• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

La oposición en la encrucijada

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¿Por qué los partidos dominantes en la MUD, los rocambolescos aspirantes a dirigirla y sus candidatos dividen la propuesta de Luis Ugalde en dos partes, privilegiando la primera y castrando la segunda? ¿Elecciones sí, mil acciones de resistencia, de denuncia y de combate, no?

Los constituyentes no fueron miopes ni estrafalarios: comprendieron que ante una crisis que afecte la existencia misma de la Constitución Nacional, vale decir: el espíritu que regla y garantiza la existencia de la nación en el marco de un Estado de Derecho, debían dejar abiertos todos los resquicios y alternativas posibles para salvar su esencia en peligro. Incluso exigir y garantizar todas las acciones ciudadanas, como están contenidas en los artículos 333 y 350 de nuestra carta magna. El artículo 333 reza: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”. Por su parte, el artículo 350 establece: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”.

Demostrado hasta la saciedad que las condiciones para hacer uso de los derechos conferidos en ambos artículos han sido fehacientemente establecidas y reafirmadas en la teoría y en la práctica por el régimen imperante, ¿qué razón lleva a ese importante sector de la oposición democrática, en particular el constituido por Primero Justicia y Acción Democrática y cuyo vocero principal y candidato indiscutible es el gobernador Henrique Capriles Radonski, a ceñirse estrictamente a las contiendas electorales, obedeciendo las determinaciones del ministerio electoral del régimen y boicoteando todo cuanto en cumplimiento de los deberes y los derechos constitucionales lleven adelante los ciudadanos más conscientes de la patria?

¿Es imaginable un comportamiento semejante de parte del castrochavismo si la situación fuera la inversa y los gobernantes acorralados pertenecieran al bando democrático y pretendieran sostener un régimen en condiciones tan agónicas como aquellas por las que atraviesa el gobierno de Nicolás Maduro en estos mismos instantes? La respuesta fue dada el 4 de febrero de 1992: usurpando las armas de la república protagonizaron un sangriento golpe de Estado, desencajaron el Estado de Derecho, asesinaron dos centenas de inocentes ciudadanos, contaron con la complicidad del viejo establecimiento político, fracturaron el hilo constitucional y crearon las condiciones para asaltar el poder por la puerta franca de las elecciones presidenciales. Clausuradas para siempre desde ese mismo instante. Como el candidato Capriles lo sabe mejor que nadie. Así se cuide ocultarlo.

Es lastimoso y causa profunda vergüenza constatar el esfuerzo que hacen los jóvenes herederos de ese viejo establecimiento, seducido y estafado por el castrochavismo, para esgrimir las razones del enemigo. Y ello después de 14 años de devastación, violaciones, ruindad e incurias. Lo ha hecho recientemente en un artículo de ominosa ignorancia y escandalosas medias verdades el diputado suplente Pedro Pablo Fernández, quien asegura que es una falacia sostener que los regímenes comunistas no caen gracias a decisiones electorales. Como si ellos llegaran y se fueran en la paz de las boletas. Lenin ganó en octubre del 17 y perdió en noviembre del 88 por la pacífica y paciente acción de los votantes. Con lo cual se despacha de una tascada la siniestra y tormentosa historia política, bélica y social del siglo XX. Pero entrega argumentos para que los verdaderos interesados en el mantenimiento del régimen violen la Constitución e impidan el ejercicio que ella garantiza en su legítima defensa.

Ninguna de todas estas tartufadas tendría el menor interés si no afectasen a los partidos renuentes a enfrentar la dictadura y a sus militancias, si no abrieran las apetencias por altos cargos y nominaciones de una amplia gama dirigencial dispuesta a acomodarse con una dictadura potencialmente tan longeva como la cubana a cambio de acomodarse en los rincones del régimen tras unos curules, unas alcaldías y una gobernaciones. Incluso ministerios y hasta una presidencia compartida, si fuera el caso. Por no hablar de jugosas contrataciones con el Estado.

El hecho real y objetivo es que tras estas tartufadas se huele la connivencia de esa oposición con el régimen, el irrespeto a los anhelos y deseos más profundos de la ciudadanía consciente y responsable por recuperar la democracia y reconstruir la república. Entendimientos de trastienda que ocultan mezquindades, apetencias y la voracidad material propia del tiburonismo político que nos ha traído a estos abismos.

Son ellos quienes imponen la falsa disyuntiva de votar o no votar en las parlamentarias para impedir la verdadera alternativa: luchar o no luchar por Venezuela. En cualquier forma y bajo cualesquiera de los medios que nos garantiza la Constitución Nacional. Como bien lo señala Luis Ugalde en su artículo del jueves pasado en este mismo periódico: “Entre 2014 y 2015 nos jugamos el futuro. Las próximas elecciones parlamentarias son un hito clave para luchar por las condiciones realmente democráticas y con movilizaciones antes y después del triunfo. Pero ello debe ir acompañado de otras mil acciones de resistencia, de denuncia y de combate contra un modelo político y económico suicida, antidemocrático y anticonstitucional”.

¿Por qué los partidos dominantes en la MUD, los rocambolescos aspirantes a dirigirla y sus candidatos dividen la propuesta de Luis Ugalde en dos partes, privilegiando la primera y castrando la segunda? ¿Elecciones sí, mil acciones de resistencia, de denuncia y de combate, no? Sin respuesta satisfactoria no lograremos la ansiada unidad, potencialmente sembrada en 80% de los venezolanos que sufren los embates de la miseria: “No basta que 80% esté en desacuerdo con ese modelo, es necesaria una gran unión en la actuación de diversos demócratas, los de la oposición y aquellos del gobierno que han abierto los ojos desengañados con la miseria. Unidad más allá de bloqueos ideológicos, con más sentido pragmático orientado a producir una sociedad con justicia social, un gobierno honesto y eficiente con movilización de todas las fuerzas creativas”. Obviamente, sin falacias ni medias verdades.

Es nuestro desafío.

@sangarccs