• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

Al instante

¿Cuándo comenzará la rectificación?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La política de sustitución de importaciones diseñada por el gobierno de Rómulo Betancourt, a partir de 1959, aunque llegó tarde, se mantuvo durante 30 años y trajo consigo la estabilidad monetaria, el incentivo de la iniciativa privada, con su natural consecuencia de hacer crecer la industria manufacturera; mientras los gobiernos planificaban las finanzas públicas con un presupuesto fiscal equilibrado. En esos 30 años los venezolanos no supimos lo que era la inflación: todos recordamos, para poner un ejemplo inolvidable, que la Pepsi-Cola nos costaba medio (25 céntimos, lo que sería hoy 0,00025 bolívares fuertes) durante todo el transcurso de ese período de tiempo.   

Desde aquella remota fecha de 1959, todos los gobiernos democráticos mantuvieron una política exterior coherente que nos insertó en los escenarios internacionales, logrando una respetabilidad sin precedentes que nos colocaba como uno de los países líderes de América Latina. Nos incorporamos a la concertación de naciones que suscribieron el Tratado de Montevideo, entrando como socio principalísimo de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc, hoy Aladi), para luego engrosar el Pacto Andino, donde teníamos ventajas comparativas que este régimen abortó para llevarnos a integrar un Mercosur donde no tenemos ninguna de aquellas ventajas. En la misma época, de los años setenta, integramos con México y Colombia el Grupo de los Tres que nos solidificó como una referencia política y económica de primer orden en Centroamérica y el Caribe. También era notoria y significativa nuestra presencia en la Unctad, el Bloque de Países No Alineados y en el Grupo de los 77. Esta participación internacional nos impulsó a la producción de bienes y servicios en concertación con el sector privado, logrando no solo el abastecimiento de Venezuela, sino también el mejoramiento ostensible de nuestra capacidad exportadora de bienes y servicios, evitando así la excesiva dependencia del petróleo.  

A partir de 1989, ya era hora, se entendió que el sistema de sustitución de importaciones lucía agotado y era menester diseñar otra estrategia económica, tendente a exigirles a las empresas privadas un mayor compromiso para mejorar la calidad de sus productos y podernos insertar en el mercado global, con sus exigencias de excelencia para la competitividad. Muchas empresas lo entendieron y comenzaron un proceso denominado de “Reconversión Industrial” con su correlato de “Calidad Total” (TQM por sus siglas en inglés que significan Total Quality Management, popularizada en la época de los sesenta en Japón por el famosos Edward Deming) para desarrollar industrias aguas abajo con mayor valor agregado y capacidad de exportación.

Claro, pero llegó “la revolución” y mandó a parar. Comenzaron expropiaciones, acoso al capital privado, derroche de la más grande masa monetaria jamás soñada por ningún gobierno anterior y, hete aquí, que en vez de planificar el desarrollo con holgura, regalaron nuestro futuro con locura. Ahora estamos padeciendo las consecuencias de unos irresponsables que han acabado con todas aquellas expectativas positivas. Sí, cuando éramos felices y no parecíamos darnos cuenta.

¿Cuánto tiempo nos costará recuperar aquel otro país de gente sensata y responsable en el gobernalle de la nave del Estado? No lo sé, pero debemos comenzar muy pronto a rectificar y entre casi todos ¡antes de que sea demasiado tarde! Hasta Cuba rectifica, entonces… urge un gobierno de salvación nacional.

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB