• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

El 6-D ante el futuro

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Sobran aquellos que en el sufrimiento de estos tres lustros han anhelado dar con esa utopía: la Venezuela con la que soñaron nuestros mayores. Por mi parte, espero que en ella reluzcan caras nuevas, perfiles inéditos, ideas renovadas y proyectos para una gran nación llena de ambiciones. No me imagino ni quisiera ver en esos escenarios a los carcamales de la cuarta que hoy nos siguen mangoneando, intrigando y matoneando. Decidiendo por nosotros quiénes son meritorios de representarnos en la Asamblea, así no posean otro mérito que la obsecuencia para con el secretario general.

Venezuela se merece la grandeza. Hagámosla posible.

 

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El 11 de marzo pasado, con ocasión del encuentro de Panamá, refiriéndome a la nueva estrategia que parecía diseñarse en los círculos dirigentes de Cuba y el Departamento de Estado respecto de Venezuela, escribí: “Dicha estrategia parte del convencimiento que deben poseer los cubanos de que la unidad de la oposición es, por ahora, un sueño irrealizable. De que los factores tradicionales no muestran el menor interés en salir de la dictadura bajo las actuales condiciones, de que esperan por el inevitable colapso del régimen, momento para el cual pretenden asumir el liderazgo de un eventual retorno a la democracia bajo condiciones que podrían suponer una nueva forma de entendimiento nacional, que abarque tanto a las ya decadentes fuerzas democráticas y los nuevos factores hamponiles surgidos al calor del deslave chavista. Un híbrido de lo peor de la Cuarta y lo más representativo de la Quinta: la Sexta República”.

Y agregaba: “Extraño pronóstico, pero sustentado. Hablamos de salir de estos veinte años de tragedia limpios de polvo y paja, con una boliburguesía dueña de los medios de comunicación y las principales empresas del país que sobrevivan, con un socialismo estatólatra constituido por las fuerzas combinadas del PSUV y los viejos y nuevos partidos del sistema –AD, PJ, UNT y otros–, una ley de amnistía que limpie de asesinatos, narcotráfico, desfalcos, contrabandos y saqueos al generalato de la Fuerzas Armadas y conduzca a un sistema combinado grato a la Cuba castrista y a Estados Unidos posbloqueo.” 

Finalizando: “La Sexta República. Borrón y cuenta nueva. El propósito: un lavado de cerebro que haga de esta pesadilla un simple sueño de una noche de verano. ¿Serán delirios de la imaginación? El tiempo lo dirá”.

 

2

La irrupción de un nuevo papa con una nueva diplomacia vaticana, favorable a los entendimientos antes que a las confrontaciones y, en ese sentido, antinómica a la del papado de Juan Pablo II, que antes que plantear diálogos entre la URSS y los Estados Unidos se propuso y obtuvo el fin del totalitarismo soviético, ha venido a reafirmarnos en esa comprensión del eventual desenlace a esta crisis orgánica. Que a juzgar por los síntomas que reflejan las encuestas, avanza a marchas forzadas hacia un colapso inevitable, una crisis humanitaria, un crecimiento exponencial de los conflictos, un desencadenamiento de problemas internos tantos en el seno de las fuerzas oficialistas como en el de la oposición – MUD y SALIDA – y una desesperada búsqueda de acuerdos transicionales sobre la base de la hegemonía de AD y PJ en la MUD y del PSUV con Nicolás Maduro y/o Diosdado Cabello como factores determinantes del neochavismo.

Las cruciales elecciones del 6 de diciembre, una medición que pondrá al desnudo el punto de no retorno de la lucha política en nuestro país, nos indicará sin lugar a dudas cuál es el espacio de maniobra de oficialismo y oposición en vistas al futuro. Si se llegaran a cumplir los pronósticos indicados en las encuestas más serias y responsables, el 7 de diciembre comenzará el count down para el régimen. Afectado en su corazón legislativo. Pues salvo un descomunal fraude mediante, ese domingo seis de diciembre en la noche estaría sonando la campanada final  para Diosdado Cabello, quien debiera abandonar la presidencia de una Institución arrollada por el descontento, la indignación y la ira de la ciudadanía. Cabello terminaría pagando los platos rotos por Nicolás Maduro. Sin que tampoco salga indemne de una tormenta que hasta ahora se anuncia perfecta.

