• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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El cinismo como política de Estado

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Si usted llegara a dudar de la aseveración del título de este escrito, observe cómo cada vez que algún capitoste del régimen sale en defensa del statu quo enseguida pega el tufillo de un cinismo descarado y vergonzante. Sin embargo, como la definición de cinismo tiene varias acepciones, vamos a ver cada una de las que nos trae el famoso DRAE, y analicemos si este gobierno incurre en una o en todas ellas: “1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. 2. m. Impudencia, obscenidad descarada. 3. m. Doctrina de los cínicos (pertenecientes a la escuela de los discípulos de Sócrates). 4. m.  Afectación de desaseo y grosería”.

En relación con la primera acepción, no creo que nadie dude de la mentira utilizada con desvergüenza, defendiendo acciones vituperables, después de aquellos fatídicos días de abril de 2002, cuando las víctimas que cayeron, casi todas de la acera oposicionista, fueron convertidas por arte de birlibirloque en victimarios, y hasta construyeron un monumento a los caídos, desde el mismísimo sitio desde disparaban “las víctimas” y que toda Venezuela vio, por TV, desde Puente Llaguno.

En relación con la segunda, impudencia y obscenidad descarada, ocurre cuando este gobierno que dice representar a los trabajadores, produce, sin embargo, el proceso de desindustrialización más grande de la historia republicana. Allí, entonces incurren en descaro, que es lo mismo que impudencia, pero así mismo es obscenidad achacarle ese deterioro de la producción a una supuesta “guerra económica”, mientras desde el gobierno solo se protege a verdaderas mafias importadoras que auspician el cierre de cualquier empresa productiva nacional.

Con respecto a la Escuela de los Cínicos: ah, aquí sí hay una evidente contradicción abismal, pues la escuela filosófica de la época de Sócrates auspiciaba el desprecio de las riquezas y de cualquier forma de preocupación material; pues argüían que el hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz. En cambio, los camaradas que hoy nos gobiernan, los mismos que dicen emular al Che, en vez de andar en mulas por las montañas, se pasean por estas calles en los carros más lujosos y de último modelo que no pueden soñar sino los muy ricos, adoran las casas del “Lagunita Country Club” y viajan sin las limitaciones de divisas de los demás compatriotas.

El desaseo y la grosería como última de las acepciones del DRAE también les atañe, porque dígame usted si no es desaseado el condenar a un país como Venezuela –donde todas las clases sociales, desde el más humilde hasta el más encopetado anda bañado, limpio, aseado y oloroso a lavanda– a no conseguir jabón, ni colonia y ni siquiera desodorante. Se ha llegado al colmo del desaseo que ya están alquilando barras de desodorante para pasarse “untadas” de a 10 bolívares por “pase”.

Ah, y la grosería: es volver con el asqueroso regüeldo de cinismos a recordarnos que todo el desastre económico tiene mucho que ver con que Lorenzo Mendoza, desde la “Polar”, dizque está conspirando y saboteando la economía. Cuando resulta que el señor Mendoza y sus asociados han invertido en Venezuela, solo en el 2014, 7.200 millones de bolívares, dándole empleo a 30.000 venezolanos. ¿Nos quedamos cortos en los ejemplos? Claro, la limitación de espacio nos lo exige y ameritaría un texto más extenso que los 73 libros de la Biblia católica.  

Mientras tanto, lo mencionado, si no es cinismo como política de Estado… ya ustedes me dirán…

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB