• Caracas (Venezuela)

Antonio López Ortega

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Antonio López Ortega

Postes de luz

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Situémonos por un momento en el municipio Antolín del Campo, un paradisíaco bastión turístico de Margarita que contiene, entre otras perlas, playa El Agua y playa Parguito, dos de los espacios más concurridos por los temporadistas. En ese mismo municipio, un grupo de vecinos, habitantes de una urbanización con más de veinte años de construida, viene confrontando problemas con los postes de luz que originalmente se erigieron. Esos postes de hoy tienen los cables sulfatados, han perdido la corriente, no tienen bombillos, bailotean sobre sus bases inseguras cada vez que el viento se anima. El salitre se ha encargado de pulverizar las cabillas de las estructuras, de corroer el hierro y el aluminio, de granular el cemento hasta convertirlo en arena. Al menos dos postes del conjunto, gigantes gruesos de quince metros, se inclinan como torres de Pisa sobre algunas de las casas, amenazándolas con una fractura estrepitosa y un impacto que puede ser mortal.

Durante 2012 los vecinos aterrados de la urbanización han enviado a Corpoelec no menos de diez correspondencias, ninguna de las cuales ha sido respondida. Adicionalmente, han logrado reunirse con algunos directivos de la sección insular, pero las promesas no se han traducido ni siquiera en una cuadrilla que vaya a corroborar las amenazas de los postes danzantes. Recientemente, en una abigarrada gestión que consideraron triunfal, los vecinos lograron una audiencia con la máxima autoridad eléctrica de la isla. Sus palabras fueron más o menos las siguientes: “En Venezuela no se fabrican postes, y los pocos que tenemos vienen de afuera, son importados. Hoy en día tenemos escasez. Yo no puedo prometerles el reemplazo. Quizás podamos llevarles unos cuatro, no más, pero tendríamos que sacarlos de otra urbanización y transplantarlos. Generalmente los sacamos de las calles donde no hay casas”.

Cortemos y vayamos a otra escena que es la siguiente: en el pueblo pesquero de Manzanillo, que es donde también está la urbanización, el muy eficiente y organizado Consejo Comunal Manzanillo 4 ha logrado que las autoridades de la Misión Vivienda les den suficientes recursos como para construir un conjunto de risueñas casas amarillas que han bautizado recientemente como “Brisas de Varadero”, en honor a la última sección de playa El Agua que es conocida por el remanso de sus aguas. La misma comunidad organizada ha logrado erigir en poco tiempo un conjunto de viviendas que destaca por su buena arquitectura, sus buenos materiales de construcción y sus promisorias áreas verdes. La sorpresa ha sido mayor cuando hace una semana o dos, a la vista de los vecinos de la urbanización colindante, y en sólo medio día de trabajo, Corpoelec ha instalado todos los postes de luz del conjunto con una facilidad y una vocación de servicios ejemplar. Allí están, para deleite de residentes y transeúntes, unos postes rozagantes, recrecidos, espigados. Nadie sabe si han venido de Bielorrusia o Irán, nadie se lo pregunta, pero todos aseguran que la luz de esos postes no parpadea ni ante las tormentas marinas.

promisorias erigir en poco tiempo unconjunto de vivienda que destaca por suj buena arquietextua, susbuenos materiales de construquince metros, se inclinan como torres de Pisa sobreos postes del consjuntosalitre se ha encargadoMoraleja: hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, hay favoritismos, hay prioridades. Los servicios se miden en función del voto, y no en función de una política pública. Hay quienes tienen derecho y hay quienes no lo tienen. El móvil no está en la igualdad o en la justicia, sino en la retaliación. Pareciera que nuestra crónica deuda social todo lo justifica: un Estado que sólo responde a los más necesitados. El resto de la población no pasa de ser un apartheid. Esta es la lógica que todo lo anima: desde las elecciones nacionales hasta los servicios más pedestres. Una lógica parcial que trabaja parcialmente para una parcialidad. “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Luces tenemos en algunos rincones, como “Brisas de Varadero”, pero moral ninguna.