• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Antonio Sánchez García

Antonio Ledezma, con las uñas... y con el corazón

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Venezuela no podrá olvidar que en lugar de situar en las alturas del poder a los políticos más cultos, capaces y preparados, se entregó en brazos de la demagogia delirante e irresponsable de quienes, no teniendo nada, decidieron apropiárselo todo y lanzarnos al abismo. Así nos ha ido. Va siendo hora de despertar y enfrentar nuestra tragedia. No estamos solos. Contamos con nuestros líderes.

 

1

Han tenido millones de millones de dólares: los hospitales están por los suelos, los establecimientos educaciones en la ruina, las universidades en quiebra, las haciendas expropiadas son puro yermo, el ganado en los huesos, las fábricas, como aplastadas tras una conflagración bélica. Nada de lo que se producía y constituyó en el pasado materia principal de nuestra exportación, como, por ejemplo, el café, uno de los mejores el mundo, se encuentra a la mano: ha desaparecido de los anaqueles. Y no satisfechos con devastar material y espiritualmente al país han comenzado a provocar el mayor destierro de que tenga memoria la nación. Ya es un éxodo, y recién comienza. Un país que recogió a millones de inmigrantes, observa irse a millones de sus hijos: lo mejor de lo mejor de nuestro país, porque este régimen les cercena el presente y les prohíbe el futuro. El país más rico y afortunado de América Latina es hoy tan pobre y miserable como Cuba o como Haití.

Solo la brutal mengua intelectual de sus seguidores, la pobre imaginación de esa carne de cañón condenada a la servidumbre por una pechuga de pollo, que ya ni encuentran, les impide hacerse una idea de lo que un verdadero líder, un gerente público eficiente, honesto y entregado, un venezolano ejemplar surgido de las entrañas de nuestra pobreza y elevado a las alturas de sus quehacer a puro esfuerzo y sacrificio, como aquel que nos inspira, criado por su humilde familia en San Juan de los Morros para escalar todos los peldaños del servicio público –dirigente estudiantil, militante esforzado, joven parlamentario, gobernador, alcalde– hubiera hecho con un soplido de esa monumental riqueza, tanta o mayor que todo lo recaudado por el Estado venezolano en dos siglos de existencia republicana.

Si con sus uñas, habiéndosele arrebatado 97% de sus legítimos recursos, Antonio Ledezma ha podido cumplir con todas sus obligaciones laborales, con lo más esencial de sus proyectos de desarrollo, con todas sus obligaciones contractuales, ¿qué no hubiera hecho si las autoridades de gobierno no le hubieran declarado una guerra implacable, aviesa, sórdida y cobarde y hubieran cumplido con las obligaciones constitucionales respecto del respeto a las autoridades edilicias? Una guerra que enfrentó a riesgo de su vida y en estricta defensa de los derechos de sus trabajadores de la Alcaldía Metropolitana con una huelga de hambre que llevó hasta sus últimas consecuencias.

 

2

Si con sus uñas puso en acción el más eficiente y moderno sistema de intercomunicación urbana, el llamado Transmetrópoli –un sistema de transporte público superficial masivo, moderno, cómodo, eficiente y amigable con el ambiente que brinda calidad de vida a los caraqueños–, del que los ciudadanos de toda suerte y condición  disfrutamos en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, ¿qué sería del transporte público caraqueño si Ledezma hubiera podido contar con los recursos que le pertenecen por ley y le han sido arrebatado por la fuerza? ¿En qué estado se hallaría el Metro, hoy vivero de malandros, si sus ideas y proyectos hubieran sido asumidas? ¿En qué situación la seguridad publica si sus proyectos no hubieran sido torpedeados, silenciados, atropellados por unos gobernantes ineficientes, incapaces, sin la más elemental formación y ninguna vocación de otro servicio que no sea acumular poder para acorralar a la ciudadanía?

