• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Antonio Sánchez García

La última revolución, la contrarrevolucionaria (I)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Las convulsiones intestinas han dado sacrificios, pero no mejoras; lágrimas, pero no cosechas. Han sido siempre un extravío para volver al mismo punto, con un desengaño de más, con un tesoro de menos”.

 

Cecilio Acosta, Cosas sabidas y cosas por saberse, 1856.

 

“Las revoluciones no han producido en Venezuela sino el caudillaje más vulgar, gobiernos personales y de caciques, grandes desórdenes y desafueros, corrupción, y una larga y horrenda tiranía, la ruina moral del país y la degradación de un gran número de venezolanos”.

Luis Level de Goda, Historia contemporánea de Venezuela, 1893

 

1

¿Quién tiene la razón: Ignacio Ramonet, el editor de la publicación francesa Le Monde Diplomatique, que ve en el teniente coronel venezolano Hugo Rafael Chávez Frías la encarnación del nuevo liderazgo revolucionario para América Latina, o Carlos Fuentes, que compara su cerebro con una letrina? Al margen de los intereses estrictamente personales o crematísticos que condicionan el respaldo de Ramonet “al proceso” o de la capacidad interpretativa o del caudal de información de que ambos dispongan sobre un fenómeno tan particular como el venezolano, los separa una distancia posiblemente insalvable: Ramonet vislumbra a nuestros atribulados países desde sus lejanas oficinas parisienses, desde las cuales administra junto con sus asistentes la imagen internacional del caudillo venezolano; Fuentes, desde las malolientes barriadas de nuestros cinturones de miseria, desde las cuales ejerce un magisterio estrictamente intelectual. Y otra posiblemente muchísimo más dramática: los cruentos resultados que puedan derivarse de nuestros delirios políticos no modificarán el mundo de Ramonet, seguro en sus cimientos imperiales desde hace siglos. El del escritor mexicano, en perpetua evolución, no cesa de modificarse.

¿Quién se equivoca? ¿El benévolo y aquiescente vecino de Carlos el Chacal que atiende a las necesidades de la comunicación global en un mundo diplomático organizándole por encargo al caudillo de cerebro nada académico un espectacular debut parisiense en el anfiteatro de La Sorbonne o el mismo Teodoro Petkoff cuando, refiriéndose a tan encumbrados Cicerones, comenta: “Se les supone gente de pensamiento pero en estos asuntos jamás piensan; lo de ellos es la proverbial fascinación del intelectual ante el hombre de acción. Si este es de izquierda o se dice tal, el orgasmo es múltiple”.[1]

La carestía en hombres de acción que cuadren con los ideales literarios de la revolución encarece aún más a los escasos especímenes que sobreviven. Si cuesta discernir en qué consiste hoy una revolución que se dice socialista y bolivariana, más difícil aún es dar con la definición del revolucionario, tan cercano al buen salvaje, como lo describiera magistralmente Carlos Rangel. Para qué hablar de aquellos “que son de izquierda o se dicen tales”. Fidel Castro domina solitario y patriarcal sobre un país en ruinas que perdió todo el contestatario brillo de sus épicos inicios. Ni siquiera le acompaña la poesía de cineastas iluminados o cantautores emblemáticos, como en los tiempos del Icaic, Pensamiento Crítico o Casa de las Américas. El hoy desolado paraíso de jineteras y balseros no puede dar de sí más que el añejo elixir de sones olvidados, que una banda de melancólicos nonagenarios pasea por los escenarios europeos para solaz de una generación que dejó la revolución en el desván de los viejos disfraces. Si se retirasen las inversiones turísticas españolas y Hugo Chávez dejara de alimentar al régimen con los más de 100.000 barriles de petróleo cedidos diariamente en condiciones tan desventajosas que muy probablemente causen su enjuiciamiento, Castro tendría que volver a invocar una vez más el espíritu numantino de su pueblo para aguantar tanta penuria. Para nuestros intelectuales, China se pervirtió en el altar del más aséptico y desaforado capitalismo. Gadafi o Sadam estaban demasiado cerca, fueron cruentos como visires de Las mil y una noches y –lo que es muchísimo más importante– no tuvieron el brillo de ese continente auroral de lo real maravilloso. ETA, otro esperpento al borde de la extinción, es demasiado sanguinaria, inescrupulosa y cobarde y sus acciones terroristas podrían golpear a la misma puerta de quien alaba tales acciones si tienen lugar en ultramar.  Entre nosotros, las guerrillas colombianas agonizan mientras hieden a narcotráfico, a delincuencia a gran escala y a carnicería terrorista, carentes de cualquier moral o ideología redentora. Ni pensar en Al Qaeda, purulenta y vengativa llaga en que degeneró la utopía musulmana. ¿Dónde encontrar a ese Sísifo idiota que nos redima de nuestras impotencias y nos vuelva a encender los rescoldos de mayo con sus piruetas de guerrillero heroico? ¿Qué es y en qué consiste una revolución hoy, travestida o no de marxismo leninismo?

 

2

Si los intelectuales franceses nos ponen la poesía, algunos profesores alemanes que ejercen in partibus infidelis pretenden ponernos las ideas. Desde