• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Hacia el barranco

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Sin duda: en la circunstancia, el proceso electoral agudizará las contradicciones, provocará frustraciones y volverá a poner de relieve la inconsistencia existencial de los liderazgos dietéticos. Poco importa: las fuerzas que empujan al barranco son muy profundas y el parto es inexorable. Hasta hoy no existe sociedad humana que haya cargado un embarazo irresuelto. Manos a la obra: a aprovechar la circunstancia electoral para azuzar el parto. Es la tarea del momento.

La encuestadora de Alfredo Keller, una de las más respetadas, prestigiosas y verosímiles del mercado, ha venido señalando de manera sistemática, como un fiel retrato en movimiento de la realidad sociopolítica venezolana, la abrumadora pérdida de respaldo y credibilidad del gobierno y, lo que marca un giro copernicano en la percepción general de todos los estratos sociales de la población venezolana, también de Chávez y su régimen, cuya última verdad fue la imposición en contubernio con Fidel y Raúl Castro de uno de los agentes de Cuba en Venezuela, el ex sindicalista de sospechosa procedencia, Nicolás Maduro. Para terminar de blindar el régimen dictatorial y soldar la subordinación política y militar a la tiranía castrista.

De la herencia de 50% de respaldo legado por Chávez, Maduro ha dilapidado en dos años más de la mitad de ese capital político. Hoy, ocho de cada diez venezolanos lo culpan del desastre que sufrimos. Y si en el interior del chavismo se ha impuesto una ruptura existencial entre su adhesión al caudillo y el rechazo a su heredero, que entre los sectores más duros del chavismo ya alcanza las cotas del rechazo y el odio, comienzan a asomarse tímidamente quienes culpan a Chávez por la pesadilla reinante.

En otras palabras, y al margen del provecho político que la oposición dominante –todos los partidos agrupados en torno a la MUD– le saque o no le saque a este hecho de incalculables proyecciones, el chavismo, con Maduro y sin Chávez, e incluso con él, va derechamente al barranco. El ciclo abierto con platillos, pífanos y fanfarrias el 4 de febrero de 1992 está en desbandada. Y ello al margen de los resultados concretos que ocurran en esta tierra de nadie del próximo proceso electoral.

De asomar la cabeza por sobre el rastrero nivel electoral y poner la mirada en las alturas estratégicas del devenir de Venezuela, caminamos por el filo de la navaja. Pues de confirmarse los más sobrios y objetivos pronósticos, la clave del futuro no se resolverá el 6 de diciembre. Puede incluso que, en medio del desconcierto opositor y el dictatorial manejo del gobierno en agonía terminal, salgamos tablas. La oposición obtiene una victoria pírrica de una mayoría de votos que no se traduce en mayoría calificada en la asamblea y el régimen obtiene otra victoria pírrica de ganar un segundo aire antes del inevitable colapso. Si bien, como decía Homero, “los molinos de los dioses muelen despacio”, las leyes de la dialéctica histórica aceleran inexorablemente la resolución de la crisis, que con casi absoluta seguridad no será tan pacífica, caballerosa y dieciochesca como quisieran los viejos administradores de los decadentes partidos del sistema.

Pues del mismo modo que se derrumban los cimientos del chavismo-castrismo-madurismo, aumenta exponencialmente el número de quienes anhelan algo muchísimo más importante y valioso que simplemente desalojar a la pandilla de mafiosos que usurpan el poder de Venezuela. Y se acrecientan los anhelos por llegar a otro escenario que a una sexta república, la cohabitación o el contubernio entre los viejos sectores del chavismo con los viejos sectores de la oposición, que parece animar a los poderes fácticos que quieren cocinar la tortilla de la transición sin romper los huevos de la receta. Empresa en la que parecen empeñados los tres mosqueteros de las alianzas: Obama, Raúl Castro y Jorge Bergoglio.

Sin duda: en la circunstancia, el proceso electoral agudizará las contradicciones, provocará frustraciones y volverá a poner de relieve la inconsistencia existencial de los liderazgos dietéticos. Poco importa: las fuerzas que empujan al barranco son ultrapoderosas y el parto es inexorable. Hasta hoy no existe sociedad humana que haya cargado un embarazo irresuelto. Manos a la obra: a aprovechar la circunstancia electoral para azuzar el parto. Es la tarea del momento.   

 

@sangarccs