• Caracas (Venezuela)

Armando Janssens

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De la inclusión a la prosperidad. Los 15 años de Bangente

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Con este sugerente título se bautizó el libro, editado por la Fundación Bangente, en ocasión de celebrar, en estos días, los 15 años de funcionamiento de Bangente: “El Banco de la Gente Emprendedora”. En los primeros días de febrero de 1999 se abre la primera oficina, en el corazón de Catia, donde bulle la vida de los sectores populares. Al día de hoy (2014), en varias partes del país, no menos de 500.000 créditos fueron entregados a los que llamamos microempresarios. Una cifra que impacta y refleja lo acertado de la iniciativa, promovida por un esfuerzo  mancomunado de la banca nacional  –Bancaribe–, algunas organizaciones sociales de gran experiencia en el mismo campo  –el actual Grupo Social Cesap– y un cuarteto de agencias internacionales –CAF, BID, Profund y Acción– para asegurar en los primeros años el afianzamiento de la novedosa iniciativa.

En este momento hay 56.000 créditos vigentes, con un permanente crecimiento en las aprobaciones. Más de 170.000 personas están conectadas por medio de diferentes servicios. En cuanto a la calidad de la cartera, el índice de morosidad se sitúa en 0,39%, con lo que se ubica en el primer lugar del sistema financiero nacional y, además, debajo del índice general de la banca de microfinanzas que se ubicó en 0,76%. Es una real satisfacción constatar que “el pobre, sí paga”, contrario a la opinión de muchos.

Vale la pena resaltar que Bangente no es un banco tradicional. A pesar de que responde a las exigencias de leyes y reglamentos de las instancias oficiales, es diferente en su manejo diario. Su dinámica fundamental es que la gente no debe visitar mucho el banco, sino, más bien, que el banco se acerque a la gente, a su casa, a su familia, a su taller, a su entorno, para juntos analizar la posibilidad y la necesidad de un crédito. Así, su personal, no son funcionarios burocráticos en el sentido tradicional, sino que son asesores, facilitadores, de mentalidad abierta, con sabia prudencia y con comprensión amplia de la realidad humana. Hay todo un protocolo innovador en la atención a esta población que, normalmente, no tiene las condiciones para acceder a un crédito bancario, ya que la mayoría no tiene garantías formales y no dispone de balances y auditorías ni reconocimiento jurídico.

En la introducción del mencionado libro, Juan Uslar Gathmann, que durante años ha sido presidente de Bangente y ahora de su fundación, dibuja acertadamente la realidad y la evolución de esta iniciativa. Subraya la solidez que logra “excelentes índices de sustentabilidad financiera y calidad de activos”. Pero, igualmente, plantea varias veces un interrogante: “¿Es suficiente?”. Pregunta que en el libro se sigue reflexionando. Ya se están dando un conjunto de sucesivas respuestas para llegar a la deseada prosperidad altamente valorizada y que no se limite al éxito económico, sino a una integralidad humana de mayor nivel.

Por importante y básico que sea el acceso a un crédito por parte del usuario, evidentemente necesita una serie de otros apoyos en el emprendimiento para llegar a establecerse con cierta solidez. A nivel de conocimiento gerencial, el pequeño empresario cumple, él solo, las distintas funciones que normalmente en la empresa mayor cumple una variedad de personas: crear un producto útil para la gente cercana, compra de insumos, todo el proceso de producción, mercadeo, venta y su administración. Esta variedad de tareas, más lo referente a lo legal, necesita un apoyo permanente que paulatinamente se ofrece en la búsqueda de mayor plenitud. Añadamos a todo esto la dimensión familiar, muy involucrada y afectada en muchos emprendimientos. Tenemos en el horizonte, a futuro, el propósito de atenderla.

Vale la pena constatar que el “bien-estar” debe ser complementado con el “buen-ser” para lograr la creación de valores integrales. Los dos se necesitan y dan origen a una mutua sinergia. Observamos que alguien exitoso en su emprendimiento, normalmente, lo refleja en nuevas actitudes personales y sociales. No solamente intenta mejorar su negocio o comercio, sino que, al mismo tiempo, inicia un proceso de mejoría en la calidad de vida de su familia. Esto se refleja en la escogencia de las escuelas para sus hijos, en el equipamiento de su casa, en su formación personal y una mayor integración en el quehacer social y cultural de su entorno.

En “Bangente” contamos con un instrumento de primera categoría para medir lo relativo a la responsabilidad social. Pocos programas sociales en el país tienen la capacidad de ser al mismo tiempo un exitoso negocio y un producto social multiplicador de gran impacto. Además, por decisión de los accionistas, esta ganancia financiera se reinvierte enteramente en el crecimiento futuro del banco, apuntando el valor ético de la iniciativa y la ampliación de la prosperidad para mucha gente emprendedora.