• Caracas (Venezuela)

Argenis Martínez

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Maldades sobre un niño

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El 6 de diciembre de 1941 Thomas Mann grabó un mensaje destinado a ser difundido por la BBC. Una frase luminosa destacaba en esa extraordinaria lucidez: “El gigantesco odio que algún día os engullirá cuando ceda la fuerza de vuestros hombres y vuestras máquinas”. Nunca sus palabras fueron tan certeras como aquel día en que se vislumbró la derrota de Hitler y sus hordas nazis.

El odio ha sido la columna vertebral del fanatismo, la luz siniestra que ciega la razón, la palanca de los aventureros y los asaltantes del poder. La llama del odio prende fácilmente en aquellos que desprecian a los demás pero que los saben indispensables para sus ambiciones. El odio y la mentira van de la mano y, por desgracia, se tornan más peligrosos cuando se juntan con la ignorancia y la inmoralidad.

Estos últimos 16 años constituyen una gran lección para todos los venezolanos que clamaban por una mano militar que guiara el país, que acabara con los “vicios democráticos”: la corrupción, el bipartidismo, la violación de los derechos humanos, el nepotismo, los grandes negocios en la compra de armamentos, los abusos policiales, el auge del hampa y el narcotráfico.

Hoy nada ha cambiado como no sea para peor. En América Latina los presidentes ya no merecen ese nombre: hemos pasado de escritores, abogados, médicos, políticos de alto vuelo, hasta llegar a la tragedia de padecer verdaderos tontos de capirote, embusteros de oficio, corruptos disfrazados de dirigentes de los trabajadores, esposas de mandatarios que heredan su poder tras una máscara de botox, ex guerrilleras que sufrieron cárcel y torturas y que ahora manejan una extendida red de sobornos, grises mandatarios aconsejados por narcomilitares.

El horror no parece tener límite. Un presidente usa la grave enfermedad de un niño para mentir, vilipendiar y sacar ventaja en la lucha electoral. Un niño con leucemia, un padre desesperado por lograr salvarlo y un miserable aprovechándose de la situación como un ave de carroña. Ya basta.