• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Zapatero: ¿Y Cuál… y cuál polarización?

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Me parece necesario comenzar por manifestar nuestra convicción de que la gestión de los ex Presidentes mediadores –José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández – es pertinente, porque viene avalada no solo por Unasur y el muy mal visto (por la oposición venezolana) Ernesto Samper; sino porque ha recibido, igualmente, el respaldo inobjetable de los países de la OEA que han estado al lado de la posición de la alternativa democrática venezolana de auspiciar la activación de la Carta Democrática y se refuerza, su actividad ahora, con la inclusión inobjetable de la Santa Sede en estos afanes conciliatorios.

Los adecos no demonizamos a nadie de buena fe que quiera venir a coadyuvar a la búsqueda de un diálogo dificultado por la posición absurda de un régimen que quiere utilizarlo para extender, ad infinitum, el preaviso que le ha notificado el pueblo soberano. En consecuencia, no arremetemos contra la figura de los mediadores, porque sabemos que no son jueces ni se pueden convertir, aunque lo deseen, en árbitros arbitradores o de Derecho, pues esa no es su función ni nadie se los consentiría.

Sin embargo, nos parece que uno de ellos ha tocado temas con algunas imprecisiones y eso no ayuda a su misión mediadora. Obviamente, me refiero al señor Rodríguez Zapatero, quien se ha prodigado en declaraciones a los medios de comunicación venezolanos y quien es conspicuo líder de nuestro partido hermano el PSOE. Por esto último, nos atrevemos hacerle algunas recomendaciones por conocer, un poquito más que él, el ambiente donde espera desenvolver su gestión. Veamos.

Aclarado el punto de la importancia que damos a estas gestiones desde el punto de vista subjetivo –diría un marxista- pasemos a ver su pertinencia desde el punto de vista objetivo: necesitamos dialogar no solo porque hasta los más enconados adversarios de una guerra lo hacen, sino porque la crisis económica y social de Venezuela está en ebullición y si no hay diálogo habrá violencia. Eso nadie, en su sano juicio, lo puede desear. Aunque lo referente al amigo Zapatero viene a continuación.

A José Luis, a quien nos atrevemos tutear por la vieja relación socialdemócrata que nos acerca, no le vamos a pasar factura por actuaciones pasadas a favor del gobierno de Chávez y su menosprecio por la oposición venezolana  – en especial con Acción Democrática –cuando  era Jefe de Estado en España y tenía como Canciller a Moratinos, también como embajador aquí al inefable señor Raúl Morodo Leoncio, cuyas sospechas de relaciones crematísticas indebidas, de él y su hijo, con el régimen actual aún están siendo investigadas. Zapatero actuaba, entonces, como estadista y no como político de ocasión y eso lo podemos entender. No así el enriquecimiento indebido del hijo de Morodo en Venezuela, of course.          

 Ahora bien, lo que no podemos entender del ex presidente español es su actitud dubitativa frente al referendum revocatorio del mandato del Presidente Maduro. Estimo que ese tema lo pudo haber despachado, más diplomáticamente, diciendo que no forma parte del diálogo porque es indiscutible, al tratarse de un derecho constitucional ya activado por el soberano y que, paralelamente, debe permitirse su ejercicio sin tácticas dilatorias que lo hagan nugatorio.

Ah, otra cosa fundamental que le sugerimos a Rodríguez Zapatero es que no siga hablando de polarización en Venezuela,  porque ésta presume el enfrentamiento de dos partes que representen, más o menos, el mismo respaldo societal y éste no es el caso. Pero no me creas a mí, Zapatero, revisa algunas, qué digo algunas, todas las encuestas de opinión que constatan el hecho indubitable de una amplísima mayoría de venezolanos, cercana al 80%, que desea un cambio de gobierno aquí y ahora, lo que obviamente incluye a buena parte del antiguo chavismo. Entonces, no hay polarización, sino un gobierno minoritario que no tiene derecho a llevar al despeñadero a más de 30 millones de compatriotas.  Si entiendes eso nos tranquilizará tu mediación y aprovecharemos para romper, entre compañeros, viejas facturas.

No creemos que sea mucho exigir, pues éste simple requerimiento no le hace coro a quienes cuestionan, totalmente, tu participación en el esfuerzo que reconocemos de sentar a dos partes desiguales en una mesa de negociación. En fin, es tan solo esto lo que entregamos a un viejo compañero: una sugerencia realista y la aspiración a que cumpla una vieja reciprocidad insoluta. Más nada, y a continuar, como dicen en tu tierra de Castilla La Mancha,… ¡dándole erre con erre! O, de lo contrario, como también dicen allá: aprovecharíamos que el Pisuerga pasa por Valladolid y nos dedicamos a otra cosa, macho.             

aecarrib@gmail.com

@EcarriB