• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

La oclocracia que nos devasta

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“Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas”.

Bolívar, 9 de noviembre de 1830.

Oclocracia. Del gr. ὀχλοκρατία ochlokratía. 1. f.

Gobierno de la muchedumbre o de la plebe. Real Academia Española

Resulta contradictorio que el gobierno venezolano que mayor cantidad de multimillonarios le ha regalado al mundo - varios ex oficiales del más bajo medio pelo y familiares o amigotes del teniente coronel que se apoderara de la franquicia de PDVSA y el Banco Central para irse a morir abandonado, trémulo, aterrado y desnudo sobre la desangelada camilla de una morgue habanera. Digo: familiares, amigotes y conocidos, consuetudinarios muertos de hambre devenidos en milmillonarios en euros, libras esterlinas o dólares gracias a una leve señal del Comandante Supremo. Tal como hiciera con sus padres, sus hijas y sus hermanos. Con esos esbirros de confianza tal el tuerto Andrade, Diosdado Cabello, Gorrín, Ruperti y los bolichicos,  entre muchos otros. Digo que es contradictorio que ese, el gobierno que parió multimillonarios,  haya sido un gobierno oclocrático, valga decir: un gobierno de la muchedumbre, de la turba, del lumpen, de la chusma, de los bajos fondos del vulgo venezolano. Desaparecido al cabo del desastre el apoyo de la muchedumbre, queda el rescoldo hamponil, el lumpenato marginal que la mantiene con vida. Según la última encuesta de Meganálisis, un poco más del 10% de los encuestados. Respaldada por esa ínfima minoría gobierna el sátrapa Nicolás Maduro. Desde luego: gracias a la complicidad o contubernio de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas al precio de una suculenta participación en el vil reparto. A esa satrapía y a ese lumpen restante se niegan a aplicarles la Carta Democrática los gobiernos de la OEA. En defensa de esa agonizante oclocracia realizan sus manejos los tres ex presidentes socialdemócratas encargados por la Unasur, el gobierno castrista y el Foro de Sao Paulo de impedir la caída de Maduro. Y el consiguiente cierre, para ellos, del grifo petrolero.

Ser rico es malo, apostillaba el emperador de los mendigos, mientras enriquecía hasta el hartazgo a parientes, vecinos y amistades. Ser pobre es bueno, ripostaba sarcástico y burlón, como el Joker de Ciudad Gótica,  mientras empujaba a su pueblo a la pobreza extrema. Jamás se sabrá quién acumuló más riquezas de la nada, si Fidel o Chávez. Pero desde luego que se sabe quién robó más y a destajo: dos de sus ministros presbiterianos aseguran que el entorno del Comandante que vendía arañitas corriendo pata en el suelo se birló no menos de trescientos cincuenta mil millones de dólares. Habría que revisar en Forbes cuál es la suma que acredita a los cinco hombres más rico del planeta. De Bill Gates y Carlos Slim, a Warren Burffett, Amancio Ortega y Larry Ellison. Lo he comprobado: es menor que esa.

En comparación con nuestro Tribilín, como llamaran en la escuela militar al loco Chávez, el multimillonario mexicano Carlos Slim debe ser una vulgar alpargata. Muerto, momificado o convertido en un muñeco de cera, bien hubiera merecido recibir el tratamiento de Tutankamón: ser revestido con gruesas láminas de oro y su sarcófago relleno de piedras preciosas. Para ser enterrado en una pirámide, por lo menos de cristal como la del Louvre, no en la cresta de un rancherío de muy mala muerte, hediendo a carroña y basurales.

Pero las oclocracias no saben de exquisiteces funerarias. Quieren hartarse, devorar, apropiarse de cuanto encuentran, arrasar con todo, forrarse en billetes y perder la visión de lo que poseen luego del expolio. Si un gobierno de salvación nacional, sabio, firme y patriótico, lograra recuperar todas esas fortunas robadas y reintegrarlas al erario nacional, sumándole el pago de los dineros dizque prestados a los gobiernos oportunistas, arribistas y asaltantes de nuestros bienes sin compromisos devolutorios, agregándole el justo pago por petróleo regalado – pienso en primer lugar en Cuba, pero no sólo en Cuba – tendríamos un sólido colchón monetario como para reiniciar nuestra andadura. No se sorprenda: todos esos gobiernos dicen ejercer el poder en nombre de los pobres, son de izquierda radical, ideológicamente marxistas, trotskistas y castristas. Todos, corruptos hasta la médula de sus huesos. Resuelto el problema de las venas abiertas de América Latina: llegado Chávez al Poder, se las blindó con platino.

La oclocracia se está muriendo. Que nadie cometa el imperdonable desliz de tenderle una mano. Le arrancarán el brazo.

@sangarccs