• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

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Antonio Sánchez García

Cambio al timón

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La crisis en el seno de la oposición ni es gratuita ni inventada, muchísimo menos promovida por nadie. Es el resultado inexorable del curso de las cosas. El producto de una ruptura que se veía venir desde hace ya mucho tiempo y que atañe a la pérdida del poder de representación de los partidos mayoritarios que hacen vida en el interior de la MUD respecto de la sociedad civil, dueña, en último término del destino de su Patria. Desde por lo menos la aceptación de la MUD a obedecer la invitación al diálogo de un gobierno inescrupuloso carente de todo interés por acordar un consenso en torno a los graves problemas que nos acucian y para el cual dicho diálogo no ha tenido otro objetivo que dilatar y amordazar a las fuerzas activas de la contestación – una galante invitación a servirles de tontos útiles, como denunciara un miembro de la Conferencia Episcopal que les vio de inmediato el bojote a los administradores de la satrapía, - para frustrar todo intento de un cambio en la correlación de fuerzas y desmoronar las demandas opositoras antes de que llegaran a formularse.

Una medición de la opinión pública democrática hubiera demostrado de manera fehaciente el mayoritario y unánime rechazo a plegarse a la imposición de un diálogo para sabotear las legítimas protestas populares. Opinión que fuera olímpicamente desconocida por las anteriores autoridades de la MUD y los jefes de sus principales partidos – AD y PJ - , que consciente o inconscientemente, ingenua o alevosamente se prestaron a legitimar la masacre a que el régimen dictatorial sometiera a las fuerzas de la juventud venezolana, incluso culpando a los promotores de dichas protestas de los asesinatos en que desembocaran.

El desagrado y la indignación con que la mayoría opositora reaccionara al comportamiento pusilánime y acobardado de las antiguas autoridades iba más al fondo de las razones del desencuentro. En rigor: no se ha tratado de un asunto de índole personal que tenga que ver con los personales atributos de dichas dirigencias. Es una diferencia de fondo, de naturaleza estratégica, que tiene que ver con el qué hacer para resolver la crisis. Ante su agravamiento y un exponencial aumento de su temperatura se hizo manifiesto que el sentido y los objetivos de la MUD – coordinar los esfuerzos unitarios de los distintos partidos para enfrentar los procesos electorales siguiendo el predominio de sus intereses clientelares – fracasaban ante los nuevos desafíos, precisamente en un período crucial de la lucha entre la dictadura y la democracia, cuyos protagonistas no se disponen a esperar sentados por la realización de sus objetivos. La historia no es un tren que pueda detenerse a gusto de las dirigencias, para ver si se montan los más rezagados.

La histórica decisión asumida por Leopoldo López, acompañado por María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros líderes opositores, movidos por la voluntad de enfrentar el afianzamiento de la dictadura y sacudir la conciencia de una oposición peligrosamente adormilada tras la insólita decisión de esperar por futuras elecciones, no podía pasar por debajo de la mesa. No se entierran 46 mártires sacudiéndose el polvo de los ataúdes como lo hiciera la dirigencia máxima de la MUD ni es posible asistir al despliegue de la barbarie y el descomunal e insolente abuso del narcogeneralato ante las principales potencias del mundo mirando de soslayo.

El reventón de la crisis interna era inevitable. Lo que aún no está claro es su desenlace para este etapa. Se trata de un cambio de rumbo en 180 grados: de la absoluta pasividad y el cataléptico electoralismo a una actividad de pensamiento y acción de alta política. Poner en acción nuestras fuerzas y determinar un nuevo rumbo con claras perspectivas de victoria. Tras un objetivo dialéctico y dinámico: crear una masa crítica masiva, popular, consciente y activa, capaz de hacerle frente a quienes han perdido toda dinámica revolucionaria y no hacen más que defender sus patrimonios saqueados a la Nación.  Comenzar a cambiar el país cambiando la correlación de fuerzas.

Sólo un imbécil podría  creer que de este cambio de rumbo surge una política conspirativa e insurgente, inmediatista y de corto plazo. Miope y suicida. Lo que debe surgir es una dirección política en el más auténtico y riguroso sentido: perfectamente diáfana y acorde con las exigencias de la sociedad civil que apunte a frenar los intentos totalitarios de quienes acaban de demostrar estar dispuestos a llegar a cualquier extremo para imponer sus predicamentos. Promover el análisis y la reflexión para acordar líneas de acción cónsonas con nuestro objetivo histórico: recuperar nuestra libertad y enrumbar a nuestro pueblo por la senda de la prosperidad y el progreso. En otras palabras: comenzar la transición sin pedirle permiso a quienes no tienen otro propósito que aplastarnos para siempre.

Es una tarea difícil, compleja y llena de peligros y riesgos. Pero absolutamente inevitable. La MUD tendrá que sacudirse sus hábitos parasitarios, abrirse a todos los sectores democráticos, romper con el clientelismo partidista que nos ha traído a estos pantanales, entregar su coordinación a una voz autorizada, valiente y audaz y permitir que la dirección sea asumida por aquellos líderes que no se encapillan ni dominan a la sombra de sus propias clientelas. Llegó la hora de la verdad.

Era tiempo.

 

@sangarccs