• Caracas (Venezuela)

Armando Janssens

Al instante

Urge actuar ¡ya!

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No podemos cruzarnos de brazos, ni ver para otro lado. La urgencia nos obliga a ¡actuar ya!

La crisis social ha alcanzado tal nivel que llegamos a la destrucción paulatina de un pueblo desde su médula personal hasta sus extensiones sociales amplias. No se trata solamente del problema de electricidad y de falta de agua permanentes. Ni de la ausencia, casi total, de medicamentos, ni de la violencia que se transformó en una vivencia de miedo permanente, ni de la muerte que se instaló en todos los rincones implicando a todos y a todas sin excepción.

Se trata del hambre, pura y simplemente. Como nunca el hambre crece entre la gente, y está presente mayormente en los sectores populares. Cada día hay más gente que no sabe cómo llegar a la cena o se contenta con una arepa. Muchos están reduciendo sus comidas a dos por día: la realizan no tan temprano en la mañana, y al final de la tarde. Las cifras no mienten: por primera vez en la historia moderna de nuestro país, hay más “pobreza extrema” como “pobreza” sin más. Las colas no mienten y cada día crecen, y lo que se consigue es cada vez menos. Junto a la gente, las hermanas del barrio hicieron cola desde las 4:00 de la mañana hasta las 11:00. Cuando salieron, cada una sola tenía consigo dos rollos de papel toilette y un paquete de harina de maíz. Ni nada de leche para niños, y menos en los hospitales, ni otros productos del uso diario.

Los precios son tan desorbitantes que se vuelven impagables. Los sueldos aumentaron para que su valor desaparezca con la inflación que no disminuye, sino todo lo contrario. La gente no tiene más plata. Ya gastaron todo. Están vendiendo lo que supuestamente sobra en la casa. Hasta en las aceras de la avenida Baralt se instalan como vendedores informales, revendiendo la ropa, y hasta calzados de sus niños pequeños y de sus hijas mayores, a precios regalados “para comprar medicamentos para mi mujer enferma”. No me atrevo a replicar que tampoco va a conseguir los medicamentos buscados.

Que oigan los que tienen oídos: ¡necesitamos comida y medicamentos, cueste lo que cueste! Grandes organizaciones mundiales ofrecen ayuda pero se necesitan permisos del gobierno. Lo mismo pasa con Cáritas que tiene oferta de apoyo pero no obtienen los permisos para traerlos.

¿Qué pasa con el gobierno? ¿Qué pasa con el presidente Maduro? No dar permisos para salir con la cara lavada, y seguir con la historieta de la guerra económica. Cada explicación tiene su derecho, pero comida y medicamentos necesitamos hoy. ¡No pasado mañana, sino hoy! Es una obligación moral del gobierno asegurar esto ¡ahora!, ¡lo más urgente posible! No hay tiempo que perder, o las consecuencias, por estos motivos, serán muy graves. ¡Ya crece la cifra de  fallecidos como producto de esta problemática!

Como organización social individual no podemos aportar mucho, ni en conjunto logramos impactar y cambiar muchas cosas. Acompañar a la gente en su sufrimiento, crear minisoluciones de solidaridad, cada una en su lugar, y tratar de aliviar el ambiente de desesperación. Observo con admiración cómo las organizaciones de enfermos de sida luchan a diario, pero igualmente no llegan lejos. Los mandan de “Poncio a Pilatos”, con resultados muy limitados.

Debemos denunciar a partir de la gente. Denunciar la escasez, la carestía, el “bachaqueo”, promovidos desde las estructuras comerciales del Estado. Si es posible, sin violencia, la cual cada día se asoma más baja muy variadas formas en las colas y dentro de los mercados. El hambre urge y no tiene conciencia de prudencia. La enfermedad no se detiene milagrosamente con una sola estampilla.

Vivir cerca de la gente es expresión de nuestra preocupación y del amor cristiano. Pero hay que seguir presionando para que se den los permisos para la entrada de comida y de medicamentos. Es la solución temporal más lograble y más humana. ¡La palabra está en Miraflores!