• Caracas (Venezuela)

Arminda García

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El valor de la ética

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Hablar de ética, es referirse a ese valor que debe ser cultivado, tanto a nivel personal como colectivo,  pues permite saber diferenciar el bien del  mal,  lo cual sin duda nos llevaría a ser personas con criterio para actuar apegados a sus principios. Esto, de alguna manera representaría esa sociedad ideal que tanto anhelamos,  si cada miembro que la integra realmente la practicara. Significaría, lograr un mundo más justo para todos, ya  que  la inequidad, los abusos, la deshonestidad, el egoísmo, entre otros males, son  un resultado de la falta de estos principios.

El valor ético, define  el  comportamiento  de los seres humanos,  determinando  si se corresponden con criterios de responsabilidad, con el cumplimiento del  deber, el apego a la virtud, lo cual primero  debe  comenzar a nivel individual, para luego proyectarse hacia la sociedad. Por otro lado, nos permite juzgar la forma en la cual se comportan los individuos, con respecto a ciertos parámetros como, lo que se considera  bueno, correcto, permitido, obligatorio, en cuanto a sus acciones o decisiones, para valorarlas moralmente y establecer juicios que influyen en las mismas.  Se puede decir que, orienta estas determinaciones de manera consciente hacia el bien.

Igualmente, más allá de pautas o normas, la ética debe ser observada, como esa disposición a vivir de forma equilibrada, ganando experiencias, enseñanzas y aprendizajes,  en base a esos hechos de nuestra vida que influyen en la óptica que tengamos de esas vivencias. Por esta razón,  los individuos se forman criterios éticos, en base a situaciones pasadas que influyen de manera determinante en sus principios.

Sin embargo,  la ética debe ser una guía para orientar a los individuos de la sociedad y que de esa forma influya en nuestras acciones, basado en el uso de la razón que justifique el motivo por el cual debe comportarse de una manera y no de otra. Por otro lado, esta orientación debe influir no sólo en una situación específica,  si no, a lo largo de la vida del individuo, de forma que  se logren convertir en hábitos. Por eso, además se afirma que ésta debe arraigarse en el ser, pues no se trata sólo de realizar una acción beneficiosa, si no de realmente ser generoso.

Es por esto que, la ética es muy  importante para ser coherentes haciendo lo que decimos, para mantener firme  los compromisos adquiridos,  para saber diferenciar, lo bueno de lo malo de manera que nos hagamos responsables de nuestros actos y aprendamos de estas experiencias, para así poder aportar  nuestra  comportamiento ético personal,  con el fin de forjar una sociedad más justa y con arraigados valores éticos.