• Caracas (Venezuela)

Armando Janssens

Al instante

La sociedad de todos

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Desde hace largos años ya resumimos por medio de este título: “La sociedad de todos”, los anhelos de muchas organizaciones sociales y de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas. Es, al mismo tiempo, la meta de nuestro trabajo social al igual que el plan de trabajo alrededor del que construimos nuestras actividades. Es un mensaje de gran reto permanente al que podemos acercarnos con pasos firmes, sabiendo que siempre habrá realidades adversas que limitan los esfuerzos.

Contrario a lo que la mayoría de la gente y de los países en general perciben, que en el campo social estamos yendo de mal en peor, la verdad es más positiva de lo imaginado. A pesar de que las Metas del Milenio, promovidas por las Naciones Unidas, no se han alcanzado en plenitud, vale la pena constatar logros llamativos que de ahora en adelante, con un renovado entusiasmo se quiere seguir promoviendo y avanzando. Sinergia y otras organizaciones sociales han nucleado, en acuerdo con los organismos internacionales correspondientes, los resultados obtenidos y las nuevas propuestas del futuro de las Metas del Milenio +15.

Como joven cristiano comprometido, hace ya más de sesenta años, en los movimientos pujantes sociales de la Iglesia, el punto de referencia, en aquel tiempo, para todos nosotros era la lucha contra la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la morbilidad infantil que incidían con fuerza a la mayoría de los países del Tercer Mundo. Lo que en aquel momento eran inquietudes de un limitado número de personajes, movimientos y países, se le logró dar una perspectiva amplia que permitía que paulatinamente se desarrollara una nueva sensibilidad, a partir de datos científicamente sólidos que impulsaron planes más ajustados a la realidad. El número de voluntarios, entre ellos centenares de religiosos, que asumían responsabilidades en países lejanos, junto a entidades internacionales que trabajaron en este campo, representa una época de grandes valores y resultados.

No quiero perderme en cifras y porcentajes para subrayar los progresos alcanzados en muchas partes del mundo. Especialmente en lo referente al hambre (la insuficiencia en el consumo de cantidad y calidad de alimentos) y la pobreza (calculado en ingresos en dólares por persona) ha producido un cambio impresionante, llegando casi a la mitad de hace 25 años. Podría haber sido mejor con más voluntad política, pero la tendencia sigue en la dirección correcta y permite vislumbrar un mundo mucho más equilibrado. Ciertas zonas del continente africano tienen más problemas que necesitan acciones más integrales para salir del molino vicioso.

En el campo de la salud el progreso es extraordinario y se refleja en el permanente crecimiento de la edad promedio de vida. Llama la atención la disminución de las grandes enfermedades como el paludismo, la viruela y el polio, entre tantos otros. En gran parte es el trabajo y el resultado conjunto entre los ministerios de salud y las organizaciones sociales. La disminución en dos terceras partes de la mortalidad infantil sigue siendo el reto de mayor dificultad, hasta en nuestro propio país, donde no logramos alcanzar las metas propuestas.

Iguales logros constatamos en la alfabetización y en la educación primaria que en casi todas partes del mundo han avanzado llamativamente. El gran problema es la no suficiente vinculación entre la escuela y el trabajo. Además, por motivos culturales, en pocas partes la población valoriza la educación técnica como meta de vida. A igual que entre nosotros, donde demasiada gente quiere ser abogado, ingeniero o médico, sin tener las reales capacidades para llegar a eso.

Guardo, pues, un optimismo justificado sobre el progreso social del mundo actual. Es posible alcanzar una situación en la cual la pobreza expresada en múltiples formas se reduzca paulatinamente y sea marginada. Esto no significa que no se presenten nuevos retos que tendrán igual o mayor impacto. Por ejemplo, el problema del agua potable y su distribución, que se convierte en punto neurálgico. Igualmente, los problemas ambientales y del cambio climático van a incidir fuertemente en la población. Ya hoy en día estamos presentes algunas organizaciones sociales, como Cesap, desarrollando programas de gestión de riesgos y desastres para atender estas nuevas realidades.

Los Objetivos del Milenio apuntan hacia una “sociedad de todos”, tal como desde hace años promovemos. No un mundo de arriba-abajo, ni de izquierda-derecha, sino un espacio horizontal con la mayor incorporación de todos y de todas. Será una democracia militante con sus tensiones e imperfecciones, pero con una mayor capacidad de diálogo y de distribución de la participación y del poder.

Venezuela a lo largo de décadas ha hecho grandes progresos en lo social. Cuando observamos las cifras desde los años treinta en adelante constatamos una progresión en todos los campos. También en esta época bolivariana hubo y hay progresos en lo social que no se puede desconocer, por lo que el país y sus gobernantes reciben reconocimiento internacional.

Pero, igualmente, me impresiona la forma como la crisis económica de los últimos años, y especialmente desde el derrumbe de los precios petroleros, afecta a la mayoría de la población y limita las conquistas sociales. La pobreza está regresando a galope y en poco tiempo observaremos consecuencias tangibles. La inflación se come en gran parte los sueldos y los aumentos. Me hace recordar la parábola del Evangelio que habla de la construcción de una torre sobre arena movediza. Temo que así pase entre nosotros: demasiada improvisación, demasiado entusiasmo propagandístico, demasiados superegos ajenos a la realidad de la gente.