• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

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El ébola en Venezuela

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¿Está preparada Venezuela para hacerle frente a un eventual arribo del ébola, epidemia que los especialistas en enfermedades infecciosas ya comparan con la propagación del sida por todos los rincones del planeta?  

Hace varios días, el diario español ABC publicó un inquietante reportaje con el título “¿Hasta dónde puede llegar la epidemia del ébola en el mundo?”, que suministra información muy concreta sobre el desarrollo devastador de la enfermedad. Según la Organización Mundial de la Salud, hasta el pasado 8 de octubre se han registrado algo más de 8.000 individuos afectados por el mortal virus, de los cuales han muerto 3.857. Por ahora, la inmensa mayoría de los contagios y muertes han tenido lugar en África occidental, principalmente en Sierra Leona, Moravia y Liberia, pero algunos casos han comenzado a gotear en Europa y Estados Unidos. Precisamente allí, investigadores de diversos organismos y universidades coinciden en presentar 2 escenarios posibles de los efectos de la epidemia para comienzos del año que viene. Los cálculos más optimistas fijan el número de muertes causadas para enero de 2015 por el ébola en medio millón de personas; los más pesimistas llevan esta cifra hasta el millón y medio de víctimas fatales. ¿Escapará Venezuela de esta mortífera estadística? ¿Más muertes terribles e innecesarias en el horizonte nacional?

Dos ejemplos opuestos ilustran las diferencias entre una reacción acertada y otra muy desatinada a la hora de afrontar el desafío. Nigeria detectó su primer caso el 20 de julio, en el aeropuerto de Lagos, la mayor ciudad de África, con una población calculada en 20 millones de habitantes. En los días siguientes se registraron 19 contagios confirmados, uno probable y 8 muertes, pero la acción rápida y a todas luces muy eficiente de las autoridades sanitarias de ese país logró controlar la epidemia naciente hasta el extremo de que, hasta ahora, el último caso comprobado se produjo el 31 de agosto, y se superaron así los 21 días que tarda la enfermedad en incubar. Sin duda, una noticia esperanzadora.

En cambio, en el hospital Carlos III de Madrid, la enfermera Teresa Romero rompió el protocolo de la OMS para quitarse su traje de protección individual y ahora se encuentra a un paso del peor de los desenlaces. Este fallo operativo ha provocado una seria crisis política en España, tanto porque los ciudadanos exigen indignados la inmediata destitución de la ministro de Sanidad y de su homólogo a nivel del gobierno regional, como porque la Unión Europea culpa a la Moncloa de cometer un descuido que pone en peligro a todo el continente.

De presentarse algún caso de ébola en Venezuela, ¿el gobierno de Maduro actuaría como el de Nigeria, o caería en errores parecidos o peores a los cometidos en el hospital madrileño? Y lo digo porque por muchos esfuerzos de prevención que se hagan, que no se hacen, resulta imposible aislar herméticamente a cualquier país. El contagio lo produce el contacto con viajeros portadores del virus que no saben que lo son ni tienen síntomas claros de la enfermedad. Por eso, al estallar la emergencia, como ocurrió en Nigeria, las autoridades correspondientes deben estar preparadas para intervenir con rapidez y rigor científico. Mientras tanto, ni siquiera tenemos acceso a comprimidos de acetaminofén, antipirético barato de uso común, y único remedio para combatir la fiebre del ébola, por fortuna todavía inexistente en Venezuela, pero también las del dengue y la chikungunya, enfermedades que lamentablemente, y con mucha razón, sí le quitan el sueño a Venezuela. ¡Qué vergüenza!