• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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La socialdemocracia en la universidad

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Cuando los integrantes del Diplomado de Ciencias Políticas de la Universidad de Carabobo, del Núcleo La Morita en Maracay, me invitaron a debatir sobre la socialdemocracia no dudé un instante en aceptar, más aún cuando supe que quien me había antecedido, la semana anterior, había sido mi dilecto amigo Eduardo Fernández, quien disertó sobre la democracia cristiana.

Eduardo es un hombre de Estado que quedó liberado de ataduras partidistas por un agravio recibido desde la mediocridad de un cogollo que jamás tendrá su nivel, pero que no podrá subsistir por mucho más tiempo. Es que no se puede hacer pipí contra el viento de la historia. Hay Eduardo para rato.

En Maracay disfruté muchísimo, porque me reencontré con mi universidad autónoma, democrática, abierta al debate de las ideas de manera civilizada y, sobre todo, con los estudiantes que son la savia más pura de toda nuestra sociedad, la que se resiste al totalitarismo, al pensamiento único y también a su correlato opuesto: el neoliberalismo que quiere privilegiar el individualismo frente a lo colectivo y lo público.

Esa destacada representación de la intelectualidad nacional crítica estuvo de acuerdo conmigo cuando les cité a Eduard Bernstein, quien, como buen socialdemócrata, siempre se opuso a la tergiversación de la historia: “Quien relata falsas leyendas al pueblo y –sea deliberadamente o por ignorancia– lo engaña con ditirambos históricos, es tan culpable como el geógrafo que traza mapas equivocados para el navegante”. Y la historia vino a cuento porque hicimos un recorrido imaginario por la evolución de la socialdemocracia, desde sus orígenes remotos: el Programa de Gotha y su feroz crítica por parte de Carlos Marx, hasta los tiempos modernos, con las tergiversaciones de la tercera vía, pero también los éxitos de ejemplos como los escandinavos, a la cabeza de los países de mayor y mejor calidad de vida del mundo, quienes sin despreciar la justicia social y el estado de bienestar lo hicieron compatible con la sociedad de mercado.

Obviamente que no podíamos quedarnos en ese recorrido imaginario allende nuestras fronteras y volvimos la vista hacia adentro, sobre lo que ha ocurrido en la historia de nuestro país y las actuales dificultades producto de un gobierno que se ha comido la flecha de la orientación que los socialdemócratas le habíamos imprimido a este país. Es que dicho con palabras del eminente pensador socialdemócrata inglés Tony Judt: “Los socialdemócratas suelen ser modestos –una cualidad política cuyas virtudes se han sobrevalorado–. Tenemos que disculparnos un poco menos por los errores pasados y hablar con más firmeza de los logros. Que estos siempre fueran incompletos no debería preocuparnos. Si no hemos aprendido otra cosa del siglo XX, al menos deberíamos haber comprendido que cuanto más perfecta es la respuesta, más espantosas son sus consecuencias”.

Les hablé de los grandes logros de la socialdemocracia venezolana: la política de sustitución de importaciones que industrializó a Venezuela, la nacionalización del hierro y del petróleo, la meritocracia que convirtió a Pdvsa en una de las empresas más competitivas del mundo; la masificación de una educación gratuita que permitió a los hijos de obreros y campesinos subir de nivel social y constituir la clase media más grande de América Latina. Una infraestructura de carreteras, hospitales, escuelas, liceos y universidades envidiable en el mundo moderno. Y todo ello en peligro de extinción, a pesar de haberle  ingresado a Venezuela, en estos últimos 16 años, lo equivalente a unos quince planes Marshall con que se reconstruyó toda Europa después de la Segunda Guerra Mundial.  La socialdemocracia está en la universidad y en la calle para comparar... ¡Si pueden! We will come back.

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB