• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Política y criminalidad

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Solo espero que el pandillismo gansteril que se ha apropiado del Estado extendiendo sus tentáculos a sus dirigencias haya encontrado en las sanas militancias de base y en la sociedad civil opositoras un muro de contención insalvable. La esperanza es lo último en perderse.

La historia del Estado fascista “es la historia de las luchas entre bandas, pandillas y grupos delictivos”. Theodor Adorno, Reflexiones sobre la teoría de clases.

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En 1940, recién instalados en Estados Unidos escapando del nazismo, las dos cabezas más ilustres de la Escuela de Frankfurt y fundadores de la llamada Teoría Crítica –Theodor Adorno y Max Horkheimer– se hicieron a la tarea más importante y de mayor envergadura de sus vidas tras la instalación del Institut für Sozialforchung: la fundamentación de una nueva filosofía para la interpretación de la realidad de los nuevos tiempos. De una parte, el capitalismo posindustrial, y de la otra, el totalitarismo, tanto el soviético como el hitleriano. Su primera y más deslumbrante concreción sería Die Dialektik der Aufklärung, La Dialéctica de la Ilustración. Como se lo escribiese Adorno a Horkheimer en una carta del 10 de noviembre de 1941 en que le adelanta algún fragmento que serviría de arranque a la redacción definitiva de la obra: “Esencialmente se refiere a la dialéctica de la Ilustración, o a la dialéctica de la cultura de la barbarie”. Pues, al cabo de dos siglos del más deslumbrante despliegue de la cultura, el racionalismo y el enciclopedismo, el auroral Siglo de las Luces, la Ilustración o el Iluminismo, habían arribado a la aterradora conclusión de que detrás de ese deslumbramiento especular yacía, se incubaba y se alzaba como un gigante devorador la sombra omnipotente de la barbarie. Provisto ahora de una razón inmanente, la burocratización del Estado, la tecnología del poder total.

Se servirían tanto Horkheimer como Adorno, en lo fundamental, de la herencia marxista, particularmente de los escritos de juventud o Jugendschriften de Karl Marx, filosóficamente revisados y analizados por uno de los más brillantes intelectuales húngaros que hacía vida en Alemania cerca del Instituto desde su fundación en la Universidad de Frankfurt am Main a comienzos de los años treinta, en su extraordinaria obra temprana Historia y conciencia de clases, Georg Lukács. Si bien la experiencia directa del fascismo italiano y del nazismo alemán los había llevado a la conclusión de que los conceptos de clase social y el de lucha de clases ya no respondían a la descripción viva y actual del proceso de desarrollo del capitalismo posindustrial y las sociedades totalitarias.

Refiriéndose a los nuevos sistemas de dominación del capitalismo, tanto en Alemania como en Italia, Adorno se ve enfrentado a la necesidad de dar cuenta de un fenómeno inédito en la historia europea moderna, que lo obliga a plantearse una nueva teoría que llamó “teoría de las bandas delictivas”: “No fueron las leyes del trueque –escribe Adorno en sus Reflexiones sobre la teoría de clases– las que condujeron a la más reciente forma de dominación, como la forma históricamente adecuada para la reproducción de la sociedad en su totalidad en la etapa presente, sino que la antigua forma de dominación había entrado en algún momento en el aparato económico, para, una vez que lo dominara por completo, destruirlo y facilitarse la vida. En una abolición de las clases de este tipo, la dominación de clases llega a sí misma. La historia, según la imagen de la última fase económica, es la historia de los monopolios. Según la imagen de la usurpación manifiesta llevada a cabo actualmente por los líderes el capital y del trabajo en concordancia, ella es la historia de las luchas entre bandas, pandillas y grupos delictivos”. Otro alemán cercano al Instituto, Bertolt Brecht, le daría un discurso dramático: el Teatro del distanciamiento.


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Urgencias de los tiempos impidieron que Adorno y Horkheimer se hicieran al difícil y complejo trabajo de acumular aparato crítico y suficiente literatura y documentación económica estadística –estaban bajo la presión del pragmatismo positivista norteamericano–, sociológica e histórica probatoria como para desarrollar esa genial iluminación sobre un aspecto crucial de los procesos de acumulación y reproducción ampliada de capital bajo la hegemonía de fenómenos totalitarios, cuando la política se impone sobre las leyes del mercado y el gansterismo, las mafias y el bandidismo se imponen, al abordaje y manu militari, sobre la propia dinámica de los procesos económicos y los férreos controles de las instituciones del Estado, convertidas en casinos y bodegas de acopio de gigantescos montos de dinero con los que, desde dentro del Estado y en un insólito proceso de autofagocitosis, una cúpula pandillesca saquea los bienes de la nación y procede, mediante el acorralamiento, la extorsión, la persecución, la cárcel y el asesinato a recomponer las relaciones de propiedad, a desplazar a una burguesía por otra, fundada en el expolio, y sobre esas bases reestructurar los grupos dominantes y sus bases económicas.

Es lo que hemos visto en Venezuela desde el momento mismo en que las pandillas militares, bajo la astuta e inclemente mirada del caudillo –el Führer–  asaltaran el Estado y constituyeran una nueva élite económica, brotada prácticamente de la nada y se hicieran de bancos, compañías de seguros, líneas aéreas, haciendas y empresas importadoras, tras haber penetrado todas las capas y segmentos de la sociedad, haber destruido la vida económica de la nación y haberse hecho la vida fácil apropiándose de paso, mediante el robo o la compra corruptora, del complejo comunicacional de la nación. Previa putrefacción del cuerpo social mediante el pandillismo callejero, aviesamente promovido, desarrollado y exacerbado desde las propias instituciones del Estado.

Fue la forma como los fascistas italianos y los nazis alemanes llevaron a cabo su proyecto de dominación universal. Con una diferencia significativa respecto de la dominación del fascismo latinoamericano: Perón, Castro y Chávez. Mientras aquellos permitieron el saneamiento y crecimiento de sus economías impulsadas por la guerra, resolviendo los problemas estructurales de sus economías nacionales –desempleo generalizado y altísimas tasas de inflación– estos últimos saquearon, devastaron, redujeron las economías nacionales a cenizas y se sentaron a disfrutar del poder sobre una pobresía amamantada con los restos y migajas del expolio, una clase media destrozada y una oligarquía de propietarios reducidos a convivir con el régimen y sumarse a la pandilla, vender sus propiedades a precio de gallina flaca o dejárselas expropiar por la fuerza o emigrar. Sin el más mínimo interés en permitir el crecimiento económico de sus países.

¿Qué son los grupos de poder económico y político de Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Nicolás Maduro, José Vicente Rangel, Jesse Chacón, Jorge Arreaza, y sus testaferros civiles y militares como José Zambrano, Torres Ciliberto, Rodulfo Cirilo, Alejandro Andrade Cedeño, Tareck El Aissami, Hugo Carvajal, Eudomaro Carruyo, William Ruperti, Rafael Sarría y tantos otros que ilustran la historia de las mil y una noches de las riquezas deslumbrantes de pandillas enriquecidas en tiempo récord sino miembros conspicuos que han venido a actualizar la teoría de las bandas delictivas que constituyen el nuevo entramado del capitalismo gansteril o socialismo del siglo XXI que han llegado para asombro y terror de una sociedad rica en petróleo que, soportada por un crecimiento exponencial del precio del crudo y el control absoluto y totalitario de las instituciones contraloras han permitido el surgimiento, emergencia y explosión de fastuosas riquezas logradas al amparo de la complicidad del caudillo, exactamente como sucediera en la Italia de Mussolini y en la Alemania de Hitler?


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A estas alturas de la devastación generalizada del aparato productivo, reducida la economía nacional a economía de puertos, arrasados el campo, el comercio, la industria, al borde del default y la bancarrota del Estado y la declaración de insolvencia frente a la cuantiosa deuda externa, ¿cuán posible es el cambio, el retorno o la reconstrucción de la economía nacional como para aceptar las propuestas del régimen al sector político y empresarial aún subordinados a sus determinaciones? ¿Está el gobierno de Nicolás Maduro y, con él, todo el aparataje político del régimen en capacidad de sacar a flote la economía nacional, como pretenden algunos dirigentes opositores? ¿O se encuentra en un callejón sin salida, como acaba de afirmarlo en un brillante artículo la periodista Jurate Rosales?  (linkis.com/www.vozveraz.com/opi/CycaO)

Preguntas todas de naturaleza más tecnocrática que política, si es que ambas esferas son realmente disociables. La respuesta propiamente política, a la que aquellas debieran subordinarse, apunta en otra dirección: ¿cuán veloz es el proceso de hundimiento de la economía venezolana en los abismos de la bancarrota? ¿Cuánto espacio de maniobra tiene el régimen para mantener la ficción de su funcionamiento? ¿Cuán irreversibles son los daños al tejido económico de la nación y cuán acelerado su deterioro como para sentarse a esperar por un traspaso de gobierno y responsabilidades –si ello fuera imaginable en una derrota por forfeit– como para desentenderse de la tragedia y posponer toda acción a eventuales elecciones respecto de las que ni siquiera se puede tener certeza irrebatible de que se llevarán a cabo? ¿Debe esperar la sociedad venezolana consciente del mal y única capaz de enfrentarlo a que la sociedad venezolana alcance los niveles de devastación de la sociedad cubana? ¿Cuál es la relación proporcional del tiempo de espera electoral con el tiempo de fortalecimiento autosustentado de la devastación? ¿Hasta cuándo es posible e imaginable que haya tiempo suficiente como para desalojar las pandillas, sanear la contaminación y putrefacción institucional y recuperar una sociedad saneada? ¿Es mensurable el tiempo generacional para imaginarse una Venezuela limpia, incontaminada, productiva y en franco proceso de crecimiento en valores clásicos de la modernidad, como la educación, la prosperidad, la salud, la riqueza, todo ello en nuestro horizonte histórico inmediato?

Todas son preguntas de extrema gravedad, sin posible respuesta. Solo espero que la criminalización que afecta al poder no haya afectado aún a la oposición. Y que las pandillas y el pandillismo gansteril que se han apropiado del Estado y la economía venezolanos y ya habrán extendido sus tentáculos a las dirigencias hayan encontrado en las sanas militancias de base y en la sociedad civil un muro de contención insalvable. La esperanza es lo último en perderse.


@sangarccs