• Caracas (Venezuela)

Antonio Pasquali

Al instante

La noche de los gatos pardos

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Ha sido arrojado el país hacia uno de esos penosos cul de sac históricos –preludios de largas domesticaciones o de explosiones revulsivas– en que todos los gatos son pardos y no parecieran quedar balizas y faros, poderes y líderes de confiar, inconmovibles valores, instituciones impolutas, probos jueces, credibilidad mediática, reservas morales, coraje del bueno ni expectante presencia de la última diosa. Súmese a tanto deslave espiritual el material: asesinatos, hambrunas, mala sanidad, empobrecimiento, inflación, carencias hídricas y energéticas, robos colosales, retrasos tecnológicos y libertades bajo garrote, y obtendremos el perverso producto de diecisiete años de castro-militarismo: un pueblo confundido, cansado de todo y genuflexo, reducido en cámara lenta a la supervivencia, mentalmente intoxicado y sin horizontes.

Nunca es empero la noche tan de infierno dantesco que impida otear caminos redentores con la brújula de la razón.

Las legislativas del pasado 6-D invirtieron la polaridad del respaldo popular. Ninguneada y mal explotada, esa victoria redujo las menguantes huestes chavistas a “escuálidos” de la comedia, haciendo de la triunfante oposición la real representante del “pueblo”. Un boomerang a explotar a fondo en la comunicación política.

Pese al inducido fatalismo, la suicida fuga hacia adelante del dictador Maduro, así como la totalitaria coyunda Ejecutivo/TSJ/CNE/FANB llamada a liquidar implacablemente un Legislativo ahora democrático, producirán la defunción del presente Estado-canalla por metástasis de sus violaciones seriales de la Constitución, remplazada de facto por un bodrio llamado “Plan de la Patria”. El: “¡Asamblea Nacional burguesa, presidente Ramos, prepárense que les va a llegar su hora!”, resonará en las aulas del juicio a Maduro, cuando el país diga “¡basta!” a tan brutal arrogancia.

El corrosivo impasse actual plantea a los demócratas la antinomia, moral y políticamente compleja, de aceptar o menos un diálogo soteriológico con los escuálidos armados en el poder, como auspician altas esferas internacionales. En su prístina etimología, el noble “diálogo” significa “reunir lo diverso”, coentenderse; una operación más difícil que la tregua, el armisticio o la desescalada.

La renaciente democracia ya asestó el 6-D un debilitante izquierdo a la dictadura y se apresta a lanzarle otro demoledor derecho con el revocatorio. Desde sus posiciones ahora de fuerza y pese a la citada coyunda, nada tiene que negociar con quienes siempre pretenderán aniquilarla. Al representar una tendencia universalmente triunfadora, la de la democracia occidental (de ella aseguraba Churchill que era un sistema altamente imperfecto, pero que todos los demás eran peores) daría un paso debilitante e inútil transándose con personeros de aquella tendencia moribunda que un delirante Chávez imaginó revivir en la región (“América Latina será lo que Rusia no pudo ser” espetó el 10/11/2005 a un atónito vicepremier ruso). Resetear a Venezuela, mejorar su democracia, lanzarles a los ladrones un escarmiento de larga duración (so pena de eternizarnos como sociedad del robo), asegurar perennidad al civilismo y recuperar pesados retrasos tecnológicos e institucionales, nada de esto requiere negociaciones con incompetentes, intoxicados y feroces aventureros del poder.

Añádase a esa razón de principio la absoluta impotencia dialogal de la pareja Chávez-Maduro. ¿Cuántas veces declaró Chávez, el sembrador de odio, que no había llegado al poder para dialogar con enemigos? Un decenio antes de su aparición, en 1987, ya Maduro había egresado de la cubana Escuela J. A. Mella para cuadros de partido, donde debió asimilar la Ética marxista de Shishkin, cuyo cap. VIII  enseña que “la intransigencia hacia el enemigo, el odio a este, ensalza al comunista, eleva su dignidad”. ¿Qué flexibilidad dialogal puede pedírsele a un jefe de Estado responsable intelectual de la muerte  de muchos ciudadanos al vetar, por “orgullo revolucionario”, la donación al país de medicamentos?