• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

Al instante

Venezuela sin rumbo ni respuestas

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¿Hacia dónde se dirige Venezuela, lenta o vertiginosamente, de acuerdo con el color de los ojos de quién lo pregunte? ¿Camino de un proceso pacífico para devolverle al país su democracia después de 17 años de sobresaltos “revolucionarios”, o hacia el callejón sin salida de un estallido social seguido de su correspondiente golpe militar? ¿Rumbo a un diálogo salvador con la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero y compañía, acaso desde ahora bajo la poderosa batuta de Thomas Shannon, nuevo apoderado de la confianza de Washington, La Habana y Miraflores? ¿Pero cómo sería esta nueva versión del dichoso diálogo? ¿Con condiciones, como hasta ahora insistía un sector de la MUD, o sin ellas, tal como hace un par de domingos nos advertía Henry Ramos Allup desde estas mismas páginas, porque según él, poner como condiciones puntos que sólo son temas a incluir en una eventual agenda del diálogo sencillamente mataría la criatura antes de nacer? ¿Y qué pasará si antes del 23 de junio no se alcanza un acuerdo para sentar a unos y otros a una misma mesa?

¿Se atreverá Maduro a disolver la Asamblea Nacional, o si eso fuera demasiado, violará la inmunidad de algunos parlamentarios para meterlos presos, “aquí tengo la sentencia lista”, amenazó la tarde del pasado jueves a Ramos Allup, incluyendo en el lote a su incómoda directiva? ¿Sería esa la razón para nombrar a Néstor Luis Reverol Torres, a pesar de ser mayor general de la Guardia Nacional, como sustituto de Vladimir Padrino en el Ministerio de la Defensa? ¿O no lo dejarán hacerlo y Maduro, repentinamente arrinconado, intentará salvar su negra honrilla, como diría don Quijote, haciendo lo inaudito, como ordenarle a sus magistrados en el TSJ restituirle a la Asamblea Nacional sus usurpadas funciones constitucionales, primer paso para restaurar en Venezuela el Estado de Derecho, y después de mí allá los traidores? ¿Habrá entonces revocatorio, como exige medio mundo dentro y fuera de Venezuela, o a pesar de ello Maduro se negará a cumplir el artículo 72 de la Constitución? ¿Pero si termina por darle luz verde a esa consulta electoral, para cuándo lo convocaría el CNE, para antes de diciembre o para después del próximo mes de enero? ¿Es decir, con la expectativa cierta de cambiar de presidente y de régimen a muy corto plazo, o cuando la salida de Maduro sólo serviría para marcar el comienzo del tercer gobierno del régimen chavista?

¿O sea, se someterá Maduro a las presiones masivas de la calle y a las exhortaciones de la comunidad internacional, o sacará a la Fuerza Armada Nacional para construir un ilegal muro de bayonetas alrededor del Palacio de Miraflores y conservar el poder contra todos los vientos y todas las mareas? ¿Actuaría entonces la OEA con el sano propósito de garantizarle a los venezolanos su derecho de vivir en democracia, democracia representativa, por cierto, y ninguna otra, o las habituales vacilaciones de los gobiernos de la región le permitirán a Maduro acelerar el ocaso de la OEA y conducirla hacia el abismo de  su desaparición fatal? ¿O Luis Almagro, con el respaldo de dos terceras partes de los Estados Miembros, conseguirá activar finalmente la Carta Democrática Interamericana y a Maduro no le quedaría otro remedio que entrar por el aro democrático, o por el contrario, abandonar la OEA y asumir un aislamiento similar al que sufrió Cuba al ser expulsada del organismo por resolución de la VIII Reunión de Consulta de los ministros de Relaciones Exteriores del hemisferio, el 31 de enero de 1962?

¿Y entonces, mientras uno se hace estas y otras muchas preguntas, qué harán las diversas corrientes divergentes que impiden el diseño de una necesaria unidad estratégica de la oposición? ¿Tendrán en cuenta que los venezolanos no asisten voluntariamente a un inocente acto cultural organizado por las hermanitas de la Caridad, sino que son víctimas forzadas a vivir un drama político y humanitario muy real, a la espera inminente del peor de los desenlaces, padeciendo los efectos devastadores de la tormenta desde la cubierta de una nave que parece haber perdido el timón y carece de brújula? ¿A la deriva, caballeros, y a merced de los elementos?