• Caracas (Venezuela)

Antonio Ledezma

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Antonio Ledezma

No mejora el enfermo

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Todavía retumba la crítica contundente que hizo el entonces presidente electo de la República al referirse a la “alarmante” burocracia que, según su criterio, era necesario trasquilar porque de acuerdo a sus propias palabras “un total de 16 ministerios era demasiado”.

Transcurría el mes de enero de 1999,  y ya se preparaba la máquina podadora que se encargaría de reducir el “gigantismo del aparato burocrático del estado”. Después de 15 años, tenemos entonces que la burocracia terminó tragándose a la máquina que iba a comprimir su tamaño, porque ahora existen 36 ministerios y más de un centenar de viceministerios. Esta  ha sido la nota predominante en el actual modelo de gerencia administrativa del régimen.

Estamos en presencia de un auténtico desaguadero de los recursos públicos, además del enredo que genera ese minestrón de oficinas públicas con un elenco de enchufados que son rotados de un lado para otro, sin que se les retribuya a los ciudadanos y al país,  el dineral que se dispone para cubrir el pasivo laboral que  todo eso acarrea.

Se trata de una colosal fortuna en bolívares,  que más bien ha debido utilizarse para fortalecer al funcionariado con carrera administrativa, o para mejorar las remuneraciones de miles de trabajadores que llevan años fajados cumpliendo una labor eficiente, especialmente los educadores, enfermeras y médicos adscritos a las dependencias públicas.  

Acaban de anunciar otra “renovación ministerial” con el mismo preámbulo que tiene como expectativa que todo va a cambiar. “Ahora sí es verdad”, exclaman en el círculo madurista, haciéndole coro a sus estrambóticos anuncios de transformación de su ineficiente gabinete administrativo. Pero ya ese cuento lo hemos escuchado otras veces, y  en tal sentido,  existe la plena seguridad de que todo seguirá  igual,  porque en la realidad no se cambiará lo que necesariamente debería modificarse.

De ninguna manera se puede pensar  que por arte de magia aparezcan la comida y medicinas  desaparecidas.  Debe admitirse que las colas no son fantasmagóricas, sino una  cruel realidad de la situación de crisis general que padece el país. Lo primero que habría que cambiar es el modelo fracasado que nos han querido imponer en sus distintas versiones.

La más reciente se conoce como Plan de la Patria. Pues ahí tienen los resultados: una inflación galopante, un desabastecimiento de productos básicos, una inseguridad que se lleva por delante la vida de gente inocente, una dependencia cada día más acentuada de las importaciones, una deuda externa que ha comprometido el futuro de las nuevas generaciones y una moneda que más devaluada no podía estar como ocurre en la hora actual. Y no hablemos de la corrupción que nos presenta la gran paradoja de jóvenes profesionales que ni podrían soñar en comprar una vivienda, aunque se “saquen el premio gordo de la lotería”, mientras que muchachitos veinteañeros hacen fortunas en dólares aprovechándose de las redes que operaron en Cadivi.

¿Cómo pretenden que mejore el enfermo con la misma medicina? Con inseguridad jurídica, sin políticas económicas y sociales definidas que apunten a generar crecimiento económico y desarrollo humano, olvídense de que el país retomará la senda del progreso. Vamos, lamentablemente, de mal en peor, esa es la tragedia que no se va a detener, simplemente maquillando un gabinete de ministros donde Maduro continuará aplicando las recetas que le imponen desde Cuba.

@alcaldeledezma