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Armando Janssens

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Armando Janssens

Charlie Hebdo y sus límites

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Conocí hace muchos años la revista Hara–Kiri, en París donde estaba estudiando, un tiempo anterior a su cambio de nombre en la década de los 90, al de semanario Charlie Hebdo que pude hojear un par de veces en casa de amigos. Confieso que nunca me gustó. Me parecía burda, ofensiva, hiriente e insultante y con ganas de ofender los sentimientos más básicos de nuestra sociedad, sus instituciones y nuestros valores ciudadanos. Ni comparable con las caricaturas de nuestros periódicos y revistas que se basan en el humor con mucho sentido humano. No le presté mucha atención ya que sus ediciones eran muy limitadas y poca gente la conocía. En los últimos años, el semanario estaba al borde de la quiebra permanente ya que no atraía ni lectores ni publicidad, y fuera de París y de algunas ciudades grandes no se conseguía en los kioscos ni en las librerías.

Así que el fanático ataque terrorista contra las oficinas administrativas de la revista, y luego al supermercado “kosher”, con 12 muertos lamentables, entre ellos 2 policías, logró todo lo contrario de lo perseguido. Ahora todo el mundo conoce Charlie Hebdo y ya está a la venta su siguiente edición con unas 3 millones de copias que se venden como pan caliente en toda Europa. Irónicamente, su crisis financiera está siendo superada por algún tiempo, y ahora más que nunca sus mensajes ofensivos llegarán y confundirán a mucha gente.

Así que valorizo mucho la reacción francesa y europea que se manifestó en masivas concentraciones para dejar en claro el rechazo a tales acciones terroristas, a pesar de que no me parece muy original el slogan “Yo soy Charlie”, que santificó algo que no debería recibir tanta valorización. Pude vibrar con la masa de gente de pueblo que se sintió afectada y rechazaba cualquiera de estas acciones terroristas que se han puesto, lamentablemente de moda en muchas partes. Pude percibir un pueblo puesto en pie de alerta y que captaba claramente que estas acciones pretendían cuestionar su forma de vida, sus valores y sus hábitos, y que hasta ponían en peligro su futuro civil y democrático. Así, el lema que, de manera indirecta, esta masa de gente estaba promoviendo era más bien: “Libertad y respeto”, tan cercano a la historia y la mentalidad francesa. Nuestro papa Francisco matizaba, en este contexto, la libertad de opinión que no puede ser utilizada como un dogma civil, sino insertado en un permanente respeto a los valores de todos. Ya conocemos demasiado bien los controles oficiales a la prensa en nuestro país que imponen una libertad limitada según la línea política de los censores oficiales

Si bien es evidente que nadie puede justificar la masacre de los periodistas del Charlie Hebdo, ni de los policías ni de la gente inocente del supermercado judío, personalmente no me parece acertada la decisión de la editora del semanario de aparecer, en su nueva edición, con la figura de Mahoma en primera página, por sencilla que ella sea y con un texto de difícil interpretación. Echar gasolina sobre el fuego no es nunca la solución para apagar un incendio, y más bien luce como para provocarlo más. Se necesita un alto nivel de cultura abstracta y de capacidad de discernimiento para captar cómo una caricatura irónica, la supuesta lágrima de Mahoma nos habla de misericordia. Espero que los numerosos compradores de la revista entiendan rápido sus limitaciones y debilidades y la pongan de nuevo en el margen de las publicaciones, donde estaba antes.

Quisiera llamar la atención sobre la reacción de los musulmanes en los países de Europa. Por primera vez observé una reacción masiva por parte de los imanes que dirigen las comunidades de fieles. Tanto en la misma Francia como en los países vecinos, hasta en los del Medio Oriente, rechazaron estas acciones en nombre de su fe. Hasta federaciones musulmanas expresaron su indignación y denunciaron que los terroristas maltratan su religión y deben ser claramente rechazados. El mismo vicealcalde de Amsterdam, que es musulmán, aconseja a los simpatizantes que no están de acuerdo con el modo de vida y los valores occidentales regresar a sus países de origen, donde vivían sus padres en pobreza y marginalidad. Ojalá que todo esto despierte y haga madurar a las comunidades de musulmanes que en Europa hacen el trabajo que sus mismos habitantes no quieren hacer.