• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

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Armando Durán

Todos somos culpables

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El pasado viernes, Ramón Piñango nos advirtió en un incisivo tweet que “porque los árbitros institucionales dependen del Ejecutivo, cualquiera es culpable cuando el régimen lo quiera”. Se refería, sin la menor duda, a la presentación de presuntas evidencias (varios correos electrónicos de muy dudosa verosimilitud) sobre un macabro plan de la oposición, que incluía el asesinato de Nicolás Maduro. Una noticia que el diario oficial Vea recogía el jueves bajo un escandaloso titular: “Desveladas pruebas de planes de magnicidio y golpes de Estado”. Aunque no se presentó una sola prueba de lo uno ni de lo otro.

Se equivoca Piñango, sin embargo, al atribuirle esta obvia manipulación de la verdad al hecho indiscutible de que todos los poderes e instituciones del Estado dependen exclusivamente de Miraflores. Esa simulación era cosa del pasado, cuando Hugo Chávez, para encubrir sus arbitrariedades totalitarias, le daba a sus acciones una leve capa de barniz “democrático”. Con Maduro en la Presidencia de la República se acabaron esas medias tintas. Por eso, este acto de presentar pruebas que no lo son y nombrar supuestos culpables no estuvo a cargo de ningún árbitro institucional, sino de representantes del ala más extremista e intolerante del PSUV, reunidos en el decadente escenario del Teatro Nacional bajo un telón de fondo donde en grandes letras se revelaba la identidad del grupo: Alto Mando Político de la Revolución.

En otras palabras, de un solo golpe de mano (este sí ha sido un golpe de Estado) se despojaba de sus funciones a las instituciones encargadas por la Constitución de administrar justicia en Venezuela, gestión que ahora se pone en manos del sector del partido de gobierno que durante estos últimos meses ha presionado a Maduro a recurrir a la más cruda e indiscriminada represión para silenciar al adversario. Un peligroso Alto Mando Político de la Revolución que, llegado el momento, bien podría sustituir al propio Maduro como poder colectivo de la revolución.

Quizá por eso, porque ya no se necesitan ficciones, Jorge Rodríguez, alcalde del municipio Libertador reconvertido en una suerte de implacable fiscal de la revolución, rodeado de Jorge Arreaza, Cilia Flores, Diosdado Cabello, Miguel Rodríguez Torres, Tareck el Aissami y Francisco Ameliach, en lugar de presentar las evidencias prometidas días atrás por Maduro de una conjura internacional, sostuvo una nueva forma de entender la justicia: “Ellos (es decir, los acusados) saben que es absolutamente cierto todo lo que decimos”. Atribución de un conocimiento íntimo del acusado que le basta a este tribunal político para condenar a quien sea. Puro Kafka en lo que bien puede terminar siendo el comienzo de una purga estalinista a fondo de la oposición no solidaria y del chavista crítico. 

Esta súbita radicalización del proceso político para oficializar la disyuntiva tajante de respaldar ciegamente a Maduro o sufrir las consecuencias se produce como una reacción defensiva del régimen, acosado por la crisis económica y el derrumbe de la imagen presidencial. Doble situación que se agravará muy pronto, cuando comiencen a sentirse los efectos más demoledores de las recetas del FMI que Maduro ha comenzado a aplicar, como, por ejemplo, la devolución brutal del bolívar, del 10,80 del Sicad I a los 50 bolívares por dólar del Sicad II, y de las recetas que vendrán en cualquier momento, como el aumento del precio de la gasolina. Todo ello dentro del marco de una economía nacional paralizada casi por completo y una industria petrolera cada día menos productiva y más endeudada. 

La farsa montada el pasado miércoles para seguir dándole cuerpo a la tesis de la conspiración contra Venezuela no es, pues, otro pote de humo para distraer la atención del respetable. Se trata, sencillamente, del inicio de una nueva etapa de la revolución, mucho más represiva y cruel, que de ahora en adelante no seleccionará a sus víctimas en el campo exclusivo de la oposición, sino donde quiera que se escuche una voz de protesta. De manera especial, a medida que la inflación se haga incontenible, la poca producción nacional se disuelva en la nada, el desempleo y la escasez crezcan y que cada semana haya menos dólares para importar. En fin, a medida que el cerrojo económico y social se cierre, sobre todo para la población de menos recursos, el músculo político esencial del PSUV.
 
Este es el significado que le encuentro a esta nueva denuncia oficial. De ahí que mientras Maduro se sienta más acosado por la realidad, se deje de tonterías y busque adversarios sobre quiénes descargar su culpa. De ahí que a partir de ahora arrecie la persecución sistemática de la disidencia y que muy pronto, a los opositores indignados, comiencen a agregarse chavistas que no se calan esta aberración criolla del socialismo. De ahí, en definitiva, que desde hoy todos seamos culpables. Cada día más culpables de todo.