• Caracas (Venezuela)

Antonio Ledezma

Al instante

Paralizado, rápido y lento

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Venezuela y su pueblo están metidos en un berenjenal. La crisis es tremebunda. Es inocultable. Avanza rapidísimo, a velocidad de rayo y estamos a las puertas de una hiperinflación. El déficit fiscal tiene patología de endemia, es recurrente, persiste y los operadores del gobierno aplican remedios perniciosos como la monetización, apoyándose en “la imprenta” instalada en el malogrado Banco Central de Venezuela, de donde salen camionadas de billetes inorgánicos.

Ante la devaluación, la inflación, la escasez y una economía estancada, la gente busca atajos y trata de comprar dólares a cualquier precio, o invertir en bienes, mientras que el costo de la vida “se traga de un solo viaje” los salarios depauperados que recibe la ciudadanía. Esa es la patética realidad. Frente a esto, tenemos un gobierno paralizado y limitado solo a ver cómo reestructura la deuda y asume el costo del servicio. No hay alimentos ni medicamentos. Lo poco que hay está en la cima de un ciclón alcista. Pero hay una élite corrompida que sabe corromper y sigue acaudalando fortunas, porque es la única que saca beneficios de esta desgracia.

Maduro dejó ver la naturaleza de su liderazgo con el pésimo desempeño que ha tenido en estos meses en los que la crisis lo arrincona. No se atreve a tomar decisiones porque está atrapado por un modelo inviable que lo somete, cual camisa de fuerza. Por más que grite durísimo, para decirles a sus correligionarios que él es el líder, eso no basta, menos para la amplia audiencia nacional que lo tiene medido por sus resultados, mas no por su ardor de serlo.

Maduro no ha sabido siquiera alentar a la gente en medio de su insistencia manifiesta y dolosa de negar la realidad que sufre el país. Por eso, desde su más reciente alocución, se agudizó el desasosiego, el paladar está cundido de desazón. Lo divisé clarito el pasado fin de semana estando en los barrios de Antímano y La Vega. La esperanza está por el suelo, la gente intuye que el proyecto que se les exhibió hace 22 años no representa ya sus ilusiones, pero, además, perdió la conexión sentimental, porque aquel seductor proyecto de país terminó desbaratado en la demagogia cuartelaria y, en vez de soluciones, lo que ve la gente es el agravamiento de sus problemas.

Hay más injusticia social, porque hay más hambre, más partos de niñas, cuyas criaturas son devoradas por la violencia en sus diferentes manifestaciones. Un día es la droga, otro día es el balazo. Las mejores oportunidades de educación y de salud terminaron en vestigios irritantes en el ánimo de una gente que sabe que hay bolívares y dólares a montones, pero que esos dineros no les llegan, porque se los roban, lo malbaratan o lo regalan. Ante este panorama: una crisis que avanza rápido y un régimen paralizado, lo peor es que la oposición se muestre lenta. Por eso hay que terminar de presentarles al país y a los venezolanos la alternativa con las soluciones básicas, cuyas líneas fundamentales ya están bosquejadas, y para lo cual necesitamos de una amplia base de apoyo nacional.  

@alcaldeledezma