• Caracas (Venezuela)

Antonio López Ortega

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Antonio López Ortega

Filcar 2015

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Toda crisis esconde muchas crisis, y la de la industria gráfica en Venezuela es una de las más agudas. Digamos que desde octubre de 2014 a la fecha, los signos de depresión se han agravado, sin que haya mediado ninguna respuesta. Ya era suficientemente notoria la escasez de papel de periódico, al menos desde febrero, reflejada tanto en la imposibilidad de importar como en la concentración de los inventarios por parte de una corporación pública. Pero si los periódicos y la libertad de prensa se coartaban, ¿qué decir de los pobres libros, acaso el último eslabón de la cadena? En estos últimos años de ahorcamiento cultural, los libros no han tenido ninguna preferencia ni bonificación ni trato. ¡Si hasta había funcionarios que preguntaban por qué una novela de Vargas Llosa no tenía “componentes nacionales”! No hay papel para imprimir, ni tintas, ni repuestos para las imprentas, ni planchas. Y, sin embargo, al menos tres ferias hechas con mucho esfuerzo –la merideña FILU, la carabobeña Filuc y el chacoense Festival de la Lectura– cumplieron sus propósitos en 2014 y se mantienen vivas pese a dificultades de todo orden. No deja de ser una extrañeza que se organicen ferias sin libros, pero eso habla de la necesidad de mantener el espacio edificante de la lectura contra todos los maleficios y condenas que lo rodean.

En meses recientes, para sumarse a la campaña por el libro y la lectura, la Universidad de Margarita (Unimar), con tres lustros de existencia y perseverancia académica, organiza la Filcar (Feria Internacional del Libro del Caribe), que abre sus puertas por seis días intensivos el próximo 27 de febrero. Una oferta programática diversa de foros, conferencias, mesas y firmas de libros; una muestra expositiva que abarca a más de veinte casas editoriales; un pabellón infantil  diseñado bajo convenio con el Banco del Libro; una serie de talleres sobre producción editorial, ilustración y periodismo de investigación; y una delegación de más de treinta autores nacionales, promete encender la fiesta del libro y mantenerla viva como quien recoge la antorcha que transfieren las otras ferias hermanas. No significa esto que las dificultades del sector libro desaparezcan de un día para otro, pero sí que el público lector sigue ávido de otro trato, de otra oferta, de otro tipo de políticas públicas en torno al libro. Venezuela se aísla del conocimiento sin ningún tipo de importación, Venezuela se empobrece con la caída de la edición local, Venezuela se borra con bibliotecas desactualizadas, Venezuela se extingue con autores que no pueden publicar. Pero al menos en las ferias mantenemos la discusión, el debate; levantamos diagnósticos y ofrecemos sugerencias; nos reencontramos con nuestros escritores y pensadores; formamos y guiamos a nuevos lectores; contagiamos a un público que desconoce la magia de la lectura.

Frente a la ausencia de la letra, el entusiasmo de quienes buscan la letra; frente a la caída de la oferta librera, la furia de quienes siguen buscando libros; frente al ostracismo y el conformismo, la hazaña de quienes nunca se conformarán con un mundo sin páginas; frente a los estantes vacíos, los estantes imaginados o deseados; frente a la ceguera que nos imponen, la vista que va más allá del horizonte. A estas revelaciones contribuirá la Filcar, junto con todas las otras ferias del país. Libro es sinónimo de libertad, y no hay libertad sin libros. La fiesta librera regresa para que los lectores sigan aspirando siempre a más.