• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

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Huracanes

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Tres días antes de que se fraguara sobre el Pacífico el devastador huracán Patricia, producto inesperado del grave cambio climático que ha comenzado a amenazar a la humanidad, empezó a fraguarse el que al destaparse y convertirse en noticia de primera plana competiría en los medios por el protagonismo noticioso mundial de este fin de semana. En efecto, el lunes 19 de octubre, Franklin Nieves, el fiscal principal que sustentaría la causa y serviría los elementos fraudulentos para la infame condena a 14 años de cárcel de Leopoldo López, asediado por las presiones de fiscales, jueces y dirigentes políticos del régimen, saldría de Venezuela para entregarse a las autoridades estadounidenses en busca de asilo político y salvar su pellejo y el de su familia ante el cambio climático que ya amenaza con sus huracanes a Venezuela.

Tan inesperado como Patricia, el fiscalazo que sacude a la opinión pública mundial deja ver la inminencia del desastre que se le avecina al régimen de Nicolás Maduro. Y es tan sorprendente, que encuentra a la dirigencia opositora con una gigantesca interrogante en sus manos. Si hasta ayer la oposición esperaba ansiosa y no sin cierta preocupación por el imaginario dakazo de la circunstancia – ese golpe de mano súbito y esperpéntico que permite imponer un vuelco dramático en las expectativas del votante a pocos días de los comicios, como sucediera en diciembre del 2013 cuando el régimen autorizó el saqueo a las tiendas de electrodomésticos Daka -, dado el rotundo fracaso de los intentos anteriores: un conflicto fronterizo con Guyana, el estado de sitio en los estados fronterizos con Colombia, o la escandalera mediática y las amenazas tronantes montadas por Diosdado Cabello y Nicolás Maduro por una sencilla conversación telefónica entre Lorenzo Mendoza y Ricardo Hausmann – hoy, sin mover un dedo, se encuentra con un regalo de los dioses en las manos: el principal responsable de las acusaciones contra Leopoldo López confiesa haber montado ese siniestro paquete de testigos amañados y falsos testimonios por imposición de las autoridades de gobierno. Neofascismo en estado puro.

Una visión sobria, objetiva y cónsona con la situación real del país no puede menos que concluir con la inminencia del colapso del sistema, precipitado al abismo por hechos aparentemente circunstanciales y azarosos. Obviamente, la escapada del fiscal Nieves no obedece a una súbita revelación moral, desencadenada por los genes justicieros que pudieron haber sobrevivido a sus siniestras ejecutorias. Nieves está muy lejos de ser un santo de la justicia bolivariana. Ella está podrida hasta sus raíces, como el sistema judicial entero y todo el resto de las instituciones. Pero esa putrefacción ha llegado a corroer las bases mismas del régimen, que se tambalea al borde del abismo. Y el campo de maniobra para las tracalerías judiciales y los montajes de los fraudes electorales se encoje hasta arrinconar a sus protagonistas contra la pared: los temibles dakazos comienzan a desarrollarse por generación espontánea y muestran las entrañas de la corrupción, la podredumbre de las luchas entre pandillas, el sálvese quien pueda.

Uno de esos temidos “dakazos” escondidos bajo la manga de los pandilleros del sistema prometía atiborrar las estanterías con alimentos y bienes de consumo esencial a pocos días del 6-D. A lo cual daba pábulo la existencia de barcos cargados de importaciones en los tres principales puertos del país: La Guaira, Guanta y Puerto Cabello. Es tan feroz la lucha entre las pandillas de enchufados del régimen por monopolizar el desembarco, del que se prometen jugosas ganancias, que se entorpecen unos a otros por los favores de Miraflores. Y los favorecidos – controlan Puerto Cabello - ni siquiera tienen los medios de transporte como para provocar la conmoción que se prometen los portaestandartes del PSUV.

Cada día que pasa, otro escándalo en puertas. El desmoronamiento adquiere perfiles apocalípticos. El reyezuelo está desnudo. Caerán arrastrados por un tsunami endógeno.