• Caracas (Venezuela)

Armando Janssens

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“Acompañando en el dolor”

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Mucha gente nuestra está sufriendo por la pérdida de seres queridos, como resultado de la creciente violencia que vivimos en Venezuela. Es un fenómeno extendido que afecta a todos los sectores de la sociedad, muy en especial a los sectores populares. Siempre la violencia ha estado presente, pero en los últimos largos años ha crecido continuamente e invadido no solamente las grandes ciudades, sino además a casi todo el territorio de nuestro país. ¡Y su primer producto es el dolor! El dolor como de una espada que atraviesa el corazón de miles de personas y familias.

Es un dolor profundo, poco hablado, que como un virus  infecta todo el cuerpo y la mente humana. Si perder un familiar, de manera natural por vejez o enfermedad, ya es una experiencia dolorosa; todavía mucho más es la de perder un hijo o hija, un hermano o hermana, en un acto violento donde normalmente están ausente la lógica y la comprensión. El tiempo cura todo, pero los familiares de los fallecidos en este tsunami de violencia necesitan mucho más tiempo para comprender y aceptar lo sucedido.

Con frecuencia, se me acerca gente del barrio para comentarme sus sentimientos de desespero y desconfianza por la pérdida de alguien cercano hace bastante tiempo. No logran entender o explicarse lo sucedido. El sentimiento de mea culpa acompaña este dolor y las dudas y preguntas surgen –con lágrimas– en búsqueda de un necesario alivio que no llega fácilmente.

Son especialmente las madres las que lloran a sus hijos muertos en esta violencia loca, muchas veces vinculadas al comercio de la droga tan extendida o a las pasiones amorosas mal manejadas y otras tantas veces y sin explicación alguna, devenida por estar en el lugar y en el momento equivocado. Por experiencia, sé que no les puedo decir mucho, en esos momentos, nada tiene sentido para ellas. Pero por lo menos escucho con corazón, estoy cerca de ellas y tomo sus manos como expresión de gran comprensión y solidaridad. Y como sacerdote hago referencia a lo que María vivió cuando recibió el cuerpo de su hijo después de que le bajaron de la cruz. Es la imagen de la Piedad, tan bellamente esculpida por Miguel Ángel y venerada en la Basílica de San Pedro en Roma, lo que impacta a nuestra gente y en algunas pocas ocasiones hace brillar los ojos de una renovada esperanza.

Toda esta violencia se desarrolla en un contexto de casi una general impunidad por parte de los cuerpos policiales y del sistema judicial, lo que aumenta la frustración y la rabia y no permite llegar a una paz interior. No es el momento de profundizar este aspecto, pero es evidente que aquí está el meollo de la situación. La ausencia de un sistema de justicia expedita ha permitido que el malhechor sienta el campo libre y saber que no le va a pasar nada. Pero este punto será para un próximo artículo.

 

Acompañando en el Dolor es un programa que surge así de las inquietudes anteriores, promovido por dos instituciones con gran arraigo en las comunidades: el Grupo Social Cesap y la Asociación Psicólogos sin Frontera.

Ambas decidieron, a partir de largos años de experiencia, crear este programa para “profesionales no especializados en la salud mental para que puedan trabajar con personas, familias y comunidades en situación de crisis y duelo y acompañarlas en su dolor”. Copiado este texto de su invitación para la reunión convocada el viernes 20 de marzo próximo en la mañana en las instalaciones del Grupo Social Cesap, se invita a todos los interesados para conocer la propuesta formativa que en cuatro módulos de contenido abarcará un conocimiento y un actuar creativo y respetuoso en ese campo tan delicado.

El Módulo Introductorio (1) tiene como objetivo desarrollar una visión integradora acerca del abordaje de los duelos como oportunidades para el crecimiento. (2) Luego se trata de la primera ayuda psicológica e intervención en crisis, con especial atención a niños y adolescentes y la intervención familiar y comunitaria. (3) Se profundizará en la creación de empatía a través del reconocimiento de las propias pérdidas para (4) llegar al autocuidado, que aprenda a manejar sus propias reacciones emocionales.

Es el momento más oportuno para comenzar un programa de este valor, tomando en cuenta el largo tiempo que estamos inmersos en esta realidad, de dolores y tristezas. Como cristiano que somos debemos poner en práctica lo que Jesús enseñó en Los Juicios a las Naciones. Me puedo imaginar que si Él viviera ahora con nosotros, añadiría a la enumeración de hambre, sed, encarcelado, desnudo, enfermo, tuviera gran dolor y ustedes me acompañaron.