• Caracas (Venezuela)

Armando Janssens

Al instante

Armando Janssens

Las preocupaciones de nuestra gente

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sin pretender ofrecerlos resultados de una encuesta, quisiera presentar algunas de las variadas preocupaciones que vive la gente de nuestros sectores populares. En  permanente contacto con ellos, escuchando sus opiniones sobre la marcha de nuestro país, intento  resumir en algunos pocos tópicos los aspectos más importantes. Se refieren, tanto al aspecto económico, como al social y político, a pesar que no incluyo el de la inseguridad que será un tema aparte.

El precio de la gasolina: Nadie entiende por qué no se ha adecuado su precio. Es tan barata, que se convierte más que  en un regalo,  en un despilfarro. Tantos los choferes del transporte público, como los miles de usuarios, coinciden en  esta reflexión. La comparan, como todos, con el precio de una botellita de agua mineral y  se burlan del resultado. Algunos sienten que se les está comprando una falsa simpatía  que no se corresponde con un lógico razonamiento. Pero además, con el tiempo, surge una preocupación. Temen que el aumento no va a ser  poco, sino de un elevado monto, que va  a caer como  un ladrillo en la economía. Y si hasta hoy en día la inflación obligó a sucesivos aumentos de los pasajes  en  jeeps y autobusetas, se puede esperar un aumento mucho mayor cuando  el gobierno se vea obligado a ajustar el precio de la gasolina. Los mayores recuerdan con nitidez que cada aumento de su precio trajo una larga cola de  aumentos en otros rubros.

El alto costo de la vida y el desabastecimiento. A nadie le gustan las largas colas desde las cuatro de la mañana o en pleno sol del mediodía, ni los estantes vacíos en los Mercales  y Bicentenarios. Muchos ya se curaron de la propaganda oficial que acusaba de saboteo a los productores privados. La mayoría está convencida de que es un gran rollo del propio gobierno, muy vinculado  a la incapacidad gerencial y  a la corrupción de arriba hacia abajo. Con frecuencia, nuestra gente se refiere a la pérdida de nivel de vida que afecta a todos. Durante algún tiempo hubo cierta organización para formar muy temprano, en la madrugada,  grupos solidarios de compra. Pero ese entusiasmo ya  disminuyó, y algún control de las ventas, lo hace casi imposible. Al mismo tiempo,  la gente desea el funcionamiento de la empresa privada que asegura resultados, crea trabajo y bienestar. No excluyen el papel del Estado para asegurar el impacto social, pero ven la predominancia de lo privado para asegurar fluidez y abundancia.

Los subsidios y las becas. Si hay entre  mucha de nuestra gente un consenso, es el deque por todas partes se cuela la influencia política y el compadrazgo que desvían los recursos. Lo saben muy bien y cuentan historias vergonzosas. Pero la gran mayoría valoriza lo referente al pago regular de las pensiones de vejez,  y el pago de la beca a las Madres del Barrio. Han regularizado la situación de mucha gente sencilla y ayudan a las familias más pobres que son, en su mayoría, mujeres solas con varios niños pequeños. Hay una variedad de otras becase iniciativas  que paulatinamente disminuyen debido a  la escasez financiera.  Es un temor demasiado conectado con los prejuicios que nos dividen; se necesita un equilibrio mayor para orientar y valorizar. Estoy convencido que en nuestro país, con  grandes desajustes sociales, se necesita un amplio sistema de apoyo bien manejado como en las sociedades más avanzadas.

El Futuro. Lo que nos caracteriza como pueblo es la permanente presencia de la esperanza, que  los políticos de turno  utilizan con frecuencia y que llegó a su clímax con el presidente Hugo Chávez. No es casual que una reconocida empresa extranjera, en su encuesta anual sobre la felicidad de la gente en todo el mundo, pone a nuestro país y a su gente entre los primeros de su lista. Quienes conocen a nuestra gente,  constatan  con facilidad esta actitud, con todas sus ventajas y limitaciones. Todavía hoy en día, después de la muerte de Chávez, sigue en parte importante este sentimiento de esperanza en su legado. Pero,  al mismo tiempo,  está entrando el gusanillo de la duda. La gente comienza a preguntarse si su futuro, el de sus hijos y nietos será mejor que el presente ¿Las promesas se quedan en el tintero? Pero es más que la referencia a su bienestar. Tuvieron durante años la sensación de estar protegidos y abrigados por la figura de Chávez. Y en su corazón nace una nueva pregunta: ¿Quién va ahora a cumplir esta tarea?, ¿quién se encargará de nosotros y defenderá nuestros derechos y dignidad? Oímos y esperamos respuestas.