Solo por mantenernos en la escala municipal de sus obligaciones: ¿cuál sería el estado de la policía municipal, de las escuelas, de los jardines de infancia y los hogares de cuidado diario, de los hospitales, de los bomberos de Caracas si no le hubieran sido  usurpados malamente? Por cierto: atropellando los derechos de los alrededor de 800.000 electores que lo eligieron. Hondamente preocupado por las carencias que sufren los caraqueños más pobres y desvalidos logró llevarle a cada vivienda que lo requiriese un tanque de agua para paliar su sed y mantener los dignos niveles de limpieza requeridos por nuestro pueblo. Sin descuidar el desmalezamiento y limpieza de sus quebradas, un mal endémico de un país multimillonario que debería nadar en la abundancia y hoy sus hijos se matan por un litro de leche. Y la promoción del emprendimiento y la capacitación profesional y técnica en todos sus niveles, con un extraordinario plan de becas, impedido por un gobierno que prefiere la regresión de la miseria al crecimiento de la prosperidad.

Ni siquiera imaginarnos, habida cuenta de la incalculable fortuna que ha caído como un maná de los cielos en estos 15 años de bonanza petrolera, lo que sería Venezuela si un hombre de Estado como nuestro alcalde metropolitano hubiera tenido las riendas del gobierno durante un solo período con el barril de petróleo a más de cien dólares. Cuál sería el estado de nuestras carreteras, de nuestros centros hospitalarios, de nuestros planteles educacionales, del agro y la industria, del petróleo y la minería. ¿En qué sitial se encontraría Venezuela en el concierto de las naciones con la excelencia diplomática de los profesionales en la materia que hoy lo acompañan y los recursos como para fortalecer la institucionalidad democrática en el continente?

Pero hay un aspecto imposible de soslayar: ¿cuál sería el estado moral, espiritual, ético de la república si en lugar de haber sufrido quince años de ignominia e iniquidades bajo la incompetencia y la barbarie del arribismo delictual y cuartelero hubiera estado en manos de un civil entre civiles, de un profesional entre profesionales, de un hombre honesto a carta cabal, decente, íntegro y vertical?

 

3

Puedo dar cuenta del ingente esfuerzo realizado por Antonio Ledezma para llevar nuestros graves y acuciosos problemas sociales, económicos y sobre todo políticos a la comunidad internacional en giras relámpagos, realizadas con escasos medios y en condiciones absolutamente cónsonas con un servidor público, sin perder un segundo en disfrutes turísticos, sin comitivas multitudinarias y suntuosas, sin aviones del Estado constitucionalmente destinados para uso estrictamente oficial y a costa del erario público, tales como las que realizan los mandarines del régimen, sus familiares e incluso con sus servidumbres en escala faraónica, sino del modo más austero y frugal en América Latina, en Norteamérica, en Europa y en el Medio Oriente.

He vivido personalmente, pues he sido uno de sus escasos acompañantes, el respeto y la admiración que despierta entre mandatarios, gobernadores, parlamentarios, periodistas y académicos extranjeros que lo saben un par inter pares, un hombre de extraordinaria modestia, altamente preparado y dispuesto a los mayores sacrificios en defensa de la democracia de su patria, nuestra patria. Y he sentido el orgullo de saberlo requerido por grandes estadistas, como Fernando Henrique Cardoso, Felipe González, Patricio Aylwin, entre otros, para recabar información sobre la tragedia que vive un pueblo que hace una generación fuera faro y guía de ofendidos y desheredados de la región.

Es Antonio Ledezma uno de los poquísimos venezolanos cuya presencia en los foros internacionales hace relucir la presencia y el significado de Venezuela en lo alto de las más estrictas y rígidas exigencias diplomáticas. Sobrio, mesurado, culto y educado. Pero por sobre todo: entrañablemente vinculado al sentido del deber por una patria que siente en lo más profundo de su corazón. ¡Qué abisal diferencia con el triste, patético y lamentable espectáculo que ha dado el exhibicionismo bufonesco de quienes se han apoderado de la patria y sus símbolos para arrastrarlos por los suelos de la complicidad y el entendimiento con los peores regímenes del orbe! Y que hoy rematan lo que queda de patria para mantener sus privilegios y aplastar los intentos de soberanía de nuestros compatriotas.

Venezuela no podrá olvidar que en lugar de situar en las alturas del poder a los políticos más cultos, capaces y preparados, como el alcalde Antonio Ledezma, se entregó en brazos de la demagogia cuartelera, delirante e irresponsable de quienes no teniendo nada, decidieron apropiárselo todo y lanzarnos al abismo.  Así nos ha ido. Va siendo hora de despertar y enfrentar nuestra tragedia. No estamos solos. Contamos con nuestros líderes.