• Caracas (Venezuela)

Antonio Ledezma

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Antonio Ledezma

¡Qué fácil es destruir!

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Recuerdo los desvelos de dos gobernadores de mi tierra natal, San Juan de los Morros, Ricardo Montilla y José Díaz Milano, para proteger nuestros recursos naturales. A Montilla le adjudicaron el remoquete de “30-30”, cifra equivalente a las medidas de arresto que ordenaba aplicarles a los que cometieran faltas contra un árbol. Como si se tratara de una mismísima persona, así sentía la flora, la fauna y la riqueza hídrica del Guárico ese inolvidable defensor de la naturaleza.

A Díaz Milano lo evoco estimulándonos, a los estudiantes, para que acudiéramos a sembrar árboles al cerro Pariapán. Soñaba con que creciera allí un bosque que le diera sombra al pueblo. Me impactó muchísimo ver a Díaz Milano profundamente conmovido cuando una vez prendieron fuego a la loma y la llamarada devastaba decenas de miles de géneros que habían crecido en esa espesa vegetación.

En ese momento supe lo que había costado abrir los surcos, colocar las semillas, esperar con paciencia que ascendieran los árboles, y, de repente, un tremendista pirómano acaba con todo en un santiamén. Es como el que pinta un cuadro, vuelca en el lienzo toda su imaginación, para luego contemplar su arte y su esfuerzo de años de formación y que se aparezca un intrépido, cuchillo en mano, y haga añicos esa pintura.

En conclusión, qué fácil es destruir lo que con tanto esfuerzo, constancia, perseverancia, sacrificio y trabajo ha costado construir, para que, de golpe y porrazo, alguien en nombre de lo que se le ocurra lo pulverice. Es el caso concreto de nuestra capacidad de producción agropecuaria. Ciertamente no éramos productores autárquicos, no es fácil lograr ese escenario de autoabastecernos de todo, pero sí habíamos desarrollado unas empresas ganaderas de doble propósito, para distribuir carne y leche en el mercado nacional, como fue suficiente la producción de arroz y café, por muchos años, para abastecer la demanda interna y quedaba hasta para exportar.

¿Qué pasó? Que llegaron unos gobernantes en nombre de una “revolución” y expropiaron, confiscaron o invadieron fincas o empresas agrícolas pequeñas, medianas y muy grandes –como las del Zulia y Barinas– que ahora se encuentran en un deplorable estado. En pocos meses liquidaron el esfuerzo y las ilusiones de miles de trabajadores del campo, y además trajeron como consecuencia esta escasez de alimentos que solo puede resolverse produciendo lo que necesitamos consumir, lo esencial, lo que estemos en capacidad de sembrar y cosechar abundantemente.

La historia de Agroisleña –desmantelada absurdamente– quedará como una insignia que nos permitirá recordar lo que somos capaces de edificar con tenacidad los venezolanos, junto con esos laboriosos inmigrantes que se acercaron a nuestra tierra para diseminar su amor de patria ausente sobre la que adoptaron como propia.

@alcaldeledezma