• Caracas (Venezuela)

Antonio López Ortega

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Antonio López Ortega

Contra la inmovilidad

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Digamos que la nota cívica dominante es la incertidumbre, la desconfianza, el desgano. Como el discurso público, en la tradición venezolana, siempre ha pesado mucho, basta que la mediocridad de arriba nos permee para terminar de inmovilizarnos. ¿Para qué hacer algo si nada vale, si ningún esfuerzo lleva a nada? Hay quien argumenta que en el pasado reciente ya mucho hemos hecho: el lomo bajo el sol, el grito en la garganta, las suelas en el asfalto. Y no les falta razón. Pero no por habernos esforzado antes debemos dejar de esforzarnos ahora. Podemos entender el cansancio, la apatía, pero finalmente todas las figuras de la inacción, que son muchas, nunca llevan a nada. Hay quien en algún rincón sombrío estará celebrando que permanezcamos en casa, refugiados en nuestra intimidad, pero hasta la intimidad perderemos si el descalabro público continúa. Nada de lo que nos ha acontecido como república en estos años puede abordarse sin ángulos históricos, y ya sabemos que la historia no se mide con los mismos años de nuestras vidas. Somos tan sólo insectos bajo el imperio de los milenios o de las civilizaciones.

La vida se enriquece en la medida en que podamos cambiarla. Todo acto, todo empeño, todo pensamiento, altera el estado de las cosas y nos acerca al discernimiento. Los trabajos, los oficios, las creaciones, las apuestas, las empresas, los sueños, son las palancas de cambio, de transformación, de desarrollo. Una sociedad que se estanca, muere; una que se mueve, se renueva. Crear sentido, amasar logros, sumar hechos… he allí la consigna de estos días.Y esto para diferenciarse de un discurso público que sólo quiere inmovilidad: no la “patria nueva”, sino la patria fosilizada, desfigurada entre los rostros que sólo mendigan. La importancia de hacer cosas para oponerse a las fuerzas que nos quieren quietos es esencial para entender que lo poco que tenemos de realidad social corresponde precisamente a esa suma de esos hechos cívicos: creer en algo, plasmarlo y seguir adelante. Sólo esas pequeñas hazañas nos sostienen.

Frente al ogro que en su caída va dando manotazos mortales, es bueno reconocer que sólo a partir del tejido ciudadano podremos reconstruir república. La tarea será colosal, pero el momento será otro. No el de la inmovilidad y el ostracismo, sino el del crecimiento y la afirmación.