• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

El Perú gira a la derecha

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La victoria de Pedro Pablo Kuczynski se insertaría en las tendencias marcadas por el triunfo de Macri en Argentina y se correspondería de manera más articulada con los indudables éxitos económicos y sociales del gobierno de Ollanta Humala. Para Venezuela, si bien supondría un avance hacia el fortalecimiento de las tendencias liberales en el continente, volvería a destacar su inmensa orfandad de nuevos liderazgos. Supondría que la voluminosa sombra de Alan García continúa pesando más dentro de las fuerzas políticas opositoras que las del liberalismo emergente representado por Macri. Para nuestra inmensa e insufrible desventura.

 

El agotamiento de la izquierda forista sigue su avance en la región. A los casos de Argentina y Venezuela se suma el del Perú, que el domingo votó mayoritariamente por las dos vertientes de la derecha en liza: la populista, representada por Keiko Fujimori, y la propiamente liberal, de Pedro Pablo Kuczynski (PPK). La fórmula de la izquierdista Verónika Mendoza quedó relegada a 18,7% de las preferencias.

Aun cuando las cifras reseñadas se refieren a poco más de 40% escrutado, las tendencias son demasiado sostenidas como para pensar en algún cambio dramático en los resultados finales. El Perú, al enfrentar la elección definitiva el próximo mes de junio, deberá escoger entre dos variantes de derecha. Nada impediría que Keiko Fujimori, que carga con el inmenso lastre del odio mayúsculo que la sociedad peruana le dispensa a su padre, recibiera el castigo inverso del que recibiera Mario Vargas Llosa: perder ante un PPK, distante ayer por más de veinte puntos, a pesar de haber triunfado en la primera vuelta. Todo es posible.

Resulta admirable que un economista ilustrado, de ideas netamente liberales, altamente capacitado como tecnócrata y ya de 77 años, pueda disputar y con altas posibilidades de éxito a una mujer carismática que reúne las virtudes que en su momento llevaran a su padre al poder. Y quien, a pesar de haber encontrado el repudio universal del establecimiento y el rechazo masivo de la opinión pública internacional, aún mantiene vivo un rescoldo de respaldo y admiración en los sectores más populares del Perú.

Imposible olvidar, en el contexto, la figura de su padre y el nefasto papel jugado en la circunstancia. Haber aparecido prácticamente de la nada, montado en un tractor –es ingeniero agrónomo– para vencer al peruano más ilustre de la modernidad, asestándole un golpe mortal a la opción culta y liberal que representaba Vargas Llosa, tuvo efectos devastadores no solo sobre el Perú. También y principalmente sobre Venezuela. Mostraba la tentación del populismo caudillesco, zafio, ignaro y brutal, la dramática decadencia del establecimiento político tradicional, subrayaba el cansancio de los sectores populares con sus políticos tradicionales y señalaba la tendencia que podía imponerse de allí a pocos años sobre la Venezuela liberal y socialdemocrática. El triunfo del golpismo militarista representado por Hugo Chávez.

Recuerdo habérselo manifestado con inmensa preocupación a Humberto Celli, uno de los más importantes líderes políticos de Acción Democrática y pieza clave en el defenestramiento de Carlos Andrés Pérez, acto de máxima irracionalidad política que abriría los portones de la historia venezolana al deslave golpista. Coincidimos en el vuelo Madrid-Caracas precisamente al día siguiente de celebradas las elecciones peruanas que le dieran la victoria al padre de Keiko Fujimori. Sucederá exactamente lo mismo en Venezuela – recuerdo haberle dicho–. El populismo irrumpirá con fuerza incontenible y nos llevaremos la más horrenda sorpresa de nuestras vidas.

Los éxitos iniciales del gobierno Fujimori alimentaron y fortalecieron las ambiciones del golpismo chavista por asaltar el poder. José Vicente Rangel, junto a Luis Miquilena, el cerebro gris tras del teniente coronel, corrió a entrevistarlo a Lima para su programa dominical por Televen: la vía marcada por Fujimori era el modelo que el golpismo que él profesaba y profesa debía ser imitado en Venezuela. De allí que no fuera en absoluto descabellado que el segundo hombre de Fujimori, el cerebro gris de su dictadura, buscara refugio en la Venezuela chavista. Lo que nadie podría haber imaginado era que la eficiencia en el terreno práctico, económico y de seguridad pública de la dictadura Fujimori jamás sería ni siquiera emulada por la dictadura Chávez. Y que sus índices de corrupción y atropellos, por los que ha sido condenado a sufrir cárcel prácticamente a perpetuidad, serían apenas briznas comparados con los de la dictadura castrochavista.

La victoria de PPK se insertaría en las tendencias que marca el triunfo de Macri en Argentina y se correspondería de manera más articulada con los indudables éxitos económicos y sociales del gobierno de Ollanta Humala. Rompería, asimismo, de manera más drástica y manifiesta con el populismo aún dominante en el resto de América Latina. Para Venezuela, si bien supondría un avance hacia el fortalecimiento de las tendencias liberales en el continente, volvería a destacar su inmensa orfandad de nuevos liderazgos políticos. Supondría que la voluminosa sombra de Alan García pesa aún más dentro de las fuerzas políticas opositoras que las del liberalismo emergente. Para nuestra inmensa e insufrible desventura.