• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

La encuesta Keller
El terremoto del liderazgo continúa

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Una cosa está clara: el 12 de febrero marcó un antes y un después de los liderazgos, un antes y un después en la aceptación de la desastrosa herencia dejada por el caudillo, un antes y un después en la aprobación de la representación política opositora.

La evolución de las cifras no da lugar a dudas: un terremoto sigue estremeciendo las bases de los liderazgos políticos venezolanos. En año y medio Henrique Capriles ha caído 15 puntos, Leopoldo López ha subido 11 puntos y María Corina Machado se ha empinado otros 14 puntos. Ledezma, que no figuraba, ya alcanza los 37 puntos. Capriles, que ocupaba un holgado primer lugar desciende al tercero; López sube del cuarto al primero; María Corina, del sexto al segundo.

A pesar, o posiblemente precisamente por estar preso, Leopoldo López no solo se ha escapado en punta, sino que es el único líder político nacional con un saldo positivo en la balanza agrado/desagrado. Cuenta con 6 puntos a su favor. Capriles, aparentemente su gran antagonista, cuenta con un saldo negativo de 13 puntos. Mientras 54% de la población le expresa su desagrado, solo 41% se inclina a su favor. El saldo en rojo de María Corina Machado es, hoy por hoy, solo de 7%, mientras el de Nicolás Maduro es de 30%. Quien por cierto sufre el mayor derrumbe: 22 puntos. Desciende del cómodo 55,8% con el que igualaba el primer lugar con su contendor inmediato, Henrique Capriles, al módico 33%, con el que supera solamente a Ramón Guillermo Aveledo, en retirada, y a Diosdado Cabello, el político más rechazado del país y a quien el rechazo triplica la aceptación: 68% a 27%. En la escala de los repudiables, solo puede ser comparado a su conmilitón Nicolás Maduro, a quien 63% del país no quiere ver ni en pintura, el doble de quienes no le hacen asco a sus cadenas: 33%.

Falcón, el honroso cuarto lugar de las preferencias, a 2 puntos de Antonio Ledezma, ha sabido conservar incólume las preferencias que tenía hace año y medio: un sólido 39%. Si bien su saldo en negativo asciende a 12%, un punto menos que su compañero de fórmula, Henrique Capriles. En el campo enemigo, Jaua se mantiene en el cuarto lugar, pero el desplazamiento de las preferencias lo ha castigado, descendiendo 12 puntos en las preferencias ciudadanas. Baja de 52,8% a un seco 40% de popularidad. Con un saldo en rojo de 15%.

El hecho más notorio y perfectamente explicable es el estrepitoso derrumbe de Nicolás Maduro, que se precipita del primero al octavo lugar, duplicando el porcentaje de rechazo el de su tímida aprobación. Tiene, para su fortuna, al interior de su partido, 6 puntos de ventaja sobre el décimo de la lista, el sujeto a quien la encuesta de Keller del tercer trimestre que comentamos y acaba de salir del horno declara sin medias tintas como el político más aborrecido de la pizarra de los mandamases.

Para la dupla más aborrecida del país –sin contar lo que las encuestas debieran informarnos de otros serios candidatos a tal designación, en uno y otro bando– esa caída espectacular en la cualificación de los venezolanos es mero aunque fiel reflejo de lo que ha sucedido con la valoración del gobierno que pergeñaran ambos conjuntamente con los hermanitos Castro. Según la misma encuesta Keller, proverbialmente respetada desde hace décadas en el universo político nacional, 73% de los venezolanos, incluidos todos los colores políticos, considera que “Maduro perdió el rumbo”. 80% da por hecho la necesidad de un cambio, 56% propicia solicitarle su renuncia –de entre ellos, 92% de los opositores más rudos y 72% de los opositores moderados– y solo 37% se muestra dispuesto a seguir calándoselo.

Estamos ante el clásico caso de la dilapidación de la herencia por parte de un heredero tarambana: a pesar de los inmensos pesares, la imagen de Chávez continúa contando con 62% de simpatías; Maduro baja en el mismo período de 53% al 33% del agrado. Va, dicho en el más coloquial de los lenguajes, francamente palo abajo.

Son expresiones de notables transformaciones en el sentir popular que muy difícilmente podrán ser respondidas favorablemente por quienes comienzan a perder el respaldo popular. No quisiéramos imaginar las respuesta imaginables a preguntas sobre el grado de aceptación de otros líderes opositores, la credibilidad del CNE, el respaldo a la MUD, la decisión de participar en el próximo proceso electoral, las opiniones sobre abastecimiento, inflación, seguridad, sanidad pública y las expectativas a mediano plazo de quienes ven con horror la devastación que pica y se extiende.

Una cosa está clara: el 12 de febrero marcó un antes y un después de los liderazgos, un antes y un después en la aceptación de la desastrosa herencia dejada por el caudillo, un antes y un después en la aprobación de la representación política opositora. El barco ha cambiado el rumbo. Ya no se dirige a donde iba. Tampoco sabemos aún hacia dónde se dirige. Ni quién asumirá el timón. Comienzan a hacer mutis los viejos responsables. De los nuevos, salvo la escapada ominosa de algún bucanero, todo está abierto.

Así son las cosas.

@sangarccs