• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

El entendimiento

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“No hay más perdón que el olvido”.

 

Jorge Luis Borges

 

Sobran y son abundantes los testimonios de la angustia que causa la actual situación en los más diversos sectores sociales del país: civiles y militares, políticos, gremiales, académicos, religiosos. Pero sobra y son contundentes las pruebas de las furias homicidas que provocan esas angustias de antiguos socios y respaldos en quienes detentan el poder y no parecen decididos a seguir los designios de la inteligencia, obedecer la mayoritaria voluntad del pueblo y ceder el poder. A lo que un elemental patriotismo, sentido de responsabilidad y altura de miras obligarían.

Estamos al borde del precipicio. Las pruebas del encanallamiento, la miseria y la barbarie alcanzan niveles ya absolutamente intolerables. El país se mantiene sobre sus pies, gracias a la generosidad infinita de la Providencia. La acumulación de tensiones bordea la indignación y una chispa podría hacerlas estallar en un conflicto de dimensiones apocalípticas. Quien crea que los tiempos de la barbarie quedaron hundidos en los pantanales del siglo XIX no tiene más que mirar al Medio Oriente. Los barnices de la civilización, una vez resquebrajados, ceden ante el ímpetu del primitivismo originario. El animal salvaje que yace en nuestras profundas determinaciones genéticas habrá sido domeñado, pero constituye nuestro fundamento ancestral. La afirmación de Hobbes, según la cual la sociedad está fundada sobre los principios de la guerra de todos contra todos, acecha desde los profundos pliegues de nuestras pesadillas. En cualquier momento irrumpe sobre los diques de la conciencia y nos devuelve a las sombras del canibalismo.

Provocar esa chispa o amenazar a diario con encenderla solo puede ser ocurrencia de ambiciosos descerebrados, de traidores al servicio de los enemigos de Venezuela, de aprovechados servidores de la incuria y la violencia. Las ideologías ya no juegan ningún rol en el choque que promueven los enemigos de la patria. El pueblo quiere paz. El pueblo quiere seguridad. El pueblo quiere volver a sus viejas certidumbres. Lleva siglos demostrando que prefiere la convivencia a la guerra, el entendimiento a la confrontación, el progreso a la regresión. Sabe que solo la paz y la prosperidad permiten el ascenso social. Y que ver a un hijo de humilde cuna en las alturas de profesiones liberales es un orgullo incomparable. ¿O puede alguien ser tan avieso como para creer que a nuestro pueblo le gusta criar zánganos, hampones, asesinos, asaltantes, degolladores?

Más allá de la tolerancia ante lo absolutamente intolerable nos espera el entendimiento. Comenzando por el perdón, culminando en el olvido. Veo a generales de las Fuerzas Armadas que tuvieron un papel de primera magnitud en el golpe de Estado del 4 de febrero ofreciendo su mano generosa para sellar el pacto de entendimiento entre los viejos adversarios para sacar al país del atolladero. Debemos aceptársela. Veo a jóvenes intelectuales que abrazaron con idealismo y entusiasmo la magna empresa de llevar a cabo una revolución marxista, desencantados de la deriva autoritaria y contrarrevolucionaria de los oportunistas y corruptos que jamás profesaron ese entusiasmo y ese desinterés, dispuestos a entregarse al extranjero que pisotea la dignidad de la patria para satisfacer sus mezquinas ambiciones de riqueza. Hay que tenderles la mano. Veo a ex ministros dispuestos a demostrar la deriva de la “corruptocracia” que ha asolado al país desde la muerte del caudillo. Hay que escucharlos.

Es el momento del entendimiento. Es el momento de desbloquear las salidas. Es el momento de la magnanimidad. Pido la paz en esta guerra. Pido una tregua en la desesperanza. Pido la unión de todos, sin distinción de clases, de razas, de partidos, de colores. Pido el amor por nuestra patria en bien de nuestros hijos. En bien de nuestros nietos. La Venezuela que todos amamos espera por nosotros. No la defraudemos en esta hora crucial.

@sangarccs