• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

El ventajismo ataca

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No es nuevo ni original.

Ha sido tan persistente y variado que casi se ha incorporado al paisaje social.

Una suerte de sumisión o resignación que implica que es natural que el gobierno use todos los recursos del país para permanecer en el poder.

Las informaciones recientes descubren las maniobras parlamentarias de los oficialistas para designar los nuevos integrantes del Consejo Electoral. Maniobras que muestran con descaro la intención de seguir participando en procesos electorales con el uso ilegal de las ventajas del poder político.

El ventajismo es una deformación de la democracia y este gobierno lo ha usado con meticuloso detalle.

Hay un argumento, tomado del derecho revolucionario no escrito, que dicta que para lograr los fines de la revolución todo se vale. Ignorando que los medios que se usan para la revolución la contaminan éticamente. Si se usa la trampa en el juego social, se legitima la trampa, y cuando todos son tramposos no queda otro camino que sancionar y controlar a algunos de ellos para marcar ejemplos. Es la ética de la desconfianza. Tal es el origen de las purgas.

De muchas maneras se ha practicado el ventajismo: en el uso ilegal y abusivo de los medios de comunicación, en la represión, censura y arrinconamiento de los medios de comunicación; en el uso represivo de colectivos y bandas armadas; en la presión a los trabajadores del Estado para que participen en los actos políticos del gobierno; en el uso sesgado de los símbolos patrios; en la intimidación, prisión, castigo y amedrentamiento de adversarios políticos; en la represión violenta y desmedida de las protestas; en el uso de la mayoría circunstancial en el Parlamento para eliminar diputados opositores; en el uso de la misma mayoría para la conformación servil de los poderes públicos; en las expropiaciones; en el uso discriminatorio y turbio de las divisas para favorecer a los fieles o cómplices; en las leyes de habilitación.

En fin, una larga lista que no pienso ni puedo agotar, pero que niega con mucha fuerza cualquier pretensión de pureza revolucionaria o formación del “hombre nuevo”.

Pero donde más se da y logra el ventajismo es en el uso de los dineros del Estado para la compra de conciencias. El rentismo en su versión de filantropía política o populismo. Ha sido permanente y elaborado, bien publicitado y ornado de símbolos y parafernalias, a la vez que orientado a la sacralización de un líder como santo generador de bondades y milagros.

De todo esto ha sido consiente el actual Consejo Supremo Electoral, pero, más allá de algunos imperceptibles amagos, ha volteado la cara con complicidad. El fraude no se dio en los actos y cuentas electorales. El fraude fue el ventajismo sistemático, el fraude lento.

Cuando uno sabe del estrecho margen que dividió los resultados del último proceso de elección presidencial y agrega (o resta) a esos números lo que se deriva del ventajismo, tiene que desconfiar de ellos. Tal vez tendríamos otro gobierno.

No obstante, este es el terreno de juego y hay que describirlo con detalles. La crisis colocará severos dilemas al poder y al uso de sus recursos: habrá que estar pendiente.


arnaldoeste@gmail.com