 

3

La crisis ha alcanzado tales honduras y la patología es tan generalizada y terminal, que no hay dakazo que valga. Cierto: hay barcos en Guanta, en La Guaira y en Puerto Cabello, con suficientes alimentos como para resolver la gangrena del desabastecimiento por un buen fin de semana. Pero la satisfacción de unas comidas dura lo que esos alimentos en ser digeridos y metabolizados. La falta de divisas es colosal y sin divisas no hay comida. Tan simple como eso. A lo que se debe agregar la pelea a cuchillos entre las pandillas del régimen por el desembarco y sus suculentas ganancias. No es el Estado el que compra, importa, transporta y desembarca: son los mafiosos de sus pandillas que cacarean a la sombra de las sinecuras de los poderosos, enfrentados por los despojos.

Con lo cual se demuestra una cruel ley del comportamiento de los protagonistas principales de las tragedias: caen víctimas de sus propias mezquindades, rencores, odios y ambiciones. 

Eso, respecto del oficialismo, puesto en tres y dos por las circunstancias. 

Lo que acontece en el seno de la oposición tampoco obedece estrictamente a la voluntad de los protagonistas. La MUD está constituida por una mesa de tres patas y media: AD, PJ, UNT y, a desgano pero obligada, VP. Con o sin el beneplácito del prisionero e Ramo Verde. 

A cuyo problema se suma el de COPEI, convertido en el gallinero de otra oposición a la deriva de sus ambiciones. Borrachos peleándose por la verde botella vacía. El cuadro general más parece un collage de Braque o una pinturita de Miró que un Pierrot de la época azul de Picasso. Apocalipsis de poca monta. Que Dios los salve.

 

4

Mientras esta opereta del esperpento se dibuja en la arena, en las gradas del circo romano el pueblo brama por echar la satrapía a los leones. A la revolución se la llevó, literalmente, quien la trajo. Está amortajada en el Museo Militar y ya huele a formol y creolina. Debe estar hecha polvo.

Nadie puede predecir el desenlace. Desde luego: sólo menguados intelectuales, así dispongan de doctorados summa cum laude, hablen hasta por los codos e incluso dominen idiomas y asesoren a los desechos del liderazgo, pueden tener el desparpajo de pensar en transiciones a la española o a la chilena.  España entró a la democracia de la mano de la mayor prosperidad que hubiera conocido la península en toda la historia del siglo. La llamada “industria sin chimeneas”, vale decir: el turismo, la había enriquecido como para dar inicio al mayor ciclo de su prosperidad. Como que la libertad y el entendimiento se convirtieron en bienes de consumo masivo. Y volviéndole la espalda a su familia del Tercer Mundo se integrara a Europa como a su hábitat natural. 

Chile inició su transición socioeconómica años antes de dar el salto hacia su transición política. La victoria del NO en el Plebiscito de octubre de 1988 estuvo condicionada por un pueblo que había dejado de pasar hambre y comenzaba a disfrutar de una auténtica prosperidad. Y como es suficientemente sabido: el hambre es el mejor aliado de las tiranías. Con el estomago lleno y el corazón contento, las ideas se las vislumbra con infinita mayor claridad que con ruido de tripas. Primero a hartarse, decía Brecht, luego viene la moral. 

La transición venezolana que, como hemos dicho, será inédita, es decir: propiamente venezolana, encontrará sus propias vías de desarrollo. Y pasará por un período prolongado de ajustes y acomodos hasta pisar tierra firme del lado de las instituciones y las normas. En el turbión de cuyo seno emergerá el futuro, posiblemente se extravíen personalidades y organizaciones, se reafirmen figuras emblemáticas de la moral pública y la decencia nacional, y se configure una sociedad que tantos de nosotros añoramos: libertaria, liberal, decente, culta y noble.

Sobran aquellos que en el sufrimiento de estos lustros han anhelado dar con esa utopía: la Venezuela con la que soñaron nuestros mayores. Por mi parte, espero que en ella luzcan caras nuevas, perfiles diferentes, ideas renovados y proyectos ambiciosos. No me imagino ni quisiera ver en esos escenarios a los carcamales de la cuarta, esa corruptocracia que sigue mangoneando, intrigando y matoneando. Venezuela se merece la grandeza. Hagámosla posible.