• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Antonio Ecarri Bolívar

La vesania del régimen contra los presos políticos

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Fui muy amigo de Salom Meza Espinoza, un hombre de una sola pieza, quien fue uno de los presos políticos más salvajemente torturados por el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. La prisión y torturas a Salom, quien jamás fue doblegado, fueron de tal magnitud que Miguel Otero Silva lo inmortalizó al convertirlo, junto a Luis Miquilena y otros tres presos del régimen, en uno de los personajes de su novela La muerte de Honorio.

La referencia al inolvidable amigo y compañero Salom, es porque también él fue preso de un gobierno democrático, el de Carlos Andrés Pérez, al haber sido acusado de estar implicado en el secuestro del industrial William Niehous. Al salir en libertad, sus amigos le tributamos un pequeño homenaje en Valencia y por curiosidad le pregunté si no le desgarraba el alma haber sido encarcelado por un régimen democrático que él había ayudado, con tantos sacrificios, a construir. Con la nobleza que lo caracterizaba me respondió, palabras más o menos, lo siguiente: “Mira, Antonio, me duele en el alma que excompañeros de partido me hayan encarcelado, pero no me arrepiento de haber luchado por conquistar este sistema de libertades, porque durante mi prisión sentí lo antagónica y diametralmente opuesto a lo sufrido por mí en la dictadura. La democracia trata a sus presos, con la excepción de algún estúpido desalmado que confirma la regla, como seres humanos”.

Recordé la noble afirmación de Salom Meza Espinoza cuando leí, atónito y perplejo, que a los presos políticos que están injustamente retenidos en Ramo Verde sus guardias les habían lanzado excrementos dentro de los calabozos. A este gobierno lo he adversado sin dobleces, pero jamás llegué a pensar que a un venezolano, por más que estuviese prevalido de poder y enseñoreado en el gobierno, se le fuese a ocurrir ser tan redomadamente cobarde como para vejar de esa manera a otro compatriota privado de libertad. Entonces, me he llegado a preguntar si será verdad lo que se comenta en medios castrenses: que la sumisión de estos militares venezolanos, custodios de las cárceles, con los cubanos es de tal magnitud que aceptan tan rastreros consejos para minar la voluntad de nuestros presos. Es de creer, porque la historia de horror de las cárceles cubanas solo se emparenta con las de nuestras dictaduras del siglo pasado o con las cárceles soviéticas y sus “gulags” que nos narraba Alexander Solzhenitsyn.

Los presos políticos no pueden existir en democracia, eso es de Perogrullo, pero los seres humanos que estamos en la lucha política sabemos que estamos expuestos a esa contingencia y quienes hoy están en el gobierno deberían saber que la política es una noria en movimiento permanente y los que hoy están encumbrados en el poder, en cualquier vuelta de chipola pueden pasar a la oposición y encontrarse no con demócratas, sino con algún Pinochet de los que en América Latina siempre están al acecho, como ave de presa, para instaurar una tiranía, y tendrán entonces el camino de la retaliación y la venganza expedito, por la estupidez de quienes hoy se creen eternos con el “mandoble” y cometen estos desafueros como nefasto precedente.    

El espectáculo de presenciar cómo los hijos menores de Leopoldo López, unas imberbes criaturas, ven y oyen esas vejaciones contra su padre y las esposas de Enzo Scarano, Salvatore Lucchesse o Daniel Ceballos son maltratadas por unos carceleros desalmados, me lleva a la conclusión de que la rabia acumulada por la impotencia frente a esta vesania, contra nuestros presos, debe tener el fin muy cercano; y lejos, muy lejos de amilanarnos, debe servir como acicate para continuar la lucha, todos juntos, por salir de esta pesadilla. ¡Llueve y escampa!