• Caracas (Venezuela)

Arminda García

Al instante

LUZ está de duelo

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Como miembro del cuerpo de docentes de la comunidad humanística, veo con mucho dolor los hechos acontecidos que enlutan nuestra ilustre casa de estudios universitarios. Nos hace reflexionar profundamente, sobre como un espacio destinado a propiciar conocimientos  y  dar vida a la formación académica de los jóvenes responsables de impulsar el país, se vea manchado por la violencia política y  la muerte de un venezolano.

El estudiante, recientemente fallecido en la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, es una víctima más de la violencia política, de la intolerancia y la provocación,  que  se vive en toda la nación día a día. Es un reflejo, de este daño que nos estamos haciendo.  Además, nunca se podrá justificar la pérdida de una vida, no importa la circunstancia que sea. No es posible entender, como se frustró la existencia de un ser humano en plena juventud.

No podemos seguir tolerando, que episodios de violencia como este sigan distorsionando la verdadera naturaleza del venezolano, que se ha desdibujado por la falta de  respeto a la vida. Y menos, que esto suceda en nuestras casas de estudios superiores.  Estamos permitiendo, que la poca conciliación siga empañando las esperanzas de recuperar la paz y el sentido común necesario para valorar la dignidad humana.

Como académico, reclamo que preservemos este espacio consagrado para hacer florecer el conocimiento, dar vida a las esperanzas de las nuevas generaciones de venezolanos a través de la formación  y así cumplir con el compromiso de seguir aportando excelencia educativa, a través del  ejercicio de nuestras funciones.

Como sociedad, nos corresponde promover que nuestros jóvenes se ocupen de su verdadero rol y se deslastren de cualquier señal de degradación como estos actos inhumanos, que puedan contaminar sus metas y se dediquen a forjar su destino académico, para consolidar su superación en base a la educación, que pueden encontrar en la preparación universitaria.

Debemos, proteger el recinto universitario a toda costa, preservarlo de perturbaciones como este lamentable incidente,  para practicar  la formación docente y alejar todo lo que manche  esa responsabilidad y lo que no corresponda a su más  loable compromiso.

Queremos, que nuestra universidad sea un espacio para la construcción de un mejor país, el cual es su veredero y más consagrado propósito, pues ésta debe ser un reflejo de la paz y de la tolerancia  que deseamos edificar.