• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Carlos Fuentes o la responsabilidad moral de la intelligentsia

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El valor de la lucidez, el coraje y la responsabilidad moral de Carlos Fuentes se hace más urgente en tiempos de grave extravío de la inteligencia latinoamericana. Particularmente en Venezuela, en donde aún existen quienes se indignan ante la palabra “transición”, sufren de iracundia ante la sola mención de la palabra dictadura y rechazan el derecho de la Casa Blanca a sancionar a nuestros opresores.

Parafraseando a Brecht: “Que hablen otros de sus miserias. Yo hablo de la mía: Venezuela”.


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El Nobel García Márquez titubeó al predecir el futuro que le esperaba a la Venezuela de sus amores, aquella que lo viera nacer al alba de su democracia y lo enrumbara hacia las glorias de las letras. Aquejado de una fuerte y muy dudosa debilidad moral ante el poder y adorador de Fidel Castro, se negó a ver en los entresijos del hombre con el que viajara de La Habana a Caracas recién sacramentado como presidente de Venezuela e hijo putativo del primer caudillo de las Américas, al brutal y ambicioso teniente coronel que acababa de asaltar el poder a la brava. Así fuera mediante unas elecciones que refrendaban un golpe de Estado que ya había hecho su trabajo: reblandecer las instituciones, quebrarle el espinazo a la democracia venezolana, obnubilar la inconsciencia de las élites y limpiarle el terreno para su siembra de disgregación y de odio.

Carlos Fuentes se hallaba en las antípodas del fabulador de Aracataca: no comía cuentos. Razón por la cual rompió de un solo tajo, visible y aparatoso para que no se confundieran las buenas conciencias del castrismo democrático de América Latina. En tiempos en que el establecimiento político mundial se derretía por el tirano. Seducción aún vigente en la élite política de nuestra región, aquella que Elisabeth Burgos considera “rehén de Castro”. Puesta hoy, a 56 años de la tiranía más longeva de nuestra región, ante la disyuntiva de soportar y respaldar una dictadura en Venezuela o volverse a su vapuleada tradición legalista y democrática.

El valor de la lucidez, el coraje y la responsabilidad moral de Carlos Fuentes se hace más valioso en tiempos de grave extravío de la inteligencia latinoamericana. Particularmente en Venezuela, en donde hay quienes se indignan ante la palabra “transición” y sufren de iracundia ante el solo uso de la palabra dictadura. Los mismos que callan ante la brutal y descarada  injerencia de los vecinos del patio pero se escandalizan ante las legítimas medidas asumidas, con pleno derecho, por la Casa Blanca. Según esas inteligencias rehenes del castrismo, Cuba puede y está autorizada a saquear nuestras riquezas e invadir nuestro territorio: Estados Unidos está obligado a soportar en silencio el despliegue del narcotráfico y el abierto respaldo al terrorismo islámico de parte del gobierno venezolano –dos causales para que Estados Unidos se sienta gravemente amenazado– y no inmiscuirse en nuestros asuntos.


2

Fuentes no esperó a ver confirmadas sus aprehensiones respecto de la grave amenaza que Hugo Chávez y el chavismo representaban desde sus mismos inicios para Venezuela y nuestra región: las vio retratadas de cuerpo entero en la respuesta que le dirigiera el recién asumido presidente de la República de Venezuela al terrorista internacional Carlos Ilich Ramírez Sánchez, encarcelado en La Santé y conocido mundialmente como Carlos el Chacal, el 3 marzo de 1999, en la que además de considerarlo un “distinguido compatriota” le escribía:

“Nadando en las profundidades de su carta solidaria pude auscultar un poco los pensamientos y los sentimiento, es que todo tiene su tiempo: de amontonar las piedras, o de lanzarlas… de dar calor a la revolución o de ignorarla; de avanzar dialécticamente uniendo lo que deba unirse entre las clases en pugna o propiciando el enfrentamiento entre las mismas, según la tesis de Iván Ilich Ulianov. Tiempo de poder luchar por ideales y tiempo de no poder sino valorar la propia lucha… Tiempo de oportunidad, del fino olfato y del instinto al acecho para alcanzar el momento psicológico propicio en que Ariadna, investida de leyes, teja el hilo que permita salir del laberinto…

“El Libertador Simón Bolívar, cuyas teorías y praxis informan la doctrina que fundamenta nuestra revolución, en esfíngica invocación a Dios dejó caer esta frase preludial de su desaparición física: ¡Cómo podré salir yo de este laberinto…! La frase, de contenido tácito y recogida por su médico de cabecera, el francés Alejandro Próspero Reverend en sus Memorias, es llama profunda de iluminación del camino que seguimos.

“Otro francés, Alejandro Dumas, finaliza su obra El conde de Montecristo con esta frase de Jesús: «La vida de los hombres está cifrada en dos palabras: Confiar y Esperar, induciendo a pensar que al final de la batalla aparecerá algún Supremo Alguien que, investido de sabiduría como el Abate Faría inspiró el camino de salida, envuelto en nuevas síntesis revolucionarias en aproximación al Dios que cada uno lleva en su corazón.

“Digamos con Bolívar que el tiempo hará prodigios sólo en cuanto mantengamos rectitud de espíritu y en cuanto observemos esas relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas. La humanidad es una sola y no hay magnitud espacio-tiempo que detenga el pensamiento del héroe caraqueño.

“Digamos con él:

“Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros. Mi médico me ha dicho que mi alma necesita alimentarse de peligros para conservar mi juicio, de manera que al crearme Dios permitió esta tempestuosa revolución, para que yo pudiera vivir ocupado en mi destino especial.

“Con profunda fe en la causa y en la misión, ¡por ahora y para siempre!

“HUGO CHÁVEZ FRÍAS”.


3

El comentario de Carlos Fuentes no pudo ser más lapidario y presagiante. En artículo reproducido por el periódico madrileño El País del 9 de diciembre de 2001 escribió: “Dan ganas de reír en Venezuela. Un personaje de opereta, reminiscente de todas las novelas del realismo mágico, se arropa en la figura de Bolívar para arrogarse crecientes poderes autoritarios. En el colmo de su teatralidad bufa, Hugo Chávez le escribe cariñosamente a un terrorista notorio, el ‘Ciudadano’ Ilich Ramírez Sánchez, alias ‘Carlos’, una carta de amor cuya cursilería resulta, a la vez, antológica y reveladora. Botón de muestra: ‘El Libertador Simón Bolívar, cuyas teorías y praxis informan la doctrina que fundamenta nuestra revolución, en esfíngica invocación a Dios dejó caer esta frase preludial de su desaparición física: ¿Cómo podré salir yo de este laberinto?’. García Márquez convirtió la frase de Bolívar en una gran novela. Chávez la rebaja a la sátira barata. ¿Qué puede esperarse de un presidente que se atreve a decir ‘esfíngica invocación’ y ‘frase preludial’? Que su cabeza es un basurero. Y que a Venezuela le esperan muy malos momentos”.

¿Qué le ha impedido a la intelligentsia latinoamericana comprender la inmensa gravedad del ataque del chavismo a la democracia continental y el papel que ha jugado al servicio de la voluntad  injerencista del castrocomunismo? ¿Qué le ha impedido ver el papel que ha jugado el gobierno venezolano sirviendo de plataforma expansiva del narcotráfico y del terrorismo islámico? ¿Qué le impide aún hoy comprender las incuestionables y legítimas razones que le asisten a la Casa Blanca para considerarlo una grave amenaza para la región?

Desde su primera declaración sobre la amenaza de Chávez y el tenebroso futuro que le presagiara a Venezuela en 2001, no cesó de enfrentarlo. En 2006, y ante su descarada injerencia en los asuntos mexicanos, le declaró a un canal mexicano de televisión: “El presidente Chávez es un payaso continental y lo que diga no tiene la menor importancia… Debe dedicarse a los problemas de Venezuela, que bastantes problemas tiene, más va a tener, está creando problemas, no se está ocupando seriamente de su propio país, que no se meta en los asuntos de México, no nos metemos en los asuntos de Venezuela, que sea más respetuoso, que sea más hombre”.

Precisamente, el diario La Jornada, de México, reseñaba las palabras de Carlos Fuentes en réplica a unas obscenas declaraciones del diplomático estrella del chavismo Roy Chaderton, recién estrenado como nuevo embajador en su país en los siguientes términos: “Hay en el continente americano dos bufones: uno, el de Washington se refería al republicano George Bush, hijo–, es el más peligroso. El otro, el de Caracas, es el más risible” –dijo refiriéndose a Chávez– y del embajador consideró que ‘demuestra, tristemente, que él es sólo el bufón de un bufón, el Rigoletto servil del César tropical. Se burla de mis libros con juegos de palabras elementales. Yo soy más elemental que él. El embajador Chaderton tiene nombre de pescado, de clapedide osificado, con cabeza dura, rabo amarillo y cola homocerca. Bien pensado: quiero decir sin columna vertebral: sábalo”.

El 1° de mayo de 2012, poco antes de su muerte, el laureado novelista mexicano dio su última opinión sobre Hugo Chávez: “Me parece que acabó con las instituciones venezolanas, que empobreció al país. Es un demagogo y su discurso me parece flatulento”. Dos años antes, previendo el curso que tomarían los acontecimientos venezolanos, calificó en declaraciones a la cadena RCN de Colombia la labor de Chávez como “un fracaso” y “una abominación”, y afirmó que el gobernante se estaba quedando sin argumentos. “Creo que ya se le están acabando los cartuchos, creo que ya le quedan muy pocos. El único cartucho es uno muy viejo y es que Estados Unidos es el culpable. Mientras tanto, la economía se derrumba, todos los factores de estabilidad y prosperidad se derrumban en Venezuela. Es un fracaso, me parece una abominación, un Mussolini del trópico, yo no creo que dure mucho.” Ni siquiera imaginaba que al Mussolini del trópico le quedaban pocos meses de vida.

Su insistencia en el tema anunciaba una honda preocupación por el destino de Venezuela y su incidencia en la política regional. El 24 de enero de 2012 afirmaría que “Chávez es el peor presidente de la región”. Y ampliando su visión sobre el país que aherrojaba afirmaría: “La Venezuela de Chávez es una oscura realidad”.

En la carta de 2007 dirigida al diario La Jornada, anteriormente citada, expresó lo que por fin parece comienza a ser un profundo anhelo de las mejores conciencias latinoamericanas: “El continente americano merece algo mejor. Espero ver un gobierno demócrata en Washington y un gobierno democrático en Caracas”. Su primer anhelo se vio cumplido con creces. Y al parecer, ha comenzado a actuar para que se cumpla el segundo: ver instaurado por fin y tras 16 años de pesadilla un gobierno democrático en Venezuela.

@sangarccs