• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

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Armando Durán

Fraude y elecciones regionales (I)

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Estos días, la rectora del CNE, Socorro Hernández, declaró que es “lamentable que traten de empañar lo que ocurrió el 7 de octubre”. Según ella, sería muy mezquino tratar de ensombrecer los sucesos y resultados de ese día electoral. Se refería, por supuesto, a la matriz de opinión que ha venido consolidándose en el ánimo de los venezolanos sobre el siempre escabroso tema del fraude electoral.

De muy poco o nada ha servido hasta ahora que las dirigencias políticas del Gobierno y de parte de la oposición defiendan al unísono al CNE. Nadie les hace caso. Y cada día son más los venezolanos de oposición que creen que sí hubo fraude en la relección de Hugo Chávez. Una sensación de malogro, a pocas semanas de las elecciones regionales, que transforma peligrosamente la duda en una seria amenaza para los candidatos de la MUD. En definitiva, la abstención no es fruto de alguna radical conspiración antipatriótica, sino la reacción natural de desconfianza de los votantes en los dirigentes de la oposición y contra los atropellos sin límite ni control que comete el régimen en cada convocatoria electoral. Sin que en ningún caso el CNE intervenga, ni siquiera ante un ventajismo tan evidente como las cadenas, y sin que la propia oposición lleve su protesta más allá de un discreto saludo a la bandera. En fin, sumisión total del CNE a Miraflores y consentimiento de un sector de la MUD con las rectoras chavistas del CNE.

Esta es una realidad incuestionable desde los tiempos del revocatorio, cuando, por recomendación expresa de Fidel Castro, Chávez implementó Barrio Adentro y la Misión Identidad, inicio de un vasto programa de asistencia social con gran impacto electoral y aviesa manipulación para contaminar el REP. Fue una intervención de magnitud aún desconocida, pero con un fruto, la victoria del No en el referéndum, sencillamente devastador para quienes creían factible revocarle electoralmente su mandato al Presidente de la República.

¿Hubo entonces manipulación directa de los votos? Ni falta que hizo. Bastó que a la ventaja de que disponía Chávez con el nuevo REP y con Barrio Adentro se le sumaran sucesivas alteraciones del cronograma electoral, la invención de las planillas planas, la imposición del Firmazo, la infame lista Tascón y la conversión anticonstitucional del revocatorio en plebiscito para que tuviéramos uno de los mayores fraudes de la historia electoral de América Latina. En definitiva, cada vez que se produce semejante y desmesurado ventajismo nos hallamos ante expresiones cabales de fraude electoral.

Según parece, tampoco ahora existen pruebas de manipulación directa de votos en los colegios electorales, aunque llama poderosamente la atención la existencia de actas, incluso en mesas del estado Miranda, donde no aparece registrado ningún voto a favor de Henrique Capriles Radonski. Estas “rarezas” electorales no bastan para explicar la victoria de Chávez, pero ponen en claro sus artimañas de siempre, como presidente y como candidato: empleo inescrupuloso de los recursos del Estado en favor de la campaña, uso y abuso del llamado sistema de medios públicos de comunicación, las cadenas de radio y televisión a todas horas, grosero control de los electores para engatusarlos con premios o amedrentarlos con nuevas exclusiones y, al final, la operación remate, a todas luces vinculada electrónicamente a los tres computadores que aguardaban a los electores a la entrada de cada centro electoral. ¿Para qué estaban allí?

Votar es un acto de fe y esperanza, y en estos momentos el desaliento de grandes sectores de la oposición apunta a una grave pérdida de ilusión en las alternativas opositoras. La única manera de encarar ese desafío regional que se nos viene encima y vencer el rechazo actual de los electores, es dándoles explicaciones satisfactorias a los ciudadanos, comenzar a llamar las cosas por su exacto nombre e introducir cambios sustantivos en la dirección del movimiento opositor. Al menos hay que dar estos tres pasos si se pretende seriamente devolverles a los eventuales votantes parte de la confianza perdida durante estos días. Tarea nada fácil esta de señalar culpables, aplicar sanciones y reemprender la marcha aunque por otro camino, pero faena sin la cual no será posible que el próximo 16 de diciembre (fecha, por cierto, en la que muchos electores de la oposición habrán comenzado sus habituales vacaciones de Navidad) podamos eludir, aunque sea a medias, el fiasco de un demoledor desastre electoral.