• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Antonio Ecarri Bolívar

Surrealismo en dos frentes

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Cuando surgió, en la segunda década del siglo pasado, el movimiento dadaísta en París y se publicó el Primer Manifiesto Surrealista que, comenzando por la literatura, impregnó todas las demás manifestaciones artísticas, nunca imaginaron Breton, Dalí, Picasso o Buñuel que casi un siglo después serían recordados por mi amigo y compañero de luchas de siempre Julio Castillo Sagarzazu, por su consabida cultura “francófila” y por emparentarlos, con su fina ironía, a personajes del cotarro político criollo. 

La semana pasada Julio nos llevaba a recordar las andanzas de los precursores del surrealismo cuando, en su artículo semanal, nos informaba cómo se parecía aquella corriente cultural a los antielectoralistas, “quienes nos llaman traidores porque pensamos que las elecciones es uno de los tantos escenarios necesarios para enfrentar el régimen y quieren, ahora, ir a elecciones y presentarse como candidatos. Bienvenida sea su reflexión, decía Julio, porque, aunque sea por carambola han llegado a la vía correcta”. Son también surrealistas, agregaba, “aquella facción que se arropa con las banderas de las primarias, como si hubiera alguien enfrente que se estuviera aferrando a la bandera del consenso”.

Ciertamente, los dos métodos han sido incorporados en el reglamento que obliga a todos los miembros de la MUD. ¡Ah! pero hay quienes esperan a la vera de la orilla del río, como el caimán de tío Simón, que los escojamos como candidatos para, dándole vuelta a la manivela de su dialéctica, empezar a hablar maravillas de la MUD, del consenso o de primarias, siempre que sean ellos, en cualquiera de los casos, las cabezas de lista o circuito de una alianza perfecta. Ciertamente, parecieran panas de Guillaume Apollinaire.       

Ahora bien, quien más nos recuerda a Breton y demás seguidores suyos es un personaje que se une a los mencionados por Julio y quien lidera un partido político que, según las más reconocidas encuestas de opinión, queda confundido en el renglón “no sabe/no contesta”. Ahora bien, este es, ¡asómbrense!, el único que plantea la obligación de realizar elecciones primarias en todos los circuitos y en todas las listas, de todos los partidos integrantes de la MUD, para luego poder enfrentar a los candidatos del gobierno.

El único respaldo a esa posición es, también para coger palco, el de un personaje que habiendo ocupado todos los cargos conocidos y por conocer en la administración pública y en cuerpos deliberantes, en nuestras latitudes carabobeñas, nunca jamás fue escogido, ni siquiera como en la época de las Cívicas Bolivarianas, en elecciones de tercer grado. La dupla anterior podría protagonizar el film El perro andaluz de Buñuel, sin duda alguna, con un elenco que integrarían los que quieren dirigir esos procesos electorales internos, en la oposición, para hacer “su agosto” cobrando millones. Cualquier parecido con la realidad sería una enorme coincidencia, pues recuerden que el surrealismo es “puro automatismo psíquico, a través del cual se expresa el mundo de los sueños y los fenómenos subconscientes”.

Ah, pero es que los del gobierno sí es verdad que abusan, porque hacen surrealismo casi a diario y para muestra un botón: Maduro anuncia la celebración en Venezuela de una “Conferencia mundial sobre la crisis del capitalismo”. ¿Invitará a sus panas el presidente chino o al ruso Putin para que le informen cuál es el sistema que entró en crisis, colapsó en el mundo entero y abandonaron por imposible de sostener? Aquí es donde la gata de Dalí se monta en la batea.

Aunque Julio Castillo, cuando le referí la necesidad de incluir a estos últimos personajes en su elenco surrealista, protestó mi audacia y me dijo que estos no pueden ser considerados surrealistas porque, por tropicales, se parecen más al realismo mágico macondiano. ¿Será entonces esta gente, Julio, personajes de la novela Ojos de perro azul del Gabo? Recuerda que este sugiere la existencia de “otra” realidad, menos previsible, en la que reina la fantasía, la extravagancia, cierto tipo de humor… negro, como el de Ramírez diciéndonos que triunfó su tesis en la OPEP. 

Caramba, ciertamente, ¿madurismo surrealista?... es como mucho camisón pa’ Petra.