• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

¡Sí, se pudo! ¡Mauricio Macri presidente de Argentina!

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Un sueño, un deseo cumplido, una esperanza duramente perseguida y convertida en realidad por las mejores conciencias de la sociedad argentina: tras un batallar incesante e inclemente, las fuerzas del progreso, de la libertad, de la solidaridad y la conciencia liberal y humanista han logrado la proeza de derrotar a quienes, amparados en la imagen del primer caudillo de la modernidad argentina, Juan Domingo Perón, y escudados en los poderosos sentimientos del populismo, del clientelismo, del estatismo, la gran suma del rencor y del odio se habían hecho fuertes en los bastiones del Estado y prometían reinar por los siglos de los siglos.

Adiós los Kirchner. Adiós los piqueteros. Adiós las mafias. Adiós, por lo menos en uno de los principales países de la región, la nefasta, oprobiosa y devastadora influencia  del castrismo, instrumentado por el Foro de Sao Paulo. Adiós la odiosa manipulación de la justicia, el entramado de corrupción y negociados que amparó al terrorismo iraní y le asestó un tiro en la sien al fiscal Nisman. Adiós el chavismo y sus prácticas injerencistas de la mano del poderío petrolero.

Nos enorgullece haberlo previsto. El sorprendente resultado de la primera vuelta demostró que los argentinos estaban hartos del peronismo kirchnerista. Del socialismo mercantil y la manipulación totalitaria. Y que la mecha que había encendido la antorcha libertaria se extendería por los secos pastizales pamperos como una hoguera que volvería a encender la luz de la esperanza para América Latina. Una luz, como dijese la líder opositora Elisa Carrió, que ilumina la tenebrosa oscuridad que amenaza a la humanidad del futuro.

Para los pueblos de América Latina, una inmensa inyección de esperanza. ¡Sí se puede!, gritaban los seguidores de Macri escanciando los gritos de María Eugenia Vidal, la primera gobernadora de la provincia de Buenos Aires, que al destronar el imperio del peronismo sobre la principal provincia argentina durante más de treinta años abría el camino para la primera presidencia de un joven liberal sobre un país emborrachado de populismo.

A las 8:00 de la noche, hora de Buenos Aires, y escrutadas poco más de 10% de las mesas, Macri superaba a Scioli por 10%. Los comentaristas daban a Macri como el virtual vencedor de la contienda. Y encendiendo una luz sobre el futuro que le espera a la República, un comentarista de televisión dijo sin mayores aspavientos: “Muchos funcionarios tendrán problemas con la justicia”.

Dios así lo quiera. La decencia vuelve por sus fueros.