• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

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Venezuela después de Maduro ( I )

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La posición de Nicolás Maduro como presidente de la República se ha hecho insostenible. Con el añadido demoledor de que no está en condiciones de revertir la extrema fragilidad de su liderazgo, condición imprescindible para enfrentar con cierto éxito y un mínimo de dignidad los desafíos electorales por venir.  

Esta imposibilidad es la gran verdad del momento político actual. Y la razón de que Maduro y sus lugartenientes, tras el desconcierto inicial provocado por la aplastante derrota del oficialismo el 6-D, hayan desconocido por completo la lección y las consecuencias que se desprenden de aquel descalabro y reaccionaran con extrema violencia para cerrar a cal y canto cualquier posible salida democrática a la crisis antes del próximo mes de enero. Ahora, la desesperación que reina en el chavismo obliga a ver la salida de Maduro del Palacio de Miraflores con otros ojos, pues como todos sabemos, si se produce después de esa fecha fatal, cuando un cambio de presidente y de gobierno ya no entrañaría forzosamente una brusca interrupción del proyecto político que puso en marcha Hugo Chávez con su intentona golpista del 4 de febrero de 1992, luce más que aceptable y conveniente la opción de sacrificar “revolucionariamente” a Maduro con la dialéctica intención de salvar lo que en este punto del hundimiento sin remedio se pueda salvar. 

A estos términos se reduce hoy por hoy la difícil ecuación política de Venezuela. La cual a su vez sería la causa de que fórmulas perfectamente democráticas, la iniciativa de Luis Almagro en la OEA para aplicarle al gobierno Maduro el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, por ejemplo, o la solicitud opositora de convocar este mismo año un referéndum revocatorio de su mandato presidencial de acuerdo con el artículo 72 la constitución, hayan sido discretamente descartadas por Estados Unidos, América Latina y la Unión Europea. Un rechazo que responde al interés de respaldar el falso diálogo coordinado por Ernesto Samper y José Luis Rodríguez Zapatero para darle a Maduro, a su gobierno y al régimen el oxígeno que necesita si se pretende que llegue con vida, sin estallido social ni golpe militar, a febrero del año que viene. Este es el objeto de la mediación de la comunidad internacional en el conflicto venezolano y el motivo incluso para aceptar que se le concedan al general Vladimir Padrino López superpoderes que de hecho lo convierten, al menos por ahora, en el más probable sucesor de Maduro en la Presidencia de la República.

Imposible saber qué habría ocurrido si la noticia de las reuniones clandestinas de representantes del gobierno y la oposición en República Dominicana a finales de mayo no se hubiera filtrado a la prensa. Desvelado aquel misterio, sospechoso porque a santo de qué tanto secreto, puede afirmarse que ese diálogo fue condenado desde ese mismo instante al fracaso. Aunque en realidad ello no significa gran cosa, pues su objetivo real nunca fue alcanzar un acuerdo concreto entre el gobierno y la oposición para solucionar la crisis, sino montar un artificioso mecanismo con la finalidad de correr la arruga de la crisis y facilitar que la inevitable transición de Venezuela hacia otro sistema político y otro modelo económico se produzca lo menos traumáticamente posible, a lo largo de un controlado período de tres años, con Padrino López al mando, que  culminaría con las elecciones generales previstas para diciembre de 2019.

Se trata, sin duda, de una compleja y muy controversial hoja de ruta, que además de la libertad de todos los presos políticos y los reajustes necesarios para devolverle gradualmente estabilidad política y racionalidad a las estructuras del Estado y la sociedad en el marco de un proceso político diferente, tendría que garantizarle un futuro aceptable al chavismo como movimiento político y a Cuba que estos cambios no afectarían significativamente el flujo de la asistencia económica, financiera y petrolera de la que depende su supervivencia material desde octubre del año 2000. Sobre estos fundamentos, endebles y permanentemente transitorios, comienza estos días a construirse la Venezuela que vendrá después de Maduro.