• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

El desastre

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Daría mi vida por estar profundamente equivocado y creer que Venezuela no es esta inmundicia en que sus peores habitantes la convirtieran. Esta fétida putrefacción de la que nos hablaba desde el foro de la SIP el Nobel Mario Vargas Llosa. Sin excluir de la debacle regional ni siquiera a Lula, al que hasta no hace mucho tiempo solía alabar por representar los nuevos aires democráticos del subcontinente. Estaba profundamente equivocado. Nadie es perfecto.

 

Leo una larga y enjundiosa entrevista con Arturo Cifuentes, un experto chileno en finanzas con larga experiencia en investigación y estudios de escenarios económicos en importantes organizaciones internacionales y una pasantía de largos treinta años en Estados Unidos, único chileno invitado en dos ocasiones a declarar ante el Senado norteamericano en asuntos de su competencia. Entrevistado por el Pulso, un medio de la red dedicado a temas económicos, aclara: “Yo me considero un liberal en el sentido clásico del término, voté por Andrés Velasco (centro-izquierda independiente) y por tanto no soy una persona de derecha. Aclarado lo anterior, yo creo que Chile se jodió por los próximos 10 años. Puede que algo se arregle, pero lo que pasó con este gobierno es extraordinariamente grave”.

Aclarado el contexto, viene la explicación: “Aquí llegó un gobierno de gente muy mediocre en puestos claves y muy mal preparada con cosas muy improvisadas y trató de hacer muchas reformas al mismo tiempo y eran todas malas… Además, todas las reformas que este gobierno ha impulsado, junto con ser malas conceptualmente, han estado mal implementadas, lo que le agrega una dimensión extra al tema”.

Entendámonos: Cifuentes se refiere al segundo gobierno de Michelle Bachelet, que debía expresar lo mejor de la Concertación, con sus mejores hombres. Con una salvedad que eriza los pelos: este segundo gobierno de la Bachelet es un gobierno de una Concertación devaluada cuyo propósito ha sido enterrar el legado de la otra Concertación, con un cambio trascendental de su eje político que desterró al centro político y a sus mejores técnicos y profesionales a la cola del tren ejecutivo y puso en la locomotora a los activistas de la extrema izquierda del espectro socialista y al Partido Comunista, empujados al primer plano del activismo progre por los aires del castrochavismo, decidido a rebobinar la historia en cuarenta años para aterrizar en el pasado de la Unidad Popular. Echando por la borda “lo que Chile logró desde la época de la dictadura militar hasta hace dos años” que, “en términos de progreso, es extraordinario”. Mayor y más sistemático esfuerzo de automutilación, imposible. Así la batuta la lleva una señora simpaticona con cara de buena gente. No todo lo que reluce es oro.

Si Chile ha recibido en tan solo estos dos años de errores cometidos por gente pretendidamente seria un atentado a la línea de flotación de su extraordinario despegue y progreso económicos, que puso al país en el umbral del primer mundo, podemos imaginarnos lo que representa la devastación apocalíptica llevada a cabo sistemáticamente por Hugo Chávez y sus militares corruptos al frente de la marginalidad intelectual y política del país durante dieciséis años de desastres sistemáticos. En mano de la chapucería, el aventurerismo, la voracidad y la supina ignorancia de los comunistas venezolanos y el izquierdismo radical de sus hermanos menores. Si Chile no se recuperaría en diez años de un rasguño a sus grandes logros, ¿cuántos demandaría volver a reflotar la devastada economía venezolana y qué medios, instrumentos y fuerzas organizadas serán necesarias? ¿Existen? Responda con su sincera opinión. Y preparase a calmar sus angustias depositando un voto el 6 de diciembre. Que para más, no les da a los sedicentes liderazgos.

Envidio a mis nietos, porque si se diera el milagro de que surgiera en Venezuela un auténtico liderazgo: renovado, lúcido, valiente y capaz; si aparecieran mágicamente por bambalinas unas fuerzas armadas depuradas, honestas, decentes e incorruptibles; y si ese liderazgo y esas fuerzas armadas pudieran unirse tras un proyecto histórico nacional y patriótico capaz de ser llevado a la práctica cueste lo que cueste para extirpar del país el mal de la marginalidad, la criminalidad, el clientelismo, la corrupción, el populismo y el dolce far niente de millones de seres acostumbrados a vivir echados al pie de la vaca petrolera, puede que algún día para mi generación demasiado lejano, cuando una colonia multinacional habite en Marte y la Luna esté en trámite de hacerse habitable, Venezuela vuelva a esos tiempos de hace tres cuartos de siglo, cuando los notables, los militares golpistas y los castrocomunistas del patio impidieran que Carlos Andrés Pérez pusiera el país a valer.

Daría mi vida por estar profundamente equivocado y creer que Venezuela no es esta inmundicia en que sus peores habitantes la convirtieran. Esta fétida putrefacción de la que nos hablaba desde el foro de la SIP el Nobel Mario Vargas Llosa. Sin excluir de la debacle ni siquiera a Lula, al que hasta no hace mucho tiempo solía alabar por representar los nuevos aires democráticos del subcontinente. Se equivocaba profundamente. Nadie es perfecto.

@sangarccs