido. No hay acto sin la imagen. Pero más allá de autocríticas funcionales y superficiales, afloran divisiones antes retenidas.

Esas discusiones y consultas, por más asamblearias e manejadas que se hagan, no impedirán que emerja la gravísima situación. Los complejos problemas que no harán sino agravarse para el próximo año.

Señor gobierno, estamos jodidos, ¡bien jodidos! Tan así que no es hora de buscar culpables. Es hora de buscar soluciones y poco ayudan manejos y marramuncias.

Alimentación, medicinas, servicios, inflación, deudas y todo eso con el petróleo pasando de moda, es el temario obligado.

Esa crisis general y, sobre todo, esas manifestaciones más angustiantes obligarán al acuerdo. Tarde o temprano tendrán que sentarse a hablar y a llegar a acuerdos.

La gente hambreada no le echará la culpa a la Asamblea, a la que tal vez perciban como remota y compleja. Es al gobierno al que culparán, es a un presidente, de poder cada vez más menguado, a quien demandarán.

No es cosa de tomar el camino de las retaliaciones. Ya los opositores lo han dicho con la disposición de hacer de la Asamblea Nacional un ambiente de discusión política eficiente y democrática.

Eso que han hecho con la tal defensora o con el nombramiento border line de los magistrados, es de pobre imaginación y baja política. Siembra un estilo de confrontación que nada ayuda. Más aún teniendo en cuenta que será esta crisis general, este tsunami que viene el que terminará por arroparlos.

No hay reales y yo, desde mi pobre entendimiento de esas cosas, no sé de dónde podrán salir. Pero los que sí saben están haciendo propuestas y hay que discutirlas. Sean del gobierno (cada vez más escasos), de la oposición o de cualquier otro campo.

Su apertura al diálogo y al entendimiento podrá tardar y ahora aparece difícil al oír y ver un lenguaje que continúa siendo de insultos, amenazas, clisés… Pero tendrá que llegar. Es mejor, entonces, que se inicie ahora y tal vez como regalo de fin de año. Sé que es mucho pedir que una guacharaca tenga la agilidad de una golondrina, pero el gobierno sigue siendo gobierno y seguirá siendo el responsable.

Estoy bien seguro de que a la larga habrá que ponerse a trabajar y producir. Que habrá que dejar atrás el populismo y el rentismo con el que ese populismo se ha sustentado desde hace décadas. Que las elecciones recientes han demostrado que las limosnas siempre caen en un saco que crece con ellas.