• Caracas (Venezuela)

Antonio Ledezma

Al instante

Antonio Ledezma

Zapata

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Pedro León Zapata fue un venezolano excepcional. Uno de esos hijos de un país que le dan brillo al gentilicio. Su talento fue desbordante y se ponía  de manifiesto todos los días en el diario El Nacional en cada caricatura desde donde pintaba y narraba, en geniales trazos y pocas letras, la  triste y dura realidad del país.

Dibujaba las dificultades y las esperanzas, describía con humor la manera de ser de los venezolanos, a través de un oficio tan serio como el de humorista. Fue un artista plástico que jamás perdió la inspiración que lo motivó a desarrollar sus condiciones naturales y encauzar su probada vocación. Se forjó a fuerza de trabajo, se abrió camino desafiando adversidades y supo escalar por los peldaños hacia la fama, usando sus méritos como escalera.

Fuera de Venezuela buscó las mejores escuelas para acumular conocimientos, con la idea fija de no perder el vínculo con el país de sus desvelos. Practicaba la cultura y opinaba con criterio político, sin esquivar la controversia que se derivaría de sus posiciones. Sabía que tenía una responsabilidad con Venezuela, que lo peor era aislarse, como el que “frescamente” se lava las manos a lo Poncio Pilatos. Era crítico con los gobiernos que, según su ingenio, merecían ser cuestionados, y en cada caricatura se plasmaba una teoría política o un ensayo económico. El pueblo era representado en sus papeles para que ese mismo pueblo terminara riéndose de los problemas que satíricamente describía en una sola lámina.

Jamás olvidaré su deseo de dejarle a Caracas su arte expuesto en un costado de la ciudad. Esta aspiración se concretó con el diseño y ejecución del mural Los Conductores de Venezuela, ubicado en los predios de la Universidad Central de Venezuela. Fueron meses de trabajo, hasta que en 1999 se develó esa gran obra artística que diariamente seguiremos viendo al transitar por la autopista Francisco Fajardo en cualquier sentido. Zapata quería democratizar y popularizar su arte, que sus pinturas, retratos y murales salieran a la calle para que cada ciudadano sintiera que también tenía una escultura del maestro en un rincón de su casa o un cuadrito en la pared de su vivienda. Zapata se convirtió en una escuela, en un paradigma, en una manera de ser de los venezolanos.

Por eso lo veremos reproducirse en los inteligentes caricaturistas que surgen en medio del totalitarismo que pretendió arrebatarle sus pinceles, herramientas que defendió con coraje y pundonor. Zapata nunca se rindió, aun convaleciente siguió narrándonos los dramas de un país y de un pueblo que encontró en su arte una manera de hablar, de quejarse, de protestar, pero también de seguir animado a buscar salidas a esta espantosa crisis que anticipadamente denunció en sus magistrales caricaturas, que no supo tolerar un régimen que hoy sucumbe a sus propias arbitrariedades.