• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

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Antonio Sánchez García

Los malagradecidos

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Puede sonar a resentimiento, pero no puedo evitar hacerme la pregunta que me acucia desde hace 16 años. ¿Cuántos chilenos, cuántos argentinos, cuántos uruguayos de la izquierda que hoy gobierna a sus respectivos países y han lucrado de la chequera de la dictadura venezolana desembarcaron en las costas de la generosa democracia venezolana para refugiarse de la persecución y el odio de sus respectivas dictaduras? ¿Todos lo olvidaron?

Es una pregunta dolorosa y pertinaz, como una cuchillada. Una herida que no cicatriza.


Tres expresidentes, entre docenas y docenas de ex presidentes de las 20 repúblicas latinoamericanas, han asumido la valiente decisión de venir a dar su testimonio de solidaridad ante los demócratas venezolanos perseguidos por la dictadura castrocomunista de Nicolás Maduro: Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón. Comprensible en todos ellos, ejemplarmente democráticos durante los ejercicios de sus respectivos gobiernos. Pastrana, naturalmente, por los profundos vínculos de hermandad que unen a ambas repúblicas desde su misma constitución. Al extremo de que aún hoy cabe preguntarse por las razones que impidieran la conformación de una gran nación, sueño del Libertador de ambas naciones. De México, por la acendrada vocación independentista y democrática de nuestras naciones, la fuerte incidencia de sus componentes social-democráticos a lo largo de sus procesos políticos y la cercanía espiritual que nos une desde tiempos coloniales.

Pero así suene a indiscreción, y más allá del inmenso agradecimiento que le debemos a Sebastián Piñera, me pregunto ¿por qué la presencia de Chile no está garantizada por quienes representan a quienes sí le deben a Venezuela incluso su supervivencia, como el socialista Ricardo Lagos o el democristiano Eduardo Frei Ruiz Tagle? Es interminable la lista de socialistas, comunistas y democratacristianos chilenos que capearon el temporal de la dictadura al pairo de la generosa solidaridad de los gobiernos de socialdemócratas y socialcristianos venezolanos, hoy perseguidos por la dictadura de Nicolás Maduro. Quien fuera la máxima figura del socialismo chileno junto a Salvador Allende, Aniceto Rodríguez, ex presidente del PS, vivió todos los años de la dictadura pinochetista al amparo de sus pares venezolanos al extremo de que resulta difícil discernir si sus hijos son chilenos o venezolanos. En Venezuela vivieron y prosperaron junto con sus familias Sergio Bitar, ex presidente del PPD chileno, Gonzalo Martner, ex presidente del PS, Renán Fuentalba, ex presidente de la DC, Enrique Silva Cimma, ex alto dirigente del Partido Radical, socialdemócrata, ex contralor general de la república y ministro durante el gobierno de don Patricio Aylwin. De los gobiernos venezolanos vivieron o recibieron fuertes estipendios innumerables académicos y diplomáticos chilenos, hoy a la vera de la señora Michelle Bachelet. Guardan un notable y discreto silencio.

¿Dónde están todos ellos? ¿No saldarán jamás la pesada deuda que mantienen con los perseguidos por el castrocomunismo venezolano? ¿O esperan por un gobierno democrático venezolano para darse golpes de pecho y reafirmar que ellos jamás estuvieron de acuerdo con Hugo Chávez o Nicolás Maduro?

Puede sonar a resentimiento, pero no puedo evitar hacerme la pregunta que me acucia desde hace 16 años. ¿Cuántos chilenos, cuántos argentinos, cuántos uruguayos de la izquierda que hoy gobiernan a sus respectivos países y han lucrado de la chequera de la dictadura venezolana desembarcaron en tiempos siniestros en las costas de la generosa democracia venezolana para refugiarse de la persecución y el odio de sus respectivas dictaduras? ¿Todos lo olvidaron?

Es una pregunta dolorosa y pertinaz, como una cuchillada. Una herida que no ha cicatrizado.