• Caracas (Venezuela)

Antonio Sánchez García

Al instante

Alberto Quirós Corradi in memoriam

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Malos tiempos. Tiempos de pesadumbre, de vidas inacabadas. De despedidas inconclusas. De separaciones e incertidumbres. De angustias. Para nosotros, nada nuevo, pero renovado una vez más, más pesaroso. Cambiando de países como de zapatos, decía Brecht. En donde más vale un clavo para colgar las escasas pertenencias, que ya nadie sabe cuánto deberá irse, cuándo deberá volverse. Mejor no desempacar. Pero los años pasan y el pesar y el crimen siguen golpeando a nuestra puerta.

Tiempos en que sostener una conversación sobre flores es casi un crimen, porque supone hacerse el desentendido sobre los escombros de crímenes e iniquidades entre los que avanzamos. Si es que avanzamos. Nada nuevo: esas palabras recuerdan al poeta alemán instalado provisionalmente en una cabaña danesa, cerca de la patria, a la espera de un despertar que no se produjo. Que nunca se produjo.

Pero nunca estamos lejos de nosotros mismos. Cambiamos de países como de zapatos, pero el pie que los calza es el mismo, el mismo el cansancio, la misma la esperanza. Morirse se cumple según el orden del tiempo. Nada más natural, nada más inexorable. Pero no es lo mismo morirse en el movimiento natural del sístole y el diástole de nuestros pueblos, unidos a un inmenso y populoso movimiento de alegría y de esperanzas.

Es la compasión que nos une a la humanidad, que nos hace parte, así sea insignificante, pero imprescindible, de la historia. Compartir el sentimiento común de una comunidad de afectos y sensibilidades nos hace más humanos, nos permite dejar una huella indeleble que es nuestro testimonio. De generosidad, de inteligencia, de afanes.

Esto es un hombre, podrían haber dicho en su último suspiro y con orgullo los amigos entrañables que se nos han ido. Extraña casualidad, pero esta madrugada fui despertado como por un rayo a las 4:00 de la madrugada, sin haber podido reconciliar el sueño. Me entero horas después de que a esa misma hora se nos moría Alberto Quirós Corradi, uno de los venezolanos más lúcidos, inteligentes, preparados, cultos y entregados a la causa de la libertad en estas horas aciagas, que ya son años de años. Supo darle a nuestro país su profundo conocimiento en el área de la energía y el petróleo, fue un soberbio escritor, dirigió El Nacional, el medio emblemático del progresismo venezolano y su preocupación por la suerte de Venezuela lo llevó a coordinar hasta instantes antes de su muerte a importantes grupos de reflexión en que hacen vida grandes personalidades de nuestro quehacer intelectual.

Nos conocimos al fragor de nuestro aporte al esfuerzo liberador de la Coordinadora Democrática, de cuya comisión asesora fuera el coordinador y espíritu rector y de la cual formamos parte Humberto Calderón Berti, Pedro Pablo Aguilar, Asdrúbal Aguiar, Pedro Nikken, Cecilia Sosa, Pompeyo Márquez, Alejandro Armas, Adolfo Salgueiro, Agustín Berríos, Teodoro Petkoff y otras importantes personalidades del mundo político y académico venezolano.

Juicioso, ordenado, habituado a la alta gerencia de los asuntos públicos, informado hasta el último detalle del acontecer de la economía mundial y las variaciones del mercado petrolero, así como avisado estratega, hubiera sido una pieza clave en la recuperación de la ruinosa industria petrolera, caída en manos de la barbarie y la incapacidad de sus peores hombres. Como que además de arruinarla, han dilapidado la mayor fortuna habida en nuestra historia, a pesar de haber dispuesto del mayor poder social, político y militar que gobierno alguno tuviera en nuestra historia.

Su desaparición física es un duro golpe para el futuro de la nación, que nos reclama asumir cuanto antes la tarea que otro de nuestros grandes, Pompeyo Márquez, nos acaba de formular: Hay que salvar a Venezuela, debemos salvar a Venezuela, tenemos que salvar a Venezuela.

Bien amado Alberto, en eso estaremos. Descansa en paz.