• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Al borde del despeñadero

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¿Sobre qué fuerzas descansa Maduro que le permitan rehuir la exigencia histórica, ya convertida en desesperado reclamo popular, de actuar con la más mínima y elemental cordura, renunciar y dar paso a una solución de emergencia a la grave crisis que nos tiene al borde del despeñadero?

Esas fuerzas, que ya no lo son pues se enfrentan a la única verdadera fuerza, la de la mayoría soberana, son tres: Raúl Castro y sus fuerzas de ocupación, en primer lugar; el Estado Mayor de la Fuerza Armada Nacional, en segundo lugar; y las pandillas blindadas tras el PSUV y su representación en la Asamblea Nacional, en tercer y último lugar.

Dichos factores se encuentran profundamente entrelazados por dos intereses básicos: el usufructo y saqueo del erario y la disposición para sus negociados de las instituciones del Estado, por una parte. Es el factor estrictamente crematístico y material, afianzado por los lazos de la corrupción. Y la auto defensa ante las consecuencias jurídicas y legales, nacionales e internacionales, que ocasionarían necesariamente una pérdida del Poder, secuestrado a título de rehén del narcotráfico, el castrocomunismo y las mafias.

Imaginemos unos secuestradores sorprendidos in fraganti en el interior de la vivienda asaltada, rodeados por las fuerzas policiales y el vecindario dispuesto a tomarse la justicia en propia mano. Conscientes de que han fracasado las negociaciones para la entrega suya y de sus rehenes, y conscientes de que les espera la cárcel, la pérdida de sus bienes y posiblemente la muerte, saben que el juego se ha acabado. ¿Qué hacer?

Sospecho que de los tres factores mencionados, el verdadero dueño de la situación es Raúl Castro. Si lo puede sospechar un simple mortal como quien esto escribe, siguiendo las señales del nacimiento político y muerte biológica de Hugo Chávez, así como la decisión de poner de sustituto a uno de sus agentes, Nicolás Maduro,  ¿es imaginable que lo ignoren el presidente Obama y el papa Francisco, empeñados en conciliar acuerdos con la tiranía cubana? Desde luego, el secretario general de la OEA también lo sabe. ¿Lo saben las cancillerías de los gobiernos que forman parte de la OEA? El presidente Mauricio Macri ha dado pruebas suficientes de saberlo y querer proceder en consecuencia. ¿Lo saben Michelle Bachelet y Dilma Rousseff? ¿Lo sabe Ban Ki-moon, tan empeñado en respaldar a los palestinos y acorralar a Israel?

¿O es que todo el mundo está empeñado en que Venezuela reproduzca metafórica y realmente el ciclo de la vida y la muerte del nefando teniente coronel causante de este Apocalipsis? Es decir: sufrir un tumor canceroso y en vez de tratarlo en centros verdaderamente especializados de Brasil o Los Estados Unidos dejarse acuchillar por los esbirros quirúrgicos de Fidel Castro para asegurar el valor de su cadáver?

El segundo factor, aunque el primero si en lugar de seguir dependiendo de factores externos optamos por tomar la resolución de esta tragedia en propias manos, es la Fuerza Armada Nacional. La que lleva diecisiete años lavándose las manos del saqueo piratesco y la entrega de nuestra soberanía arguyendo, desde tiempos de Raúl Isaías Baduel, un respeto sacrosanto a la Constitución. Una argumentación tan falaz como el sedicente respeto a la Constitución, pues ¿quiénes la han irrespetado hasta el cansancio sino Hugo Chávez, Nicolás Maduro, el PSUV y todas las instituciones del Estado, particularmente el sistema judicial y la Asamblea Nacional? Desde luego: no ha sido el respeto constitucional el que ha inhibido la actuación en derecho, precisamente constitucional, de la FAN. Ha sido la burda e insólita complicidad de sus altos mandos con el sistema de saqueos, estupros, robos y narcotráfico con los que han sido recompensados. Y ello, como muy bien se los enrostrara el presidente de la Asamblea Nacional Dr. Henry Ramos Allup, desde el ominoso Plan Bolívar 2000, que les permitiera embolsarse a sus principales responsables, que han estado en libertad durante todos estos diecisiete años, la friolera de 2.000 de dólares.

De allí la lógica y urgente interrogante que habrá que hacerse: ¿están dispuestos los altos mandos de la FAN a dar un paso al frente para obedecer la voluntad popular, soberana, constitucional del pueblo venezolano y sacar del poder a quien, además de haber demostrado ser la peor figura que ha ocupado, por las buenas o por las malas, la presidencia de la República en doscientos años, no ha logrado demostrar fehacientemente haber nacido en territorio nacional?

El tercer factor está profundamente imbricado con los dos anteriores: por intereses crematísticos, por ideología y por instinto de auto conservación, pues todos, además de sentirse, creerse o considerarse castrocomunistas y devotos servidores de Fidel y Raúl Castro – primer factor - , llegaron al poder en brazos del golpismo de la Fuerza Armada Nacional – segundo factor -, se subieron al tren del teniente coronel, siguieron su voluntad de entregarse a los Castro y se han enriquecido hasta el hartazgo bajo la dirección del segundo hombre del régimen, que hoy por hoy los dirige: el capitán golpista y multimillonario Diosdado Cabello. Hablamos del PSUV. Tercer factor.

 

 

 

Aclarado todo lo anterior vuelve a urgirnos la pregunta acerca de si esos tres factores están dispuestos a dejar el Poder. La respuesta no puede ser más inequívoca: por propia voluntad, jamás. Es la profunda, la irreparable diferencia que distingue a esta dictadura de la de los generales del Cono Sur, Pinochet y Videla a la cabeza. ¿Entonces?

Contra esos tres factores que sustentan la existencia de un régimen moribundo, ha emergido el verdaderamente más poderoso de los que hoy disputan el control del Poder para dar paso a la transición definitiva a la democracia: el pueblo soberano, unificado tras la única institución democrática que ha emergido en estos diecisiete años: la Asamblea Nacional. Sus partidos, sus dirigentes y la Mesa de Unidad Democrática, que los coordina.

Lógica y naturalmente decidida a no dar un solo paso fuera de lo que determina la Constitución Nacional y a actuar en el más irrestricto respeto a la voluntad soberana, pacífica y electoral que impera en el seno del pueblo constituyente, ese factor seguirá acumulando fuerzas hasta poner a los otros tres factores entre la espada y la pared. De ellos, es de esperar que la FAN, sobre el telón de fondo del Estatuto de Roma,  termine por decidir si se hunde con Cuba y el castrocomunismo, o vuelve a los nobles orígenes de su existencia. Todo depende de ella.