• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Pompeyo Márquez: “En Venezuela puede ocurrir cualquier cosa…”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cerrarse por principio a cualquier vía sería un gravísimo error político. La historia no pide permiso para abrirse paso hacia los fines de la libertad. Aprendamos de Chile, de España. Hay que abrirle los brazos al futuro. Pero ninguna vía será viable sin una condición sine qua non: la unidad. Si tuviera fuerzas saldría a gritarlo a todo pulmón y a los cuatro vientos: ¡Unidad!

 Lúcido, dueño de un poderoso intelecto, sabio como un estadista de nación, disfrutar de una conversación con Pompeyo Márquez, sobreviviente a sus 93 años cumplidos de todas las batallas, y posiblemente el venezolano más estelar que sobrevive de la historia de venturas y desventuras de lo mejor que haya realizado el pueblo venezolano en sus doscientos años de historia, la democracia de Puntofijo, conmueve y apasiona hasta las entrañas. Una vida sin descanso, entregada con auténtica pasión a los avatares políticos de su Patria –para él siempre soberana, única y con mayúsculas, como una madre– lo encuentran atribulado por los naturales quebrantos, que desafía con ese humor maravilloso que lo caracteriza: lleno de gracia, de savoir faire, de sabia ironía. Un hombre de una integridad envidiable, de cuya boca jamás saldrá una mala palabra o un mal pensamiento, que desmiente en su comportamiento existencial el acierto schmittiano según el cual la política es la relación amigo-enemigo. Pompeyo no conoce de enemigos. Tiene los brazos abiertos y un entendimiento prodigioso del que nadie está excluido. Si los achaques no lo tuvieran en brazos de la providencia, sería el hombre perfecto para rescatar a nuestra Venezuela de sus abismos. Sin exclusiones, pero con un amor incombustible por su Venezuela amada.

Intrigado por unas declaraciones del periodista cubano Alberto Müller, autor del libro Che Guevara. Valgo más vivo que muerto, que aventura juicios sobre la decisión del Che Guevara de irse a Bolivia, me interesa saber si esa decisión fue una maquiavélica jugada de Fidel Castro para arrojarlo a la muerte. Si el Che tuvo otras opciones, como por ejemplo: Venezuela.

ASG: ¿Por qué Bolivia y no Venezuela, incomparablemente mejor preparada para una guerra de guerrillas ya en desarrollo?

PM: Efectivamente, el Che planteó en varios encuentros con dirigentes del Partido Comunista Venezolano, del que yo era secretario general, su deseo de integrarse en Venezuela a la guerra de guerrillas que ya estaba en desarrollo. En Argelia, en 1965, con Pedro Duno. En La Habana, con varios de nuestros dirigentes. Se lo pidió personalmente el propio Fidel Castro a uno de nuestros más altos dirigentes, que lo rechazó de inmediato. Provocando, entre otras razones, las agrias diferencias que desde entonces nos separarían. Nosotros rechazamos de plano la sola idea de que tal cosa sucediera. Por muchísimas razones. Era, desde luego, completamente contraproducente permitir que una figura de relevancia mundial sirviera prácticamente de anzuelo a la CIA y a la lucha contrainsurgente de Estados Unidos. Pero aún muchísimo más determinante en nuestra negativa era permitir la presencia de extranjeros en una lucha que era, para nosotros, de estricta relevancia nacional. Jamás nos hubiéramos prestado a la injerencia cubana en nuestros asuntos.

Fui en tres ocasiones a la sierra, en donde Douglas Bravo comandaba la guerra de guerrillas, de la que posteriormente nos desligáramos absolutamente. La primera vez, acompañado por Caraquita; la segunda vez por Antonio García Ponce. La tercera vez fui solo. Desde entonces no volví más. Luego, derrotado el grupo comandado por el futuro general Arnaldo Ochoa Sánchez en las serranías de Falcón, el partido puso su aparato operativo para sacarlo a él y a sus compañeros del país, enfermos y vencidos, a través de un operativo por La Vela de Coro. Fue un auxilio estrictamente humanitario.

Por cierto: salía de la sierra para integrarme al Senado, en donde fuera senador electo en las mismas elecciones en las que el pueblo eligiese presidente a Rómulo Betancourt. Estuve en el Senado llevando a cabo una vida de parlamentario de la que me siento particularmente orgulloso. Siempre hondamente preocupado por nuestros problemas fronterizos, hasta asumir el ministerio ocupado del ramo por encargo del presidente Rafael Caldera.

ASG: ¿Lo volverías a intentar?

PM: No hay combate que no se deba dar. Las elecciones son una maravillosa ocasión para movilizar al pueblo. Para que jamás cese el ejercicio democrático. Para impedir la entronización de esta dictadura cívico-militar con tendencias totalitarias. Sin abandonar ni una sola trinchera. Nadie puede asegurar por dónde saltará la liebre. Dadas las características tan particulares del ser venezolano, aquí puede suceder cualquier cosa. Incluso un acuerdo entre sectores disidentes del chavismo con sectores democráticos, sectores del Ejército e incluso de la Iglesia.

Cerrarse por principio a cualquier vía sería un gravísimo error político. Todas las encuestas reportan una brutal caída de la popularidad de Nicolás Maduro. Si la oposición se moviliza y asiste a los comicios bajo las banderas de la unidad, su triunfo electoral podría ser una campanada para una gran movilización hacia un gran cambio. La historia no pide permiso para abrirse paso hacia los fines de la libertad. Aprendamos de Chile, de España. Hay que abrirle los brazos al futuro. Pero ninguna vía será viable sin una condición sine qua non: la unidad. Si tuviera fuerzas saldría a gritarlo a todo pulmón y a los cuatro vientos: ¡Unidad!