• Caracas (Venezuela)

Armando Durán

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Armando Durán

El tamaño descomunal del desastre

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A la hora de escribir estas líneas, el panorama nacional luce pavoroso. Ni los pinos canadienses, desesperado exabrupto de populismo chavista, ni el nuevo “dakazo”, con lamentables efectos contraproducentes porque las neveras y lavadoras que se vendan a “precios justos” resultarán insuficientes para satisfacer una demanda explosiva por culpa de los agobios y las privaciones que sufren los ciudadanos, han logrado despejar el horizonte.

El fracaso rotundo del gobierno en la reunión de la OPEP celebrada el jueves en Viena marcó lo que puede llegar a ser un punto de inflexión decisivo en el desarrollo de la grave crisis venezolana. Convertida esta agonía colectiva en un gran desastre nacional, el carácter implacable de la realidad determina la magnitud de los peligros que nos amenazan: tras el rechazo OPEP a reducir la producción de 30 millones de barriles diarios, como proponía Venezuela, al principio en llave con Irán pero al final de la reunión en solitario porque Teherán prefirió entenderse con Riad que con Caracas, el precio de la cesta petrolera venezolana aceleró su tránsito hacia el fondo del abismo a velocidad vertiginosa.

El viernes, con el precio del petróleo amenazando con caer a menos de 60 dólares por barril, el dólar paralelo, único tipo de cambio de veras accesible, ya ha superado el límite de los 140 bolívares por billete verde. Se agudiza así la escasez de productos básicos y medicinas, el precio de lo que todavía se consigue en supermercados y farmacias experimenta nuevos y dramáticos aumentos y los ciudadanos de a pie se asoman a la eventualidad de una hiperinflación desconocida hasta ahora en la historia de Venezuela y compromete seriamente la gobernabilidad del país.

Mientras esto ocurría en el mundo de los hechos reales, Nicolás Maduro celebraba en La Victoria, risueño y feliz, el 22 aniversario del fracasado intento de golpe militar del 27 de noviembre, como si este cúmulo de desgracias no ocurriera en Venezuela sino en algún otro y remoto rincón del planeta. Mientras, la oposición complaciente de la MUD miraba en otra dirección. No se ha conmovido por la agudización de la crisis, por la muerte de 33 reclusos envenenados en la cárcel de Uribana, por la pretensión del régimen de encarcelar esta semana a María Corina Machado, imputada de participar en la patraña de un intento (el último, por ahora) de magnicidio. Para esta oposición inexplicable, todo es parte de un inmenso trapo rojo que agita el régimen para distraer la atención de los ciudadanos de lo único que verdaderamente debe importarles: las próximas elecciones parlamentarias.

De este sinuoso modo, tal como hicieron y justificaron su respaldo al comité de postulaciones designado por el PSUV, esta oposición que se niega a hacer oposición estos días colaborará gustosa en la designación de los tres nuevos rectores del CNE, a cambio de conservar el puesto que deja vacante Vicente Díaz. Por esta razón politiquera y anticonstitucional, ni siquiera han dicho media palabra sobre la intención de Tibisay Lucena y Sandra Oblitas de repetir en sus cargos. En definitiva, si el desastre actual, los asesinatos de Uribana y la persecución de Machado no han perturbado el buen ánimo y el optimismo de la MUD en el futuro, sustentar a toda costa la estructura espuria del CNE y sus inadmisibles condiciones electorales tampoco le harán perder el paso, aunque sepan que, a no ser que el gobierno y la oposición produzcan a muy corto plazo cambios drásticos en la conducción de un Estado que cada día es menos Estado, el tamaño descomunal del desastre nos hundirá a todos en la nada.